Una mujer muere asesinada en un episodio de violencia cada 26 horas en el país. En los primeros diez meses de 2019, la cantidad de asesinatos (275) superó a los de 2018, según el observatorio Ahora sí que nos ven. En este contexto, autoras, actrices, directoras, dramaturgas y trabajadoras de otros rubros del mundo teatral --especialmente del circuito independiente-- dan batalla desde los escenarios. Desde hace unos años existe una tendencia de ciclos y espectáculos con enfoque de género en la Ciudad de Buenos Aires, que se da a la par de otro fenómeno: la aparición de colectivas, como la de Actrices Argentinas o la de Autoras. Noviembre es el mes de la No Violencia contra la Mujer y coincidirán tres festivales que buscan incentivar la reflexión a partir de la escena: “Mujeres a la obra”, “Medeas” y el “Festival Nacional sobre Violencia de Género”.

“Un ciclo que no debería existir pero que es urgente y necesario”: así es como sus hacedoras definen a “Mujeres a la obra”, que sucederá por segundo año consecutivo en el CELCIT (Moreno 431) y que hace hincapié en la dramaturgia femenina. Comienza este jueves. “Los textos escritos por nosotras están atravesados por lo que nos sucede en el cuerpo, por el dolor que atravesamos igual que nuestras amigas, compañeras y vecinas”, explica Carolina Guevara, una de las productoras.
Muchas de las obras de la programación postulan un eje histórico. Tal es el caso de Potranca, de Mariela Asensio, que indaga en la figura de Eva Perón; o de Yo, Encarnación Ezcurra, de Cristina Escofet, con dirección de Andrés Bazzalo. En Estrategia de la luz, de Adriana Genta y con dirección de Alberto Isola, aparecen la reina Juana I de Castilla y la monja Teresa de Avila. “Dan cuenta no sólo de la gesta épica de estas mujeres, sino también de sus rasgos humanos y del ocultamiento acerca de ellas. Cuentan algo del pasado pero haciendo parábola con el presente”, describe Guevara, actriz. Una novedad de esta edición es la incorporación de espectáculos para toda la familia, con la convicción de que el teatro es una “herramienta pedagógica”.
Junto a la Campaña Contra las Violencias hacia las Mujeres, el ciclo invita a colaborar con donaciones de alimentos, artículos de limpieza y de higiene personal, que serán destinados a organizaciones que amparan a mujeres en situación de violencia. Tundra, mujeres de cajas tomar, de Lorena de la Fuente, Karina Gozzi, Daniela Ocampos, Leila Simone, Julieta Viveros y Pamela Vallejos; Cielo con diamantes, de Cecilia Hopkins; Escribí Griselda, con dramaturgia y dirección de Andrea Ojeda; Peregrina, de Claudia Quiroga; y Dulce amargo, canciones de Safo, de Daniela Horovitz, completan la programación, que también incluye una performance de Eleonora Ghioldi. Las fechas y horarios se pueden consultar en www.celcit.org.ar . Habrá un conversatorio titulado “La urgencia de un teatro feminista aquí y ahora”. “No querríamos hacer este ciclo, si no fuera porque nos matan cada 30 horas. Hay que salir no sé si a dar respuesta, pero sí batalla”, concluye Guevara.

También la pluma de las mujeres estará en primer plano en el Festival Medeas. Zaida Mazzitelli, actriz, directora, docente y gestora, fundó la Agrupación Medeas, que busca achicar la brecha de género que existe en el off en términos de autoría y dirección. A tal punto llegó la preocupación de la artista con este tema que elaboró una estadística que refleja la participación femenina en salas alternativas. En 2017, las dramaturgas eran 160 en contraste a 374 varones, en un total de 19 espacios. “En el ámbito comercial es más grave el asunto. Lo que me gustó, al hablar con dueños y dueñas de salas, es que me decían: ‘voy a tenerlo en cuenta’. No está hecho adrede. Pero la realidad es la realidad. En las redes me dedico a borrar insultos: molesta que nos unamos”, comenta Mazzitelli.
El año pasado creó el “Festival Medeas” en conjunto con la dramaturga, actriz y directora Gimena Racconto Giunta. Reúne obras cortas escritas y dirigidas por mujeres. Desde este sábado se presentarán cuatro por día. Soy tu chico malo, de Ivania Cox; La Varsovia, de Patricia Suárez; Asambleas permanentes, de Bela Carabajal; Controlate Begonia, de Florencia Aroldi; y Gran Bur, de Patricia Castro y Susana Tale integran la propuesta en Pan y Arte (Avenida Boedo 880). Los espectáculos fueron seleccionados mediante una convocatoria. “Queremos visibilizar el trabajo de las sujetas autopercibidas como mujeres. Implica un acto político en sí. Dimos libertad en la temática. El material es diverso. Hay historias de amores, encuentros, desencuentros, y políticas”, describe la gestora. 

