Teatro Colón
El encuentro entre Martha Argerich y Zubin Mehta
 Junto a la Orquesta Filarmónica de Israel, la pianista y el director interpretaron el Concierto en La menor Op.54 de Robert Schumann. 
El de este sábado quedará entre los momentos inolvidables de esta temporada musical. El de este sábado quedará entre los momentos inolvidables de esta temporada musical. El de este sábado quedará entre los momentos inolvidables de esta temporada musical. El de este sábado quedará entre los momentos inolvidables de esta temporada musical. El de este sábado quedará entre los momentos inolvidables de esta temporada musical. 
El de este sábado quedará entre los momentos inolvidables de esta temporada musical.  
Imagen: Gentileza Arnaldo Colombaroli

El sábado, en el Teatro Colón, se produjo lo que por emotividad y dimensión artística seguramente quedará entre los momentos inolvidables de esta temporada y de los últimos años: el encuentro entre Martha Argerich y Zubin Mehta. Junto a la Orquesta Filarmónica de Israel, la pianista y el director interpretaron el Concierto en La menor Op.54 de Robert Schumann, obra que por la variedad de ideas, sus desarrollos, los contraste y las distintas formas de encuentro entre solista y orquesta, se ajusta maravillosamente bien al temperamento de dos artistas que a lo largo de sus carreras supieron dar lo mejor de sí a través del repertorio del Romanticismo musical.

A la plenitud artística del encuentro, que se pudo apreciar en todo el mundo a través de la transmisión por streamming que el Colón efectuó a través de su página Web, se sumó esa forma de perfección sentimental que suelen tener las cosas cuando suceden por última vez. El director indio, entre los más importantes de todos los tiempos, a fin de año colgará la batuta y esta es la última gira sudamericana al frente de la orquesta que dirige desde hace casi 58 años. Es posible pensar entonces que la pianista y el director no volverán a tocar juntos en el Colón, por lo que el concierto del sábado tuvo el peso inmenso de una despedida. Más que eso: fue el momento culminante de una tradición que antes de prolongarse en otros nombres dio una bella e implacable prueba de sapiencia y madurez, que a su vez llevan las marcas de los nombres que los precedieron. Argerich, Mehta y una orquesta formidable, en el marco propicio del Teatro Colón. Las tradiciones no se hacen en un día.

Después del inicio del programa con el Concertino para orquesta de cuerdas de Ödön Pártos, una obra de atractivos acentos bartokianos, Metha, apoyado en su bastón, regresó a escena, esta vez con Argerich. La sala explotó en un aplauso que los acompañó en la lenta marcha hasta sus puestos. Apenas un saludo, Mehta levanta la batuta, Argerich se acomoda la plateada melena y atacan. Todo se suspende, Schumann queda en las mejores manos que es posible imaginar un sábado a la noche en Buenos Aires.

Estrenado en 1846 por Clara Wieck, esposa de Schumann, el Concierto en La menor se convirtió enseguida en la avanzada de una nueva idea de relación entre solista y orquesta. Más que en las superficies del virtuosismo brillante, la partitura del compositor alemán indaga en la profundidad de los diálogos y en el color de las texturas complejas en busca de un lenguaje distinto y personal. Sobre esa idea, en el primer movimiento los intérpretes delinearon con precisión y belleza las articulaciones formales y emotivas de una charla equilibrada entre quienes además de tener mucho para decir, saben escucharse el uno al otro.

En el segundo movimiento el trabajo de Argerich fue descomunal, por sensibilidad y prestancia. Mehta secundó con la orquesta cada gesto de la pianista, que en el final resultó fulgurante. Fue una ejecución memorable, saludada por un aplauso que parecía interminable y que tuvo más Schumann como bis, con Argerich sola interpretando en primer número de Álbum para la juventud.

En la segunda parte, con la Sinfonía n°6 en Fa mayor Op.68 “Pastoral” de Ludwig Van Beethoven, la Filarmónica de Israel mostró el sonido que a lo largo de los años Metha le supo imprimir. Una marca personal que tiene que ver el color oscuro y cautivante de las orquestas de la tradición europea, con las cuerdas tersas, las maderas dulces y los bronces sin estridencias. Estilísticamente coherente como complemento de la primera parte del programa, la “Pastoral” tiene, además de la belleza melódica, una riqueza instrumental que pone en juego la participación de algunos solistas, por lo que resultó una buena oportunidad para apreciar la ductilidad y la belleza del sonido de una de las grandes orquestas de la actualidad en torno a una de las sinfonías más queridas.

Después del bis con la obertura de Las bodas de Fígaro de Mozart, un aplauso en el que seguramente se mezclaban los afectos del agradecimiento y el adiós, saludó por largos minutos a Mehta. Fue el final emotivo de un concierto que resultó ser un inmejorable comienzo para las actuaciones en el marco del “Ciclo Grandes Intérpretes”, que durarán hasta el martes y que con distintos programas completará la despedida del director. Un saludo junto a una gran orquesta y, el sábado pasado, con una gran solista. 

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