Algunas personas usan su cuerpo como si fuera una bolsa de plástico desechable. Otros llevan su cuerpo como si se tratara de un jarrón chino de la dinastía Ming. Algunas personas no son consideradas ciudadanas porque sus piernas no pueden caminar. Algunas personas viven para transformar su cuerpo en el de Pamela Anderson. Otras viven para conseguir el cuerpo de Jean-Claude Van Damme. Y otras tienen dos chihuahas a los que llaman Pamela y Jean- Claude. Algunas personas llevan su cuerpo como si fuera un grueso abrigo de piel. Otras lo llevan como si fuera una combinación transparente. Algunas personas se visten para estar desnudas y otras se desnudan para permanecer vestidas. Algunas personas mueven sus caderas para vivir. Otras ni siquiera saben que tienen caderas. Algunas personas usan su cuerpo como una plaza pública. Otras se relacionan con él como si fuese el santo grial. Algunas personas entienden su cuerpo como una cuenta de ahorro. Otros como un río que corre. Algunas personas están encerradas dentro de su cuerpo como si se tratara de Alcatraz. Otras solo entienden la libertad como algo que el cuerpo puede llevar a cabo. Algunas personas sacuden las cabelleras al ritmo de una guitarra eléctrica. Otras experimentan sacudidas que surgen directamente de su sistema nervioso central. Algunas personas nunca se atreven a salir del repertorio gestual que aprendieron. A otras se les paga para experimentar con ese repertorio, pero solo dentro del ámbito del arte. Algunos cuerpos son socialmente utilizados como fuentes de placer, valor o conocimiento para otros. Otros absorben placer, valor y conocimiento. Algunas personas no son consideradas ciudadanos a causa del color de su piel. Algunas personas caminan sobre una cinta mecánica para mantenerse en forma. Otras caminan seiscientos kilómetros a pie para escapar de la guerra. Algunas personas no poseen su propio cuerpo. Otras creen que el cuerpo de los animales les pertenece. Que el cuerpo de los niños les pertenece. Que el cuerpo de las mujeres les pertenece. Que el cuerpo del proletariado les pertenece. Que los cuerpos no blancos les pertenecen. Algunas personas creen que poseen sus cuerpos como se posee un apartamento. Entre ellos, algunos se pasan el día haciendo obras y decorando. Otros cuidan de sus apartamentos como si se tratara de una reserva natural. Algunas personas creen que poseen su cuerpo como los vaqueros poseían un caballo. Lo montan, cabalgan, lo acarician o le pegan, le dan de beber y de comer, lo dejan descansar para dormir y lo vuelven a montar al día siguiente. No hablan con su cuerpo, del mismo modo que no hablarían con su caballo. Solo se sorprenden cuando se dan cuenta de que si muere su caballo ellos tampoco pueden seguir viviendo. Algunos servicios corporales pueden comprarse con dinero. Otros son considerados inalienables. Algunas personas sienten que su cuerpo está totalmente vacío. Otros experimentan su cuerpo como un armario repleto de órganos. Algunas personas usan su cuerpo como alta tecnología. Otras, como si se tratara de una herramienta prehistórica. Para algunas personas los órganos sexuales son orgánicos e inseparables de su propio cuerpo. Para otras, son múltiples e inorgánicos, y pueden cambiar de forma y de tamaño. Algunas personas hacen funcionar su cuerpo a base únicamente de glucosa, ya sea en forma de alcohol o de azúcar. Algunas personas aspiran tabaco mezclado con veneno directamente en sus pulmones. Otras hacen funcionar sus cuerpos sin azúcar, sin sal, sin alcohol, sin tabaco, sin gluten, sin lactosa, sin OGM, sin colesterol… Algunas personas se relacionan con su cuerpo como si fuera su esclavo. Otras, como si su cuerpo fuera su amo. Algunas personas no son considerados ciudadanos porque prefieren vivir con las convenciones sociales de la feminidad aunque su anatomía corporal haya sido identificada como masculina. Algunas personas lo hacen todo deprisa, pero nunca tienen tiempo para nada. Otras lo hacen todo lentamente, incluso pasan tiempo sin hacer nada de nada. Algunas personas no son consideradas ciudadanos porque sus ojos no pueden ver. Algunas personas toman los penes de otras en sus manos hasta hacerlos eyacular. Algunas personas meten los dedos en las bocas de otras y ponen pastas blancas en los agujeros de sus dientes. Las primeras son consideradas trabajadoras ilegales. Las segundas profesionales cualificados. Algunas personas no son consideradas ciudadanos porque prefieren obtener placer sexual con cuerpos cuyos órganos sexuales tienen formas similares a las suyas. Algunas personas manejan su sistema nervioso tomando ansiolíticos. Otras meditan. Algunas personas arrastran su cuerpo vivo como si se tratara de un cadáver. Algunos cuerpos son héteros pero se masturban solo con porno gay. Algunos cuerpos no son considerados ciudadanos porque tienen un cromosoma más o un cromosoma menos. Algunas personas aman sus cuerpos por encima de todas las cosas. Otras se avergüenzan de ellos. Algunas personas experimentan su cuerpo como una bomba de tiempo que no son capaces de parar. Otros lo disfrutan mientras lo consumen como si fuera un helado que se derrite poco a poco. Algunas personas llevan incorporados mecanismos que hacen que sus corazones latan solos. Otros llevan en su pecho un corazón que perteneció a otra persona. Otros llevan dentro, por un tiempo, otro cuerpo en proceso de crecimiento. ¿Es posible acaso seguir hablando de un único cuerpo humano?

 

Este texto de Paul B. Preciado pertenece al libro Un apartamento en Urano: Crónicas del cruce, que Anagrama acaba de distribuir estas semanas.