Hubo una decisión de no centrar la programación en la violencia de género. “Aparecen muchas obras muy crudas físicamente que exponen al cuerpo de la actriz nuevamente a una vejación”, explica la curadora, quien organizó el Concurso de Dramaturgas Argentinas. “Cuando hay crisis, movimientos y revoluciones, el teatro está ahí para aumentar el cambio”, define. La información sobre el festival se encuentra en el Facebook de Agrupación Medeas.

El último en comenzar es el “Festival Nacional de Teatro sobre Violencia de Género”, con sede en el Centro Cultural Rojas (Avenida Corrientes 2038). El objetivo es sumar “el recurso teatral a la lucha”, como se puede leer en el comunicado que lo anuncia. El teatro es tomado como vehículo de comunicación y denuncia para promover el debate sobre la violencia física, psicológica, simbólica, en la familia, el trabajo e instituciones públicas. Del 28 al 30 de noviembre, en la cuarta edición, se presentarán 17 obras y funcionarán tres mesas de debate: una de Actrices Argentinas, otra del Colectivo de Autoras y una dedicada al rol de los medios. La iniciativa surge del Museo de la Mujer, el Rojas y otras instituciones.


A la convocatoria responden elencos de todo el país. Llegarán a Buenos Aires grupos de Córdoba y Jujuy. “Hemos recibido este año la mayor cantidad de obras en comparación a los pasados. Más de 80”, cuenta Catalina Artesi, actriz y directora, integrante de la comisión organizadora y del jurado. “Elegimos no sólo desde el punto de vista de la temática, sino también por la calidad. No podían ser elencos muy numerosos. Quedaron obras con una variedad estética grande. Ninguna se parece a la otra”, detalla. Entre la programación se encuentran Jueves de comadres, de Jorge Accame, con dirección de Franco Midú (Saladillo); y La morsa, epílogo en un acto, de Pirandello, con dirección de Gustavo Oliver (CABA). Aquí, como en “Mujeres a la obra”, se presentará Tundra, destacada por su “propuesta estética”. Felicitas o las niñas mudas, de Adriana Tursi, con dirección de Laura Dana, pone en escena el femicidio de Felicitas Guerrero. Diez centímetros de diferencia, de Lucía Laragione, con dirección de Marcela Robbio, recorre el caso de Norma Penjerek. Relato situado, mujeres construyen memoria, de la Compañía de Funciones Patrióticas, es un mapeo sobre violencia de género que conecta con la última dictadura. El caso de la mujer que no quiso ser un jarrón, de Andrea Ojeda, Gilda Sosa y María Victoria Felipini, está inspirada en la vida de la anarquista Salvadora Medina Onrubia, perseguida por sus ideas. En www.rojas.uba.ar se encuentra toda la información de la programación.

Opiniones

Una gran cuerpa

Por Lorena Vega*

Lucrecia murió en 1968 después de haberse hecho un aborto clandestino. Era mi tía. Marilú corrió en el año 1987 por un descampado en Laferrere huyendo de un hombre encapuchado que la siguió desde que bajó del colectivo en la terminal. Es mi prima. Yo vi a un hombre que me mostró la pija en la calle, en 1986. El tipo me siguió hasta mi casa y golpeó la puerta de vidrio gritándome. Mi mamá dice que entré pálida a mi casa y no podía hablar. Tenía 11 años. El cuerpo es el territorio de dominio, sí. Pero también de lucha. Ecuador, Haití, Chile, Bolivia están en eso literal en estado extremo. Pero en relación a nuestro país (y desde ya que conocemos la lucha en estado extremo) quisiera nombrar en esta oportunidad a 2018, cuando gracias a las colectivas referentes y pioneras, la votación por la legalización del aborto se convirtió en el punto de inflexión. Nuestros cuerpos luchando por la soberanía de nuestros cuerpos. Diría que cada uno de nuestros cuerpos conformó una gran cuerpa de denuncia, resistencia y liberación. Marca histórica que sacudió todo. Todas en las calles. Mujeres, disidencias de todas las edades contando, sacando, diciendo cosas calladas por muchos años. Acciones entre mujeres para ayudar a otras mujeres. Más voces, otras voces. Y pienso en las voces femeninas en el teatro y en las últimas cuatro obras de teatro que hice. Interpreté a una maestra de pueblo que se va a morir y como última voluntad quiere hacer una película porno-feminista para dejar un legado sobre el goce sexual; hice de una joven escritora de los años ‘40 que ante algunas injusticias destroza la Municipalidad; relaté en primera persona episodios vinculados al taller de imprenta familiar y los “claroscuros” de mi padre a los cuales me enfrentaba; compuse a una mujer de 1830 que se desplegó en la centralidad del poder político de la época. Encarnación Ezcurra, a quien, habiendo conseguido grandes logros en favor de los oprimidos, se la recuerda por ser “la mujer de”. Esta última obra fue declarada de interés por el Instituto Nacional de las Mujeres y entre muchos festivales que participó, encuentra su profundo sentido en ser parte de “Mujeres a la obra” por su sintonía con la Campaña Nacional contra las Violencias hacia las Mujeres. Me gusta decir que en eso están nuestras cuerpas ahora. Siguiendo la lucha, reconvocando a nuestras pioneras, y en solidaridad con Latinoamérica.

