Opinión / El discurso de Macri bajo la mirada de un semiólogo
La arenga del candidato

El Presidente eligió una discursividad de campaña para anunciar las medidas de “alivio” que tomó luego de la convulsión política y económica que siguió a las PASO. No se dirigió a todos los argentinos, sino a los que le retiraron el voto: “Sepan que respeto profundamente a los argentinos que votaron otras alternativas, a los que votaron por nosotros en el 2015 y esta vez eligieron no acompañarnos”. Recortó a qué argentinos se refería, aunque podría intentar leerse en la frase que hablaba de todos los argentinos y ¿también, después, especialmente? a los que lo votaron en el 2015 y esta vez no. Sin embargo, al ir concluyendo, reiteró el recorte: “Quiero insistir que respeto profundamente la decisión de los argentinos que votándonos en el pasado, en esta elección no lo hicieron”.

Macri comenzó su breve y esta vez calmo discurso pidiendo disculpas por lo dicho en la conferencia de prensa del lunes. Pero inmediatamente después se justificó: estaba afectado, sin dormir y triste. La admisión de errores, pero “justificados”, se repitió: dijo haber priorizado “solucionar las cosas de fondo” por sobre asegurarles a los argentinos “llegar a fin de mes”, que lo hizo por su “formación de ingeniero”; aceptó que el proceso de cambio no “estuvo exento de errores, pero” que su intención “es siempre sana y verdadera”; reconoció que lo que le pidió a la población “fue como trepar el Aconcagua”, y que por eso entendió el resultado de la votación, pero acusó a ese resultado por “las consecuencias que tuvo en la economía”.

Otro aspecto significativo de su discurso es el permanente corrimiento de roles que ensaya. Macri indicó que él sabe que “como presidente” debe “cuidar la gobernabilidad”, sin embargo subraya sus pasiones personales que pueden alterarla, como durante la conferencia de prensa. Es el Presidente, debe gestionar, especialmente en situaciones de crisis, pero predomina en su discurso la idea de acompañar, no de solucionar (“medidas de alivio que tomamos para acompañarlos”, “voy a hacer lo imposible para seguir acompañándolos”). Les dice a los votantes: “los escuché”; pero inmediatamente después aclara que escuchó “lo que quisieron decirme”, es decir que los interpretó: que con el voto no habrían pedido un cambio de política sino un alivio al esfuerzo necesario para subsistir. Llamativamente señaló que “cuando arrancamos en el 2015 creyeron que iba a ser más fácil. Yo también lo creí”: él como uno más, uno más que creyó y no como el que prometió.

Por último, el Presidente se presenta con un discurso que ahora promete “priorizar aliviarles la vida en el día a día” a los ciudadanos, pero concluye con el pedido de un nuevo esfuerzo: “a no aflojar”; un “no aflojar” que prologa un cierre con un fraseo rítmico, con reiteraciones, de estructura capicúa (“vamos a salir, vamos a salir de esta como salimos muchas veces, como salimos muchas veces”) propio de una arenga de campaña y no de un discurso institucional como el que requieren estos días.

* José Luis Petris es semiólogo, investigador y docente.


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