La transición quedó herida pero se recupera de cara a diciembre
Los desacuerdos con el Frente y también adentro
Lifschitz se escuda en que la ley del Plan Abre que dinamitó la transición, partió del Senado con mayoría peronista. Perotti se mantiene en silencio a la espera de que el actual gobernador cumpla los acuerdos.
Cuando los senadores peronistas aprobaron la ampliación del Plan Abre, no estaba el hombre de Perotti, el senador Calvo.Cuando los senadores peronistas aprobaron la ampliación del Plan Abre, no estaba el hombre de Perotti, el senador Calvo.Cuando los senadores peronistas aprobaron la ampliación del Plan Abre, no estaba el hombre de Perotti, el senador Calvo.Cuando los senadores peronistas aprobaron la ampliación del Plan Abre, no estaba el hombre de Perotti, el senador Calvo.Cuando los senadores peronistas aprobaron la ampliación del Plan Abre, no estaba el hombre de Perotti, el senador Calvo.
Cuando los senadores peronistas aprobaron la ampliación del Plan Abre, no estaba el hombre de Perotti, el senador Calvo. 

La sanción definitiva de la ley que amplía el monto y la cantidad de localidades beneficiarias del Plan Abre -unos 3500 millones de pesos, información que había sido adelantada en esta misma columna el domingo pasado--; ha complicado la transición entre los gobiernos de Miguel Lifschitz y el que viene de Omar Perotti. Aunque algunos legisladores peronistas lo presentan como un hecho irreversible, al punto de anunciar "el fin de la transición", el silencio del gobernador electo permite pensar que, más allá de su enojo, no se trata de un punto final al vínculo, sino un cambio de conducta, que el rafaelino espera sea revisada por su predecesor que hasta ayer insistia en que "el diálogo es excelente" y "no hay ningún problema". En rigor, Lifschtiz se toma del origen de la ley sancionada para depositar sobre el peronismo la responsabilidad de afectar a futuro unos 15 mil millones que no estarán bajo su administración, sino de Perotti. En términos legislativos eso es así, pero políticamente la aprobación en Diputados abre otra puerta de conflicto latente en el seno de la futura administración. La aprobación en la comisión de presupuesto del Senado allá por finales de agosto se hizo en ausencia del principal referente del "perottismo" en la Cámara alta, el senador por Castellanos, Alcides Calvo, quien se encontraba en Medellín cuando su colega Armando Traferri se ocupó de apurar la iniciativa que fue votada por la totalidad del cuerpo. Con semejante votación resulta difícil de aceptar lo que se dice a viva voz alrededor de Perotti que "si estaba Calvo eso no salía, y nadie votaba como lo hicieron prácticamente a libro cerrado". Por esos días también fue que Traferri se autoexcluyó de la comisión que integraba junto a Roberto Mirabella, Rubén Michlig y Leandro Bussato, por el gobierno entrante aduciendo que "si hablan entre Perotti y Lifschitz no tiene sentido esta comisión". En realidad, el saliente y el entrante han hablado en más de una oportunidad, pero la última vez que lo hicieron fue para consolidar un par de puntos que según el PJ, no se cumplieron como asi tampoco la promesa de no dar a conocer ese ecuentro entre ambos mandatarios que Lifschitz relató con lujo de detalles. Uno de los temas era no imputar partidas a futuro, y con esta aprobación se calcula que además de obras y licitaciones se está llegando a una afectación de 8 mil millones, y el otro era no pasar a planta a personal político, y según los datos de esta semana, sólo en el area de energia se han dado algunas "incoporaciones" de relevancia, sostienen en el perottismo.

Frente a todo esto fue el diputado Busatto el más efusivo, en algún punto hasta sobreactuando. Más que nada porque no había sorpresa en el tratamiento, el diputado del Frente Progresista Rubén Galassi lo habia anticipado públicamente en los medios --incialente en este diario-- y adelantó los argumentos que dio luego en el recinto de que "la inciativa es del bloque peronista del Senado y fue aprobada por unanimidad", lo cual es cierto, pero según los peronistas es una versión incompleta de los hechos.

