Racing despertó a tiempo de su sueño sobre los laureles del campeón, y consiguió un agónico empate 2-2 frente a Vélez. La remontada del equipo de Avellaneda premió su ímpetu del complemento, donde revirtió el trámite y emparejó el resultado ante el quedo del conjunto de Liniers, que protagonizó una gran primera etapa.

El local mostró el sello de Gabriel Heinze: presión alta, movilidad, utilización del ancho de la cancha. Con esas armas tomó el control del juego, porque predominaba en el mediocampo, y reducía el juego de la visita a replegarse en su propio campo. Así las cosas, en diez minutos Arias debió arriesgar dos veces su físico para cortar sendas llegadas del Fortín por vía aérea y desde los laterales. Pasaba que Pillud y Soto no contaban con la ayuda imprescindible para frenar los desbordes que poponían los tándem Guidara-Bouzat y Almada-Cufré.

Mientras sufría el trámite, la Academia ensayó un contragolpe vía Solari, que cruzó el envío a la otra franja. Al borde del área grande, Cristaldo se la bajó a Zaracho, que remató por arriba del travesaño. Fue una de las esporádicas llegadas que fabricaron los de Coudet, que coincidieron con  el cambio de aire que atravesaron los once de Heinze. Con las energías renovadas, Vélez creció hasta hacerse imparable. Cristaldo perdió la pelota en campo contrario, y el contragolpe a toda velocidad y a un toque se transformó en el merecido 1-0 marcado por Domínguez. Los errores en el retroceso de Racing, sumado a un medio campo con poca capacidad de marca y demasiado abierto entre sus componentes, le abrió las puertas al segundo tanto, con un desborde por izquierda y con Romero empujándola en el segundo palo.


Reaccionó la Academia en el complemento, con más ímpetu que juego. Llegó rápido al descuento, convertido por Nery Domínguez tras un cabezazo de Zaracho a la salida de un corner, y martilló continuamente sobre Hoyos, que evitó la igualdad sobre los 70 minutos con un manotazo desde el piso, pero que no llegó a tapar la arremetida de Pillud para poner el 2-2, usufructuando un gran pase profundo de Cvitanich.

La igualdad fue justa. Porque Vélez jugó en gran nivel la etapa inicial, aunque en la segunda bajó el rendimiento individual y colectivo, pagando tal vez el pecado de juventud de gastar toda la energía en un tiempo en lugar de graduar el esfuerzo. Y porque Racing tuvo actitud para que la intensidad y el despliegue equilibraran una noche opaca de sus individualidades.