El 22 de junio es un día especial para los argentinos y las argentinas: aquella jornada, en el año 1986, se inmortalizó uno de los momentos más especiales para el país, cuando Diego Maradona hizo el Gol del Siglo ante los ingleses, que deslumbró al fútbol mundial en la antesala de la última Copa del Mundo que ganó la Selección Argentina. Lo cierto es que un 22 de junio también se celebra otro hito histórico del deporte nacional: aunque habrá quien no lo sepa, aquel día de 1967 arribaron a nuestro país Han Chang Kim y Nam Sung Choi, provenientes de Corea del Sur, para convertirse en los fundadores del taekwondo en Argentina.

De traje y corbata, la timidez del maestro Choi -más serio, más callado y algo más bajito que Kim- haría difícil imaginarse que se trata de uno de los padres del arte marcial argentino, y toda una leyenda de la disciplina a nivel mundial. De los dos, el maestro Kim es quien se desenvuelve más fácilmente, aún con las dificultades obvias de hablar una lengua tan distinta a la que lo alumbró desde que nació, allá en 1939 en Haolbin, una ciudad de Manchuria. Su humildad, sin embargo, también mantendría en secreto la sabiduría y el arte que habitan dentro de su cabeza y su cuerpo: tiene el grado de noveno dan (al igual que su compañero de 82 años) y, además de tener su propia escuela de enseñanza, es requerido como consultor de varias instituciones del país. 

Entre los dos, han forjado a experimentados maestros que hoy forman alumnos y alumnas en distintas provincias del país. No es exagerado decir que el oro que Sebastián Crismanich logró en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, junto a la pasión que el taekwondo ha generado y genera en cada practicante, tuvieron su origen en el mar. Y, más específicamente, en un barco carguero holandés, ese en el que los maestros recorrieron los casi 19 mil kilómetros que separan a los dos países. "Viajé con la misión de difundir la disciplina en Sudamérica: tenía que elegir un lugar y me quedé con Argentina, porque tenía dos amigos acá. El barco demoró dos meses y cinco días en llegar: atravesamos el océano Pacífico, el Indico y el Atlántico… Pero era joven y no tenía problemas, recuerdo que hasta me divertí. Desde que llegué, no me moví más", le cuenta el maestro Kim a Página/12. También formó parte de aquella travesía el maestro Kwan Duk Chung, quien actualmente vive en Estados Unidos pero completa el trío de pioneros.


Gentileza: Manuel Adrogué

Lo que se inició aquel día, hace 52 años, creció mucho. De acuerdo con estadísticas de la Confederación Argentina de Taekwondo, la cantidad de practicantes activos de la disciplina (entre instructores y estudiantes) se estimaba en 60 mil para mediados de la década del '80. Y, desde fines de 2010, ascendió todavía más: se calcula que, desde entonces, son medio millón de personas las que practican el arte marcial.

En homenaje a su importancia, los dos maestros fueron reconocidos el viernes último en el Senado de la Nación con la Mención de Honor “Senador Domingo Faustino Sarmiento”, en una idea impulsada por el presidente de la Comisión de Deporte, el senador Julio Catalán Magni. El maestro Kim se acercó al estrado del salón Manuel Belgrano, sacó un papel que llevaba en el bolsillo y pidió disculpas por adelantado, porque el idioma "aún sigue costando". El que hace medio siglo fue portador del mandato oficial de difundir el taekwondo en Argentina, esta vez, fue el portavoz ante el reconocimiento. Y allí apareció otra vez, inolvidable, aquel viaje de destino incierto por los tres océanos.

"Nunca imaginábamos, cuando nos subimos con mi hermano Choi a aquel barco, cómo iba a ser nuestra vida -se emocionó Kim-. Y aquí estamos. Formamos nuestras familias en este país, tenemos hijos y nietos, porque nos recibieron con los brazos abiertos. Somos nosotros los que estamos agradecidos. Hicimos lo mejor que pudimos en estos años, y pedimos disculpas por aquello en lo que nos equivocamos. Pero somos humanos, ahora es el turno de nuestros alumnos de seguir con la enseñanza del taekwondo".