A diez años de la polémica final entre Vélez y Huracán
La final bastarda
A propósito del curioso libro de los periodistas Pedro Fermanelli y Marcelo Benini sobre el partido que el equipo de Ricardo Gareca le ganó al de Angel Cappa en Liniers por la definición del Clausura 2009.
Carlos Araujo y Gastón Monzón recriminan a Gabriel Brazenas su arbitraje. Carlos Araujo y Gastón Monzón recriminan a Gabriel Brazenas su arbitraje. Carlos Araujo y Gastón Monzón recriminan a Gabriel Brazenas su arbitraje. Carlos Araujo y Gastón Monzón recriminan a Gabriel Brazenas su arbitraje. Carlos Araujo y Gastón Monzón recriminan a Gabriel Brazenas su arbitraje.
Carlos Araujo y Gastón Monzón recriminan a Gabriel Brazenas su arbitraje.  

Se cumplen diez años de un partido histórico: en la última fecha del Clausura 2009, el Huracán de Ángel Cappa visitaba al Vélez de Ricardo Gareca. Con un empate, era campeón. Pero los de Liniers, y más allá de las polémicas -que las hubo-, hicieron valer su poderío y regularidad, ganaron y se quedaron con el título. Los periodistas Pedro Fermanelli y Marcelo Benini recuerdan aquella tarde en La final bastarda, un libro que publicaron de manera autónoma y en el que cuentan con detalles lo que envolvió a esos 90 minutos. Como el hecho de que el árbitro Gabriel Brazenas no volvió a dirigir. Casi una década después lo encontraron. Hubo diálogo y también una invitación a pelear. “Ya saben dónde encontrarme”, les desafió el ex juez que convalidó el gol de Maxi Moralez a los 39 minutos del segundo tiempo del 5 de julio. Un segundo antes, el ex Huracán Joaquín Larrivey había chocado con el arquero Gastón Monzón, quien se quedó protestando la jugada, y Moralez aprovechó para convertir. Así, Vélez sumó así 40 puntos contra los 38 de Huracán y de Lanús.

El mismo Monzón, que cayó en el ostracismo, habló con Fermanelli y Benini. Al arquero aún le dura el encono por ese partido que se jugó en un Amalfitani repleto. La mayoría de los espectadores asistieron con barbijos debido a la amenaza de una epidemia de gripe. Incluso, unos cuantos espectáculos públicos habían sido suspendidos. Con historias jugosas, los autores invitan a una lectura placentera y abundante en datos: entrevistaron en los últimos tres años a los protagonistas y personajes secundarios y en algunos casos influyentes (más de 120 notas), buscaron archivos y analizaron situaciones. La final bastarda fue gestionada por ellos mismos y para adquirirlo se puede contactar a los autores a través del mail [email protected] . Una manera concreta de apoyar al buen periodismo independiente.

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En diálogo con Página 12, Fermanelli niega que el libro sea una reivindicación del juego de aquel Huracán de Cappa: “En todo caso lo reivindica el hecho de que dos personas nos hayamos puesto a investigar los detalles de aquella historia, porque convengamos que Huracán no es una fuente habitual de libros periodísticos, sobre todo si hablamos de libros no partidarios. Dicho esto, es bueno aclarar que no es una oda al Huracán de Cappa. Damos una mirada de cómo se generó aquel fenómeno, cuál fue su recorrido y cómo terminó, pero no a modo de homenaje. Las idealizaciones suelen atrofiar los sentidos. Para mi gusto, mucho más valiosos que los adjetivos rimbombantes son las descripciones, las escenas, los datos narrados y la reproducción de diálogos reales. Además, por suerte existe YouTube, que preserva cierta memoria audiovisual de aquella campaña y permite a cualquiera, desde una pantalla, disfrutar de lo que hacía aquel equipo en la cancha. ¡Y eso es más divertido que leer sobre la triangulación de Bolatti, Defederico y Pastore!”. Y agrega Benini: “Claramente no es un libro reivindicatorio de Cappa, a tal punto que su figura apenas atraviesa el relato. Lógicamente recordamos el armado y la campaña de aquel equipo, porque sería forzado omitir su significado para el fútbol argentino, pero nuestro objetivo fue otro. Simplemente buscamos responder qué ocurrió el 5 de julio de 2009 y terminamos conociendo la lógica perversa de un sistema que no tenía como eje la justicia deportiva”.

De las charlas con entrevistados, Benini recuerda un momento álgido: “Durante algunos meses mantuve contacto con Brazenas, pero después de un entredicho me invitó a pelear. No volví a hablar con él. Es una persona áspera, impresión ratificada por la mayoría de los entrevistados”. Y continúa Fermanelli: “El denominador común en las entrevistas que hicimos con Brazenas por separado fue cierta arrogancia, sobre todo cuando habla de que los periodistas somos todos vagos y sólo googleamos. A ver: no es que nosotros vayamos a hacer una defensa corporativa del gremio, pero en definitiva la expresión, que no tengo dudas fue una provocación pensada con anterioridad y ejecutada en esos dos momentos, causa el mismo efecto que si yo le dijera ‘ustedes los árbitros son todos delincuentes’. Y lo que demostramos es que se puede hacer periodismo sin necesidad de googlear”.

“Lo que todo el mundo quiere saber es si en aquel Vélez-Huracán el árbitro estaba puesto, como se dice en la jerga futbolera. Yo creo que el libro va mucho más allá. Si el libro fuera solamente eso, lo podríamos resumir en un tuit: ‘tal persona recibió de parte de tal otra un dinero para que ocurriera tal cosa’. Y nos sobrarían caracteres. Esto no es una noticia, sino un libro donde hay una historia grande, coral, con sus respectivas texturas y matices. Creo que ninguno de esos dos equipos se merecía una final así, porque, con su estilo, los dos jugaban muy bien”, resume Fermanelli, quien agrega: “Quedó opacada la definición porque dos miembros de la terna arbitral desnaturalizaron el partido”. “Creo que es un título viciado, por el desarrollo irregular que tuvo la final. Brazenas no debió dirigir esa final. Estaba impedido por no rendir la prueba física y porque técnicamente era un árbitro deficiente, que había sido parado más de diez veces en una carrera de apenas siete años. En ese contexto, lo que ocurrió terminó siendo previsible”, completa Benini.

Me costó volver a ver el partido y tuve que hacerlo casi diez años después, cuando escribimos este libro. Ahora que creo entender lo ocurrido, pude cerrar esa herida”, dice Benini desde su afecto por el Globo. Fermanelli, en cambio, aconseja: “Está bueno hacer el ejercicio de mirar ese partido de diferentes formas. Por ejemplo, sin volumen, para no contaminarse con la opinión de un tercero; con el audio de la transmisión oficial, con los comentarios de radios... Es increíble la cantidad de información nueva que surge cuando se hace ese ejercicio con semejante nivel de obsesión”.

 

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