El Encuentro y los femicidios, con Lucía Pérez en primer plano

Lo que no pueden matar

Nuestro país sigue teniendo una muerte por femicidio cada 26 horas. La misma horrorosa estadística que en 2016, cuando Matías Farías y Juan Pablo Offidani violaron y asesinaron a Lucía Pérez en Mar del Plata. Ese femicidio desató la furia feminista y a los pocos días se hizo el primer Paro Internacional de Mujeres, lesbianas, trans y travestis. Sin embargo, la Justicia sigue siendo profundamente patriarcal ya que absolvió a los responsables con argumentos misóginos. En el Encuentro volvió a hablarse de la emergencia contra la violencia machista y se dijo presente por Lucía, y por todas.  
Imagen: Jose Nico

A Marta Montero la sostienen las pibas. Eso dice a Las12 en la actividad que se realizó el domingo a la tarde, en el camino que une la plaza San Martín de La Plata con la Dardo Rocha, ambos puntos neurálgicos del Encuentro. Allí, en la puerta de la Cámara de Casación Penal bonaerense, se organizó la actividad encabezada por Montero y ese grupo que la contiene y que no afloja el grito de justicia por Lucía. Habló Marta y hablaron las pibas, amigas de ella y otres que se unieron a la lucha de Marta poniendo el cuerpo en cada marcha, encuentro y escrache. Porque como dijo una de ellas “desde que mataron a Lucía, que su causa es mía”. En diciembre del año pasado, la familia de Lucía apeló la sentencia estigmatizante que absolvió a los responsables de la muerte violenta de la adolescente y sufren la indiferencia de un sistema lento, burocrático y profundamente machista y, a pesar de haber presentado un jury de enjuiciamiento para los jueces Facundo Gómez Urso, Pablo Viñas y Aldo Carnevale, siguen esperando a que Casación fije una nueva fecha de juicio o ratifique la absolución vergozante de los responsables.

“Queremos un nuevo paradigma de la justicia porque la que tenemos no nos representa, queremos otra” dijo Marta entre abrazos, aplausos y cantos contra el edificio judicial, fuertemente custodiado y empapelado con retratos de Lucía. También pidió que quienes tengan experiencias traumáticas con la justicia se animen a contarlas, para abrazar todas las causas, por más pequeñas que sean. “Y no hablamos sin saber sobre la justicia, hablamos conociéndola por dentro: esta justicia es misógina y machista, en lugar de nombrarte por tu nombre te dicen “la gorda”, “la rubia”, “la negra”. Esto no lo aguantamos más, no lo permitimos más. Hemos sufrido el amedrentamiento y el acoso pero no nos rendimos ni tenemos miedo” dijo a Las12 cuando terminó la actividad y recordó que hace muy poco, en Mar del Plata, le pidió a un fotógrafo que borrara todas las fotos que les había sacado en plan amenazante. “Nos dijo que era para un portal de la justicia pero claramente el plan era otro. Lo increpamos y tuvo que irse. Y así vamos a ir por todos” aseguró quien en el mismo Encuentro pidió que se decrete la Emergencia Nacional contra la Violencia de Género, uno de los ejes de discusión del taller de Femicidios, ampliamente concurrido. “Los pañuelazos, los escraches que hacemos, la marcha contra los travesticidios y esta actividad van por lo mismo: no queremos ni una muerta más por violencia patriarcal” dijo María Caminos, de 19 años. Ella se encontró con la actividad por Lucía de casualidad y allí hizo base y se abrazó con la mamá de Lucía. “Ya la había visto en marchas por Lucía y es impresionante la fuerza que tiene, porque para Marta ya no es Lucía, somos todas” dice. Para Montero, quien anunció otra marcha para el próximo 8 de noviembre “las pibas son una gran fuerza, un gran motor. Yo ya no voy por la causa de de mi hija, voy por todas las causas trabadas, los jueces injustos, las condenas insoportables. El Estado es responsable de estas muertes impunes. Estoy segura que se va a hacer justicia, y se debe hacer justicia, pero no solo por mi hija sino por todas las muertas por femicidio en la Argentina. Por lo menos yo no voy a descansar hasta escuchar a todas, hasta hacer escuchar a todas las que lleguen a mí” dijo emocionada.

Las resonancias del taller de femicidio no tardaron en llegar. A los relatos en primera persona de violencia doméstica, se sumaron familiares y amigxs de víctimas y el disco rayado de cada año: la falta de capacitación del personal policial y de justicia, a pesar de la Ley Micaela y la obligateriedad de la misma, que prevé cursos obligatorios para todos los poderes, niveles y jerarquías del Estado. “Habrá que ver las consecuencias a largo plazo pero la muerte de cada día no la soportamos más” dijo Marina Confluenza en el cierre del taller Violencias y Maltratos en el Centro de Posgrado Sergio Karakachoff de la UNLP. Allí también se nombró a Higui, a Laura Gutierrez, asesinada en La Plata en agosto y se dijo que femicidio es también travesticidio, por eso muchas partieron a la marcha del sábado al atardecer. “El grito es unánime pero parece que no nos escuchan” dijo Malena Rosende, estudiante del Mariano Acosta. “Vinimos a este taller para escuchar pero también para crear herramientas de auto cuidado, redes que nos permitan protegernos, porque todas estamos en peligro, no solo en las calles, en los boliches, en el transporte público: está probado que la mayoría de los femicidios ocurren dentro del círculo íntimo de la víctima así que el principal riesgo es al interior de nuestras relaciones interpersonales y heteronormadas” dijo Karina Belardi y explicó que no todas están de acuerdo con la Emergencia Nacional, como pidió la mamá de Lucía. “Para muchas es una medida de maquillaje. ¿Qué pasa con las operadoras de las líneas contra las violencias, que están precarizadas y maltratadas? ¿Qué pasa con el presupuesto, que son unos centavos por mujer o disidencia en riesgo? ¿Qué pasa con el INAM, que mira para otro lado y solo arma talleres de asistencia psicológica a familiares de femicidio pero ni para eso sirven porque la gente se va indignada por el trato patético que reciben?” gritó Lara Tomasi entre el taller y la marcha. “Pero lo que no pueden matar es nuestra voluntad de lucha, nuestra unión y nuestra reafimación colectiva” concluyó Montero, ya llevada por las pibas que no paraban de abrazarla.    

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