*Actriz, directora y docente. Actuará en Yo, Encarnación Ezcurra en el marco de Mujeres a la Obra.

¿Son necesarios tres festivales?
Por Lucía Laragione*

Leo por estos días El cuento de la criada, esa distopía imaginada como horrible pesadilla, por Margaret Atwood, en la década del ‘80. Pienso en la lucidez, en la capacidad de vidente de la escritora, que le permitió leer lo que estaba en el aire, lo que vendría: el fundamentalismo islámico ejerciendo un poder de policía sobre el cuerpo de las mujeres. Desde tiempos inmemoriales, el cuerpo de las mujeres ha sido territorio de ocupación, botín de guerra. Hoy la violencia de género sigue existiendo tanto en sus formas más solapadas como en las más brutales. Buena parte de las autoras estamos dispuestas a enfrentar, denunciar y, sobre todo, a crear obras potentes, reveladoras, que visibilicen la violencia de género en todos sus aspectos, aún en los más naturalizados por familiares y cotidianos. Vuelvo a pensar en una escena de El cuento…. Aquella en que el régimen cierra la cuenta bancaria de todas las mujeres y las deja sin independencia económica. El marido de la protagonista, en un gesto amoroso, le dice que él la va a cuidar. Pero ella no quiere eso. Ese ofrecimiento cariñoso, que la deja inerme en manos de él, ¿no puede ser vivido acaso como violencia de género? Existe hoy una marea de mujeres dramaturgas, lúcidas y comprometidas, generando sus espectáculos, no sólo como autoras sino también como actrices y directoras, hablando por todas aquellas que no pueden hacerlo, contribuyendo para que se adueñen de sus propias palabras. ¿Son necesarios tres festivales? Sí. Todavía hay mucho que decir sobre violencia de género.

*Escritora y dramaturga. Participará en la mesa del Colectivo de Autoras del Festival Nacional de Teatro sobre Violencia de Género.

Cambiar la estructura
Por Mariela Asensio*

Es importante recordar que históricamente las mujeres debimos luchar para adquirir derechos (el acceso a la educación, a la vida social y política e incluso al voto femenino). Por lo cual sabemos por experiencia que los cambios no se producen naturalmente. En todo caso se naturaliza con el tiempo aquello que hubo que conquistar. Desde la Colectiva de Autoras se está trabajando en vistas de un posible proyecto de ley de igualdad entre hombres y mujeres en la cultura. Trabajamos duro recopilando información que pueda darnos datos precisos acerca de nuestra presencia en el mapa teatral. Hasta febrero de este año solo el 26 por ciento de mujeres ganaron concursos de dramaturgia. En la enseñanza predominan los maestros varones en las materias troncales. En lo referente a la autoría en el teatro oficial a nivel nacional, incluyendo coreógrafas y músicas, no llegábamos al 20. Recién en 2018 subimos al 41, mérito que adjudicamos a la lucha que venimos haciendo, y a como visibilizamos la desigualdad en cada situación que aparece. En el teatro comercial somos el 23 por ciento. En el independiente nos acercamos a la paridad. Teniendo en cuenta que es autogestionado no sorprende que ahí tengamos más presencia. Podría seguir enumerando premios o festivales en los que apenas asomamos. Ya lo dijo Mary Beard: “No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura”.

*Actriz, directora y dramaturga. Presentará Potranca en el CELCIT.