Manuelita Sáenz Aizpuru, un ícono de la revolución
RESCATES Cuando tenía 12 años, Manuelita Sáenz Aizpuru escapaba de la casa de su tío sacerdote para escuchar las reuniones clandestinas de su vecina, Manuela Cañizares, en cuya casa se reunían las mujeres conspiradoras en contra de la corona española. Nadie podía saber que esa niña se convertiría en coronel del ejército patriota, Caballeresa del Sol condecorada por San Martín, espía, amante y compañera de Simón Bolívar hasta el final. Era el año 1809 y la conspiración y lucha por la libertad estaban empezando a brotar por toda América Latina. Pocos historiadores le hicieron honor a la vida revolucionaria de Manuelita Sáenz, siendo más conocida su relación amorosa con Simón Bolívar, libertador de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Colombia y Perú. Su vida revolucionaria, su pensamiento político en pos de la libertad de los pueblos y su participación como soldado del Ejército Patriota son aspectos que la oposición a Bolívar y el patriarcado burgués de la época se ocuparon en ocultar. Ahora, una serie de Netflix revaloriza su vida y obra.

En 1797, Manuelita nacía fruto de una relación “prohibida” para la moral clerical de la sociedad colonial de Quito, Ecuador: su madre, Joaquina Aizpuru, era una mujer criolla y soltera que tuvo una relación con Simón Sáenz, español casado y regidor de Quito. Su padre la entregó de niña al Convento de las Monjas Conceptas, aunque completó su educación en el monasterio Santa Catalina de Siena, en Quito, junto con las señoritas de alcurnia de la ciudad. A los quince años, Manuela sufre un gran impacto emocional al ver de cerca los asesinatos de un grupo de patriotas en Quito. Para escarmentar a la población, cortaron las cabezas de las víctimas y fueron expuestas en los sitios más concurridos de la ciudad. Manuela comenzó a reunirse en secreto con jóvenes patriotas quiteños. En 1816, en uno de tantos viajes a Panamá con su padre, es presentada a James Thorne, un inglés que la doblaba en edad y con quien la casaron en un matrimonio arreglado.

La noche del 16 de junio de 1822, Manuelita conoció a Bolívar en una fiesta en su honor, luego de que éste entrara triunfante con el Ejército Patriota en Quito. Esa noche comenzaron una relación de amantes, compañeros, confidentes. Con el tiempo Manuelita no sólo se ganó la confianza plena de Bolívar, aconsejándolo sobre estrategia política, sino también tuvo conquistas impensadas para una mujer en aquellos años. En Lima, Manuela se perfeccionó en la disciplina militar y no tardó en ser ascendida al grado de teniente de húsares.

Ella continuó su marcha con el Ejército Patriota, y el 6 de agosto de 1824 se da la batalla de Junín, en la cual por destacada actuación ella es ascendida a capitán de húsares, con responsabilidades en las áreas estratégica, económica y sanitaria de su regimiento. Cuatro meses después, luego de la batalla de Ayacucho, el Mariscal Antonio José de Sucre da parte a Simón Bolívar de las acciones valientes de Manuela: “Incorporándose desde el primer momento a la división de Húsares y luego a la de Vencedores: organizando y proporcionando el avituallamiento de las tropas, atendiendo a los soldados heridos, batiéndose a tiro limpio bajo los fuegos enemigos; rescatando a los heridos... Doña Manuela merece un homenaje en particular por su conducta, por lo que ruego a Su Excelencia le otorgue el grado de Coronel del Ejército Colombiano”, dijo en la carta.

La serie Bolívar, producida por Caracol TV y Netflix, se estrenó el 18 de septiembre del año pasado. Es una superproducción con más de 300 personajes y once locaciones entre Colombia, España y Venezuela y no sólo hace un repaso de la vida y obra de Bolívar como libertador y general del Ejército Patriota, sino que es un homenaje único a Manuelita Sáenz, dándole un protagonismo que merece. Shany Nadan, actriz ecuatoriana, fue la elegida para ponerse en la piel de Manuela. Desde chica ella conocía parte de su historia, el mito que dejó para la población ecuatoriana y en especial las mujeres de Quito. En la escuela la nombraban como la amante de Bolívar, su confidente, pero no mucho más. Estuvo dos años ahondando en su historia y las cartas que escribió, los dolores que sufrió y las batallas que libró junto a cientos de soldados. Armó un mapa conceptual, además de instruirse en historia y saber qué personaje era quien. Hizo una línea de tiempo de tres metros de altura, y con eso iba al set y compuso al personaje.

Shany Nadan, la actriz ecuatoriana que encarna a Manuela Sáenz.

