Comer en aeropuertos
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Especialidad en carnes

Comer en los aeropuertos de Argentina supo ser por muchos años una suerte de castigo gastronómico: la norma consistía en sándwiches mediocres a precios exorbitantes, en un claro abuso forzado por la falta de opción que tenían los comensales. Por suerte, a tono con lo que sucede en muchos de los grandes aeropuertos del mundo, esto está cambiando, con varios lugares nuevos inaugurando tanto en Ezeiza como en Aeroparque Jorge Newbery.

Entre las novedades más interesantes está Outback Steakhouse, un marca poco conocida fronteras adentro, pero que cuenta con casi 1000 sucursales en 20 países de América, Asia y Australia (esta de Ezeiza es la primera dentro de un aeropuerto). Ubicado en la zona de preembarque, el local es amplio y cómodo, con servicio a la mesa y una carta que apuesta a platos generosos y ricos que cruzan sabores y recetas de Estados Unidos y Australia, con un claro protagonismo de las carnes. Lo mejor es empezar compartiendo una Bloomin’ Onion (una enorme cebolla abierta como una flor, rebozada en harina y frita hasta quedar crocante, $520); también hay Kookaburra Wings (alitas de pollo en tres niveles de intensidad: suave, medio o picante) o unas poderosas papas fritas con mozzarella, cheddar y panceta picada. Para los que busquen algo más fresco hay ensaladas (como la conocida Caesar), pero la mayoría opta por las famosas carnes de la casa, desde el ojo de bife con dos guarniciones a $780 hasta el Baby Back Ribs, unas costillas de cerdo con barbacoa a $780, entre otras. Se suman pastas contundentes, sándwiches, hamburguesas y postres como el tremendo Chocolate Thunder from Down Under, un brownie con helado de vainilla, salsa de chocolate y crema batida ($350). 

Para beber, vinos de bodegas reconocidas, cervezas nacionales, cócteles, café Nespresso; hay menú infantil y una vajilla preciosa que terminan de armar una propuesta capaz de competir, en calidad y precio, con la de cualquier otro restaurante del estilo de la ciudad porteña.

Outback Steakhouse está en la zona de preembarque del Aeropuerto Internacional de Ezeiza, junto al Freeshop. Horarios de atención: de lunes a lunes, las 24hs.

ADN nacional

¿Qué mejor manera de despedirse -aunque sea temporalmente- de la Argentina que comiendo algunos de los maravillosos quesos, fiambres y vinos que se elaboran en el país? De eso se trata Fausto Wine Bar, un pequeño y precioso lugar ubicado frente a la Puerta 16 en la zona de preembarque de Ezeiza. Para armar la propuesta, los fundadores de la marca convocaron a grandes especialistas: la ambientación, a base de maderas y hierros, con barra y una sección de mesas, estuvo a cargo del Estudio Giorgiutti. Del menú se ocupó nada menos que el reconocido chef Rodrigo Sieiro; y los vinos fueron seleccionados por uno de los mejores sommeliers del país, Matías Prezioso.

La apuesta de Fausto es simple: buena materia primera sin artificios. Los quesos y fiambres provienen de productores de zonas como Lincoln y Tandil; el pan de masamadre lo elabora la gente de Atelier La Fuerza; y hay vinos de bodegas grandes y famosas, así como de elaboradores más chicos e independientes. Hay tablas (rondando los $400, todas incluyen pan) de tres fiambres, con combinaciones como jamón crudo, salame criollo y leber o bondiola, mortadela con pistacho y salame napolitano; también de tres quesos (brie, gruyere y búfala o atuel, crottin y patagonzola, entre otras); y las mixtas, que suman los mejor de ambos mundos. También hay sándwiches medianos y grandes (desde $180), como el de bresaola y pecorino o el de crudo y gruyere; y una propuesta de cafetería que suma ricos alfajores de maicena y las consabidas medialunas.

El vino en Fausto no es un acompañante, sino otro protagonista. Si bien se puede pedir botella completa, lo mejor es aprovechar los dispensers que mantienen cada etiqueta abierta en perfecto estado para servir por copa, en tamaños degustación, media copa o copa completa. Desde un Sophenia Reserva Chardonnay a un Criolla de El Esteco Old Vines pasando por Polígonos Zuccardi de Altamira o el exclusivo J. Alberto de Noemía, entre otros.

Esperar la salida de un avión puede ser estresante. Pero esos nervios mejoran notablemente con una buena copa de vino -y un rico fiambre- en mano.

Fausto está en la zona de preembarque del Aeropuerto Internacional de Ezeiza, frente a Puerta 16. Horarios de atención: de lunes a lunes, las 24hs.

La gran parrilla argentina

Leyendo el diario del lunes, la reflexión parece obvia: siendo el plato insignia de la Argentina, ¿cómo no va a haber una buena opción de parrilla en un aeropuerto, siendo el lugar donde pasan miles de turistas por día? Pero por muchos años, la gran carne argentina y los aviones mantuvieron caminos estrictamente separados. Hoy, por suerte, esto cambió gracias a la flamante inauguración de la primera La Cabrera -la famosísima parrilla nacida en el barrio de Palermo- en una versión “al paso” abierta en la planta baja del aeroparque Jorge Newbery. En este caso, al estar antes del preembarque, es una propuesta abierta a todo el mundo; no es necesario contar con un pasaje para sentarse en sus mesas.

La Cabrera al paso mantiene la calidad en materias primas de su hermana mayor, pero con precios y porciones pensadas para una comida rápida (además de contar con una parrilla a gas, ya que el aeropuerto no permite encender brasas). La estrella de la carta es el ojo de bife angus ($390), que sale en el punto pedido, aunque también hay bondiola y pollo ($370 y $300 respectivamente). Entre los best sellers más solicitados están los choripanes (salen en combo con buenas papas fritas y bebida a $260), también las muy buenas empanadas de carne ($280 las tres unidades) y un sabroso sándwich de provoleta ($220), además de hamburguesas que, si bien son correctas, están por debajo del resto de la propuesta.

A modo de patio de comida, el local de La Cabrera comparte salón, mesas y sillas con otras ofertas gastronómicas del aeropuerto, pero suma vajilla propia y ubicó en pleno salón parte de su mítico choribondi, ese mismo colectivo con el que esta marca atendió tantas veces en la populosa feria Masticar. Entre los clientes habituales suelen contarse los propios empleados de las aerolíneas, también pilotos y tripulación, todos felices de poder comer buena carne a precio amigable sin tener que abandonar el aeropuerto. Una felicidad compartida por los pasajeros que, cuando tienen tiempo y hambre, pueden disfrutar de una rica comida antes -o después- del vuelo.

La Cabrera al paso está en la planta baja del aeroparque metropolitano Jorge Newbery. Horario de atención: de 8:30 a 24. 

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