Si bien la ira se descarga sobre el Frente Progresista, la actitud de algunos senadores del PJ es la que se está siguiendo con atención.

Desde el Frente Progresista se sostuvo la sanción, entre otras cosas, porque el déficit de Rosario se achicaria considerablemente, y más aún si se aprobara "obras menores" que ahora cuenta con remotas chances, para no decir nulas. En el círculo más cercano al senador rafaelino sostienen que lo que sucede en Rosario se replica en más de una veintena de municipios que no cuentan con el "rebote" en los medios como sí pasa con la principal ciudad de la provincia. Y le atribuyen a Lifschitz una doble cara, ya que a Perotti le aseguró que no habría cargos a futuro y según los futuros administradores, lo habrá y en todo el sentido de la palabra.

Aún así, Perotti guarda un prudente silencio, no sólo porque espera la rectificación de Lifschitz -- que obviamente no será un veto a la ley-- que podría poner fin a esta dualidad denunciada por los diputados peronistas. Esto es lo que más preocupa al futuro gobernador, pero no es lo único. Los "partícipes necesarios" del peronismo están siendo observados, y si bien la ira se descarga sobre el Frente Progresista, la actitud de algunos senadores especialmente es la que se está siguiendo con atención.

Principlamente Armando Traferri, que hasta ahora encolumna a sus colegas, no está atravesando el mejor momento desde el triunfo del 26 de junio. También está incómoda la vicegobernadora electa, quien no ha hablado sobre el asunto, pero a quien Perotti le ha dicho que su trabajo es que a la hora de las votaciones se asegurara de que sean más las manos que se levanten para apoyar las iniciativas del gobierno que las que las rechacen. Alejandra Rodenas sabe que hay una mayoría propia de legisladores peronistas y que su cercania a Traferri y Cía. debería garantizarle eso a su gobernador. La ex-jueza completó el binomio a instancias del grupo que lidera todavía Traferri, además de ser aceptada por otras corrientes internas del peronismo, que ya están analizando si no es tiempo de "barajar y dar de nuevo" a la hora de definir al futuro presidente de bloque y al Presidente Pro-témpore de la Cámara baja.

El senador Traferri ya mostró los dientes cuando abandonó la mesa de transición.

En ese sentido, tanto Marcelo Lewandowsky como Marcos Castelló tendrán un rol importante impulsados por la Casa Gris. Después de varios períodos uno y otro se alzaron con las senadurías de Rosario y La Capital, nada menos. El "peso" de la representatividad de ambos los proyecta como figuras centrales para el gobierno, más allá que por ser "debutantes" difícilmente ocupen alguna de las dos presidencias en danza. No será ninguno de los dos, pero tampoco alguien que no cuente con el aval de quienes concentran cerca de la mitad de la representacion poblacional de Santa Fe.

 

En este contexto transcurre esta etapa de la transición que sólo habrá finalizado cuando Lifschitz le ponga la banda a Perotti. Hasta entonces, y sobre todo hasta después de la elección presidencial, el gobernador electo hará gala de sus dotes de equilibrista para no detonar una situación que tampoco va a permitir que avance. En ese sentido, dentro del peronismo son pocos los que tienen dudas de cómo va a saldarse la cuestión interna, aunque están atentos a los posicionamientos y conductas internas. Por fuera de eso, "las espadas" de Perotti van a estar dispuestas en todo momento a denunciar lo que ellos definen como incumplimientos y que algún legislador elevó al rango de "campo minado" que deja la gestión socialista, que para este último acto contó con la apreciable contribución del peronismo. Según el diario de sesiones con todos sus Senadores, en contraposición con los diputados que abandonaron el recinto a la hora de votar una ley que parece justa, sobre todo para las arcas de Rosario, pero extemporánea teniendo en cuanta que antes no se hizo,y que --según las charlas de la transición-- ahora tampoco debía realizarse.

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