En la interpretación de Shany, Manuelita vive. La labor que hizo en su investigación resalta cuando interpreta a Manuelita con profunda sensibilidad, haciendo honor a la tenacidad y valentía que tenía la heroína. Con su actuación, Manuelita no es una simple amante, sino que es todo lo que la historia escrita por hombres quiso ocultar. Son conmovedores los momentos en que Manuela sufre, se planta y pelea por sus derechos. Muestran cómo vivió su niñez y adolescencia siendo una hija bastarda y recibiendo poquísimas muestras de cariño. También son destacables las escenas en las que le dice a Bolívar quién es ella y que está dispuesta a aceptar y qué no para estar con él. La fuerte relación que tenía con Bolívar y hasta qué punto Manuelita influenció en la política del Libertador, se revela en las actuaciones de Shany y Luis Gerónimo Abreu, actor que interpreta a Bolívar.

En diálogo con Las 12, Shany contó cómo fue investigar la vida de una mujer que, como otras heroínas de la Independencia, quedó olvidada.

--¿Cuánto tiempo estuviste para preparar a Manuelita? ¿Conocías su historia de vida? En Argentina se sabe muy poco de ella...

--No sólo en Argentina se sabe poco, en países bolivarianos tienen la imagen de Manuelita como la amante de Bolívar. En Ecuador sí se nos enseña porque ella era ecuatoriana, ella es un ícono de la historia, del feminismo y de la revolución. Dos años antes del comienzo de la filmación había un chisme de pasillo que se decía que Caracol TV tenía la intención de hacer la vida de Bolívar, no sabían cuándo la harían ni con quién, pero yo me puse a estudiar porque yo decreté “yo voy a ser Manuelita Saenz”. Empecé a leer sobre ella, la época, la situación social en América de aquel entonces. Pasó el tiempo, parecía que el proyecto no se iba a ejecutar, lo aplazaban. Yo seguía estudiando y preparándome para un personaje que aún no existía y ni había convocatoria.

Esa tenacidad es muy Manuelita…

-Sentía que debía ser reivindicada, que por tantos años habían hablado de ella como “la amante de” y ella fue muchísimo más. Ella estuvo involucrada con la independencia de Perú antes de involucrarse con la de Ecuador. Se ve su verdadera esencia de libertadora. La historia se escribía por hombres que no le hicieron justicia. Muchos años después se descubrió la verdadera labor que tuvo. Me parecían geniales las cartas de ella con Bolívar, son bellísimas. Te habla de una mujer que tenía contradicciones. Cuando vos leés descripciones de Manuelita es como un teléfono descompuesto, es lo que dijeron de lo que dijeron. La describían siempre fuerte, viril, enojada, casi como una histérica. Pero en las cartas la describen viril, pero también femenina, fuerte, directa, con infantil ternura, inteligente, culta. Te habla de una mujer con contrastes, con complejidades. Esa representación de Manuelita era lo que me faltaba ver. Ella no era una rebelde sin causa, era una rebelde con causa, y su rebeldía radicaba en que ella era tan coherente con lo que sentía y lo que hacía. En aquel entonces una mujer podía querer algo, pero no podía decirlo, porque la sociedad la condenaba, era una mujer sin honra. Ella era totalmente coherente y por eso la veían como una amenaza

¿Cómo eran las mujeres del ejército patriota?

-Se sabe muy poco, no hay tanta información de cuántas eran. El trabajo que más se conoce de ellas era el de enfermería, en la logística, le daban la comida a los soldados, también eran espías. Ese rol era muy importante, eran las estrategas detrás de la batalla. Manuelita sí batalló, estuvo en el campo de batalla peleando y también tuvo rol de espionaje. Se inmiscuían en los círculos políticos y así podían prevenir ataques o elaborar una estrategia más concreta para el ejército patriota.

“Señor: usted es excelente, es inimitable; jamás diré otra cosa sino lo que es usted. Pero, mi amigo, dejar a usted por el general Bolívar es algo; dejar a otro marido sin las cualidades de usted, sería nada.
¿Y usted cree que yo, después de ser la predilecta de este general por siete años, y con la seguridad de poseer su corazón, preferiría ser la mujer de otro, ni del Padre, ni del Hijo, ni del Espíritu Santo, o de la Santísima Trinidad?
Si algo siento es que no haya sido usted mejor para haberlo dejado. Yo sé muy bien que nada puede unirme a Bolívar bajo los auspicios de lo que usted llama honor. ¿Me cree usted menos honrada por ser él mi amante y no mi esposo? ¡Ah!, yo no vivo de las preocupaciones sociales, inventadas para atormentarse mutuamente.
Déjeme usted en paz, mi querido inglés. Hagamos otra cosa. En el cielo nos volveremos a casar, pero en la tierra no. ¿Cree usted malo este convenio? Entonces diría yo que usted es muy descontentadizo”, escribió Manuelita a James Thorne, en una de las cartas más populares de ella anunciándole su separación. “Langostino desabrido”, así lo describía ella. En una decisión que causó gran controversia en la época, Manuelita se separó de Thorne para iniciar una relación con Bolívar y vivir sola en una casa.

-La separación de Manuelita con su esposo, James Thorne, fue algo bastante insólito para la época. Quedaron casados en papeles, pero separados y cada uno eligió con quien estar. ¿Cómo analizás ese vínculo?

