INVESTIGACIÓN 
Los cerebros de la ciencia
Los centros de computación que funcionan en las universidades nacionales no escapan a la crisis. Dos de ellos están en la UBA y en Córdoba. Realizan cálculos sumamente complejos en una fracción de segundos y son de una ayuda insuperable para el desarrollo del conocimiento. 

Los centros de computación son potentes máquinas conectadas a una red de alta velocidad cuyo objetivo es resolver problemas matemáticos con mucha más precisión de la que podría tener un humano. Así, se volvieron una pieza fundamental en la investigación dentro de las ciencias exactas, y sobre todo en las universidades que se dedican a explorar este campo. Hay en la UBA, Córdoba, Tucumán, Cuyo, Río Cuarto, del Nordeste, del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Entre Ríos, San Luis, del Litoral y La Plata.

“La forma de investigar en las universidades cambió, ahora se pueden hacer modelos bastante aproximados a un costo muy inferior a cualquier tipo de experimentos utilizando esta máquina universal. Esa misma máquina que le sirve a una astrofísica, la usa un biólogo o una química. Este abaratamiento, monetario y temporal, posibilitó tremendos avances, no solo en ciencia sino también en tecnología”, explicó Nicolás Wolovick, miembro del directorio del Centro de Computación de Alto Desempeño (CCAD) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

La aparición de las máquinas en el desarrollo del conocimiento fomentó, según Wolovick, “una transformación en la formación de grado y posgrado”. De esta manera, los estudiantes “aprenden las ciencias naturales a través de modelos computacionales que dan posibilidades de exploración limitada”. El CCAD, que funciona desde 2010, además de relacionarse con el conocimiento científico también se pone al servicio de diversas empresas nacionales. Allí funciona Mendieta, la computadora más potente del país, bautizada así por el personaje del dibujante y escritor Roberto Fontanarrosa.

Para el supervisor del Centro de Computación de Alto Rendimiento de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, Esteban Mocskos, la implementación de la tecnología es crucial para el desarrollo del país. “Si queremos un país que pueda innovar, necesitamos científicos y tecnólogos que usen herramientas computacionales y que tengan al alcance la infraestructura para llevar adelante sus proyectos”, aseguró. Los proyectos de la Facultad son variados: desde el estudio de las criptomonedas, como el Bitcoin, hasta el análisis de las propiedades de partículas que podrían vincularse al desarrollo de drogas.

De esta manera, la investigación realizada con la ayuda de estas herramientas tecnológicas hizo que hubiera un salto importante de calidad en los avances científicos generados. No obstante, el mayor problema que tienen los centros de computación es que sus materiales quedan obsoletos al pasar los años y la política estatal para el sector también está en crisis.

El Sistema Nacional de Computación de Alto Desempeño (SNCAD), que depende del ex Ministerio de Ciencia y Tecnología, financia a los centros de supercómputos nacionales, pero –según Wolovick– “los montos están en pesos y atrasados. Se requiere de muchísimo esfuerzo administrativo”. Y graficó: “Con la plata de 2013 del SNCAD compramos 14 nodos a Mendieta; hoy apenas podemos comprar uno".

Para Mocskos, “falta un plan que apunte a mejorar la infraestructura y la capacitación de investigadores y personal técnico, para que nuestro país pueda aprovechar las oportunidades que estas herramientas nos brindan”. En tal sentido, Wolovick aseveró que “el Estado tiene que entender que una computadora es un bien consumible, como un tóner. A los 5 años ya no es efectiva y consume más de lo que produce”.

 

“Argentina es el único país del G20 que nunca tuvo un clúster en el Top500 (los 500 equipos más poderosos del planeta). Tenemos un PBI similar al del Polonia, pero Polonia tiene 100 veces más poder de cómputo. La relación entre poder de cómputo y el volumen de publicación está totalmente desfasado respecto a estándares latinoamericanos”, subrayó.

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