Juan Nevani y Checha Naab en Bebop Club

Las baladas de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong

El pianista y la cantante se lucen en este espectáculo denominado “Celebrating Ella & Louis”.
Nevani y Naab actúan los martes de enero en el club de Moreno al 300. Nevani y Naab actúan los martes de enero en el club de Moreno al 300. Nevani y Naab actúan los martes de enero en el club de Moreno al 300. Nevani y Naab actúan los martes de enero en el club de Moreno al 300. Nevani y Naab actúan los martes de enero en el club de Moreno al 300. 
Nevani y Naab actúan los martes de enero en el club de Moreno al 300.  
Imagen: Verónica Martínez

Clima cálido. Zona de confort de la que nadie quiere salir, aquí. El rojo de las cortinas, el negro de las mesas, cierta oscuridad al tono y una música que invita a quedarse. “Qué bueno que sigan acá”, es el chiste de Juan Nevani, hombre al piano en la noche en BeBop. “Se puso lindo, parece”, arriesga Checha Naab, cantante a la que a veces le da por verter escobillas en un redoblante. Ambos están a punto de comenzar la segunda vuelta de su primera fecha en el club de Moreno al 300, secuencia que repetirán hasta el último martes del mes. Y que destinarán a repasar, a sus propios modos, esas baladas jazzy que Ella Fitzgerald y Louis Armstrong grabaron a mediados de la década del cincuenta. “Soy fanática de Ella, la amo, y hace tiempo tenía ganas de hacer algo así”, dirá Naab a PáginaI12, una vez terminado el recital titulado “Celebrating Ella & Louis”. “Es un desafío, porque en esas grabaciones no están ellos dos solos, sino con el trío de Oscar Peterson de piano, contrabajo y batería, que la rompe. Por eso hicimos adaptaciones a nuestras posibilidades expresivas, y con los elementos técnicos al alcance”, agrega Nevani.

Es un jazz agradable y lúdico el que suena. Ambos cantan. Prima la improvisación vocal, el scat. Prima el viejo, fino y querido swing. Suenan versiones bastante libres de “Let´s do it, Let´s fall in love”, de Cole Porter. De “Dream a Little, dream of me”, del tándem Andre-Schwandt. Y de “Stopin´at the savoy”. “el primer club de jazz no segregado”, recuerda Nevani al público, sobre el clasicazo de Edgar Sampson. Hasta se dan el lujo de versionar “Rubias de New York”, de Gardel-Le Pera, en clave de swing, y con final semi feliz. “Hice lo que pude, estoy acostumbrada a cantarla en grupo”, se ríe después la cantante. Bien ahí, porque lo que no puede sola lo hace con de Jivers, cuarteto vocal en que milita hace casi diez años, y junto al que acaba de publicar el disco Swingin’ Harmony’.

Es vasto, y se nota, el devenir de Naab en el jazz tradicional. Además de liderar otra agrupación del palo (Checha & The Mortons), ha participado en muchos festivales internacionales. Entre ellos, el Buskers Bern, de Suiza; el Herrang Dance Camp, de Suecia, y el Koh Samui Music, de Tailandia, en el que compartió escena con Zakiya Hooker, la hija del gran John Lee. “Estos temas que grabaron Ella y Louis los escuché tanto desde chica que el desafío, para mí, no pasa por aprenderlos para sacarlos, sino por desaprenderlos para ponerle algo mío”, dice ella, también ducha en música barroca, gospel y blues, como prueban sus intervenciones junto a Cristina Dall, Blue Jam, grupo formado en la Escuela de Blues del Collegium Musicum, y King Size, la banda de blues, soul y jazz de Daniel Raffo. Su compañero, en tanto, comanda el grupo Jazz´n Beatles, y homenajea seguido a Nat King Cole y Frank Sinatra. “Lo que dice Checha es tal cual, porque si hacés covers te arriesgás a quedar como una fotocopia medio desteñida. Nunca vamos a ser ni Ella, ni yo Louis de verdad”, ríe. “Entonces, recreamos las versiones con arreglos propios, rompiendo algunas estructuras, y manteniendo otras que están en el estilo

Naab y Nevani se conocieron bailando swing. “Fue en una especie de swinglonga de Chacarita, sí, hará nueve, diez años. Ella me dio una clase a mí, y otra a mi vieja. Estuvo bueno, porque el baile es algo que no se razona, que se mantiene con el propio peso, más allá de academias y virtuosismos”, refrenda el pianista que, a veces –no esta noche, claro— también toca el contrabajo. “Nos cruzábamos mucho en fiestas de amigos con baile, o jam´s. Cantábamos, tocábamos, en fin, se dio esa magia, esa química necesaria para encarar cualquier proyecto”, agrega Naab. “Bailar, para mí, significó un antes y un después en el canto. El swing es eso, es baile. Uno lo canta, lo toca, está bien, pero si no lo tiene internalizado en el cuerpo, no es lo mismo”. Tales encuentros, entonces, más una cuota de azar, hicieron que ambos pensaran en armar algo más profesional. “En un momento se dio que él necesitaba una Ella, y yo un Louis”, ríe Checha. “Claro: suela para mi Louis y mi Louis para suela. Esto es lo que somos”, remata él. 

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