Daniel Dalmaroni y Santiago Doria
"La gente sufre y goza al mismo tiempo"
Comedia ubicada en 1969 en Buenos Aires, toma como disparador el mito sobre la filmación del alunizaje. Pone en primer plano los vínculos familiares y rinde homenajes al cine, al teatro y a la resistencia peronista. 
Dalmaroni escribió y Doria dirige la obra que va los lunes a las 20 en El Tinglado.Dalmaroni escribió y Doria dirige la obra que va los lunes a las 20 en El Tinglado.Dalmaroni escribió y Doria dirige la obra que va los lunes a las 20 en El Tinglado.Dalmaroni escribió y Doria dirige la obra que va los lunes a las 20 en El Tinglado.Dalmaroni escribió y Doria dirige la obra que va los lunes a las 20 en El Tinglado.
Dalmaroni escribió y Doria dirige la obra que va los lunes a las 20 en El Tinglado. 
Imagen: Sandra Cartasso

Daniel Dalmaroni lleva “ocho, diez años” trabajando sobre “mitos sociales y el peronismo”. “Tal vez sobre un peronismo al que llamo de entrecasa. Y tomo mitos bastante berretas y los expongo dramáticamente”, se define el autor en diálogo con Página/12. Una magnífica desolación es su última obra, que dirige Santiago Doria. Comedia ubicada en 1969 en Buenos Aires, toma como principal disparador el mito sobre la filmación del alunizaje y pone en primer plano los vínculos familiares. También tiene resonancias políticas y rinde múltiples homenajes. Actúan Patricia Echegoyen, Alfredo Castellani y Patricio Paz.
La “anécdota” es la siguiente: un astronauta argentino, que llegó a ser suplente de los titulares de la Apolo 11, regresa a su casa en el barrio de Barracas para “contarles a los padres que la misión es un fiasco, una mentira, que se filmó una película”, cuenta Dalmaroni. El joven regresa como testigo protegido. Conoce secretos de Estado que no puede revelar. “Como le hicieron una cirugía y le cambiaron la cara, al principio sus padres no lo reconocen. No deja de ser una obra que habla de una familia y de cómo los padres reaccionan frente a los mandatos que tienen hacia un hijo, y si él responde o no a esos mandatos”, detalla el dramaturgo, quien evita usar el término “disfuncional”, porque para él toda familia lo es.
Aparte del mito de que el alunizaje es una película de Stanley Kubrick, fueron otros los disparadores. “Por ejemplo, la luna ofrecida por Perón: se supone que un día dijo ‘si el pueblo argentino me hubiera pedido la luna también se la hubiera dado’. Está en la obra”, dice el escritor. “La muerte de Marilyn Monroe, sobre la que hay infinidad de teorías, también está. Después hay mitos más chiquitos. Sobre este tipo de cosas trabaja y partió la obra”, agrega. El espectáculo rinde homenaje al cine y al teatro, con referencias a figuras como Orson Welles y Arthur Miller.
“También es un homenaje a la resistencia peronista. Este padre de familia no deja de ser perteneciente a ella, aunque desde un lugar de lobo solitario, en el sentido de que no está organizado”, destaca Dalmaroni, que ha publicado Perón vive, compilado de cuatro obras unidas por el hilo conductor del movimiento político. “Siempre tiene actualidad el hecho de valorar a quienes pese a las adversidades deciden sostener un ideal. Los personajes mantienen vivo el nombre de Perón cuando está prohibido. Están en pleno onganiato. Cada vez que lo nombran tratan de que los vecinos no escuchen. Expreso mi admiración y valoración sobre esos hombres y mujeres que sostuvieron sus ideales más allá del peligro”, manifiesta el autor, quien también homenajea, con un anacronismo, a Dardo Cabo, el metalúrgico que en 1966 lideró el Operativo Cóndor en un avión de Aerolíneas Argentinas.
“El eje de la dirección son los vínculos”, aporta Doria. “La relación entre padres e hijos. Porque si bien la obra toma como punto de partida el mito de la filmación del alunizaje, también pone en primer plano cómo el padre ha puesto todo su ahínco en el hecho de que su hijo fuera astronauta y llegara a la luna por la promesa de Perón”, agrega el director, y hace hincapié en cómo las frustraciones de los padres terminan afectando a los hijos. Doria había trabajado en sus talleres con obras de Dalmaroni como Burkina Faso y hacía rato que quería dirigir algún texto suyo. Una magnífica… le pareció “muy original”, en cuanto a su “estructura, temática y reflexión”.
Una de las particularidades de este material, que se presenta los lunes a las 20 en El Tinglado (Mario Bravo 948), es que, en clave de comedia, vehiculiza “temas serios” y pone en el escenario a la política. “Yo lo hago mucho. Tal vez sea la forma que tengo para digerir los temas que más me interesan. En el teatro comercial, la comedia está muy valorada; en el independiente no. Para mí, hacer reír es mucho más complejo que hacer llorar o conmover por el lado de lo dramático. Todo eso mezclado hace que me resulte más cómodo. En el caso de Una magnífica desolación, es poca la gente que sale diciendo ‘solamente me divertí’”, reflexiona Dalmaroni. Hay otras obras de su autoría en la cartelera: una la dirige él mismo y se llama Un instante sin Dios. La otra es Cuando te mueras del todo, con dirección de Segio Fuda. “Al ver Una magnífica… la gente sufre y goza al mismo tiempo. El final estruja el estómago en cuanto a la reflexión que deja”, concluye Doria.

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