-Si bien ella no estaba enamorada, se lo dijo de frente, fue honesta. La madrastra de Manuelita le había dicho “sé una señora, una vez que estés casada vas a poder ser libre”, lo cual me parece terrible, pero terminó siendo real. Ella entendió que, si quería conseguir algo tenía que jugar con las reglas que la sociedad le imponía, si ella era una señora “honrada”, iba a poder escuchar de política en los círculos sociales y saber qué pasaba. Cuando se despide de Thorne para irse con Bolívar, fueron honestas las palabras de gratitud. Thorne la dejó ser, obviamente le molestó cuando se hizo pública la relación de Manuelita con Bolívar, crearon sus propias reglas de pareja y bueno, se despidieron. Si tu me preguntas cuál era el deseo de Manuelita, era pertenecer. Sentirse útil, abocarse de lleno a la causa, pertenecer a la historia. Ser alguien.

Para Shany Nadan, la serie de Bolívar tiene personajes femeninos fuertes, son mujeres emancipadas y tienen una historia sólida que contar.

¿Qué cosas tuyas encontrás en la figura de Manuelita?

-La determinación, cuando queremos algo trabajamos para conseguirlo. Yo estudié la historia de ella años antes de que existiera el personaje. Compartimos la generosidad, ella era una mujer de gente, le gustaba estar con el pueblo, entregada a las causas. Yo creo que esa cualidad la compartimos. Sin duda ella es más valiente que yo, yo soy más diplomática y ella no tenía filtro, yo soy más metódica, analizo. Manuelita pensaba con las vísceras, muy pasional. Creo que es una cualidad que muchas suprimimos, pero ella no, ella decía lo que pensaba.

¿Qué es lo que te dejó Manuelita?

-La lección de la coherencia. Hay tantos factores sociales, familiares que afectan nuestras decisiones y no siempre podemos hacer lo que deseamos. También me enseñó a no tenerle miedo al conflicto, como yo soy más diplomática al final no digo lo que pienso a veces para que no se armen problemas. Ella me enseñó a decir No.

Que es bastante, a las mujeres nos crían para decir que sí.

-Exacto. Está tan impregnado en la sociedad, nos crían así, es el chip que tenemos a decir que sí, “la sumisión, la mujer tranquila se ve más bonita”. Es difícil resetearse de eso, pero sin duda nos estamos volviendo más conscientes. Tenemos que poder decir lo que pensamos y hacer lo que queremos, ser dueñas de nuestras decisiones. Obviamente es difícil empezar a ponerlo en práctica.

Con la muerte de Bolívar cambia radicalmente la situación política, económica y social de Manuela. La despojan de su grado militar y de la renta que le correspondía. Queda en situación de pobreza y comienza a vender sus pertenencias. Viaja al Ecuador para arreglar su situación económica con el cobro de sus créditos pendientes y para hacerse cargo de la hacienda «Catahuango», pero fue expulsada por el presidente Vicente Rocafuerte, por el miedo al poder político y militar que podría readquirir Manuela. Ella se instala en Perú, en un pueblo costero.

El 23 de noviembre de 1856 fallece Manuela por una epidemia en el pueblo. Sus restos fueron sepultados en el cementerio general de la ciudad y, después de varios años, exhumados y depositados en el olvido de una fosa común.

“Muerta Manuela, se habría pensado que al menos se respetaría su memoria y concluirían las habladurías sobre su conducta, muchas de ellas inventadas por sus enemigos políticos. Pero no ha sido así, y hay escritores fantasiosos, en busca de éxitos fáciles a cambio del honor del prójimo, que siguen dando pábulo a todas las infamias que se inventaron contra ella, aunque nadie ha podido comprobarlas ni en una mínima parte. Si con la batalla de Ayacucho se consolidó la independencia de Hispanoamérica, y Manuela fue la heroína de esta batalla, su fama y prestigio deberían ser continentales. Pero no fue así.”, escribió Carlos Alvarez Saa, biógrafo de Manuelita y compilador de su diario íntimo.

El 5 de julio de 2010, durante la celebración del 199° aniversario de la firma del Acta de Independencia de Venezuela, se colocó un cofre con la tierra de la localidad donde fue enterrada Manuela Sáenz en el Panteón Nacional. Sus restos yacen junto a los de Simón Bolívar. Se le concedió póstumamente el ascenso a Generala de la división del Ejército Nacional Bolivariano por su participación en la guerra independentista, acto al que asistieron el ex presidente de Ecuador Rafael Correa y el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

“Manuela fue una de las mujeres más destacadas de la lucha por la independencia latinoamericana. Sus detractores la denigraron por ser una trasgresora para la época. Porque no se limitó al rol tradicional otorgado a las mujeres: no confeccionó uniformes ni banderas, no fue una simple acompañante del Ejército, no fue cocinera ni prostituta, fue mucho más que enfermera y espía. Y aunque quisieron mantenerla en el lugar de “amante de”, no lo lograron. Tuvo ideas muy avanzadas sobre la integración latinoamericana y los derechos de las mujeres. Intercambió sobre ello incluso con Juana Azurduy a través de varias cartas”, reflexiona María Paula García, docente y autora del libro Libertadoras de la Patria Grande. 

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