Ni pasado ni presente, futuro. Mauricio Macri repitió en su segundo discurso ante la Asamblea Legislativa la estrategia de sobrevolar los temas económicos con escasa o nula rigurosidad técnica --dijo, por ejemplo, que el 41 por ciento de los argentinos tienen cloacas, cuando la información oficial es 58 por ciento--, sin hacerse cargo de las consecuencias que provocaron las políticas del gobierno --devaluación, quita de retenciones, tarifazos, disparada inflacionaria, aumento de la probreza en más de 1,4 millones de personas, incremento de la desigualdad social, suba de la desocupación, el cierre de más de 5000 empresas en 2016, desregulación cambiaria y financiera-- ni detenerse en los padecimientos de la mayoría de los sectores productivos --industria, construcción y economías regionales--. Su apelación fue siempre mirar para adelante, como lo hacía en campaña electoral cuando prometía lluvia de inversiones, pobreza cero y que nadie perdería derechos adquiridos, o como reclamaba el año pasado a esta altura, asegurando que la recuperación llegaría en el segundo semestre.

"La Argentina se está poniendo de pie", sostuvo el Presidente dejando de lado el primer año de la alianza Cambiemos, como si la caída de 2016, la más grave desde la crisis de 2001-2002 en indicadores clave de producción, empleo y consumo, no hubiera sido el resultado de sus decisiones. Tampoco explicó por qué el acuerdo con los fondos buitre no desató el crecimiento económico que se anticipaba. 

Macri ratificó los ejes fundamentales de la gestión, como el acuerdo de flexibilización laboral de los petroleros en Vaca Muerta, y la necesidad de dar señales al capital para que vengan las inversiones. No mencionó cómo planea sacar al consumo de un bajón histórico, ni por qué la deuda aumenta a un ritmo de 50 mil millones de dólares por año sin que la economía reaccione. Tampoco se refirió a la apertura importadora que está barriendo eslabones enteros de la cadena industrial. Lo suyo fue una nueva apelación a la confianza, a creer que en algún momento, en algún semestre, llegará el derrame, y mientras tanto hay que aguantar.