Un instrumento económico se convirtió en una bandera de lucha política-ideológica
Las retenciones son un tótem para la derecha
Después de la 125, al campo nacional y popular le corresponde sacar algunas conclusiones. La más importante es que no puede volver a cometer el error de poner a todos los productores en la misma bolsa.
Imagen: Augusto Famulari

Las retenciones siempre las paga el productor cualquiera sea su tamaño, y si no están diferenciados por tamaño, las pagan todos por igual. Estas se calculan así: precio internacional, menos retenciones y se le liquida al productor “lo que queda” y a la AFIP se le deposita, lo que se inmoviliza en concepto de retenciones. Primera aclaración: las exportadoras hacen además una segunda retención, por sobre la de la AFIP, que es ilegal y clandestina; y la pueden hacer por su carácter monopólico, y su quantum es variable, según sea el precio internacional y el momento político. Confundir que las retenciones las pagan las exportadoras es un error.

Las retenciones son un instrumento de política económica no un fin en sí mismo. Sirven para recaudar fácil y para despegar lo precios internos de los externos. Pero son solo “eso”: un instrumento. Durante los '90 con retenciones “cero” se fundieron 103.000 explotaciones agropecuarias y se hipotecaron 12.000.000 de hectáreas. Con Néstor Kirchner y CFK, con retenciones, no se fundió nadie y se deshipotecaron las 12.000.000 de hectáreas.  

La derecha elevó a la categoría de tótem sagrado la lucha por las retenciones, dándole un valor ideológico per se, cualquiera fuera la forma de aplicarlas. Transformaron un instrumento económico en una bandera de lucha política-ideológica. Y les salió bien porque consiguieron transfigurarlas en el principal ariete para horadar los gobiernos populares.

Después de la 125, al campo nacional y popular le corresponde sacar algunas conclusiones. La más importante: no podemos volver a cometer el error de poner a todos los productores en la misma bolsa; debemos y podemos diferenciarlos, de acuerdo al tamaño de la explotación y por la región donde siembran. El más grande, más paga, el más chico, paga menos.

Otras medias complementarias se deben tomar para perfeccionar la diferenciación de retenciones de manera exitosa, y que además genere trabajo en el interior profundo: 

1) Debemos prohibir la venta directa de granos del productor al exportador. Todo debe pasar por los acopios locales. Es imprescindible impedir las posiciones dominantes en las cadenas de valor, y la integración vertical de estas megaempresas, como sucede en la actualidad. 

2) Lo mismo para la hacienda (porcinos, bovinos, lanares). Todo debe pasar por los mercados de referencias (Liniers, Rosario y otros que deben crearse para tal fin). 

3) El Estado debe poner balanzas (oficiales) y operarla con todas las garantías de seguridad; “50 metros” antes del ingreso de cada uno de los 52 puertos privados que hay a la vera del Paraná, que bordea la ciudad de Rosario. Hay que “pesar bien” las exportaciones.

4) Debemos recuperar la FAA, o crear algún sustituto similar para participar del debate ideológico, sobre el rumbo de la agricultura y el uso y tenencia de la tierra.

5) El nuevo gobierno debe volver a recrear la Dirección de Economía Rural y Estadísticas, en la órbita del Ministerio de Agroindustria, fundada por don Emilio Lahitte en los finales del siglo XIX. Es vital para el Estado contar con números propios y certeros sobre la actividad agropecuaria. El gobierno no puede guiarse por las estadísticas que le proveen las Bolsa de Comercio de Rosario. Sin información propia y confiable seguiremos yendo a “comprar al almacén con el libro escrito por el almacenero”, como decía don Arturo Jauretche.

* Ex director de la Federación Agraria.

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