Emergencia sanitaria en el Chaco salteño

Una propuesta para afrontar la crisis desde la multiculturalidad

Concientización, sensibilización, visibilización, y empoderamiento son los conceptos volcados en una propuesta de mujeres originarias que espera respuesta de las autoridades sanitarias.

Contar con un traductor wichí-castellano es insuficiente. Sobre todo si dentro del Hospital recibe el mismo maltrato que el paciente de la comunidad originaria. En ese entendimiento desde el Grupo de Mujeres Originarias ARETEDE (que a su vez dirige contenidos en la radio comunitaria La Voz Indígena), se presentó una propuesta integral para afrontar la emergencia sanitaria ante Juan López, el nuevo gerente del Hospital Juan Domingo Perón, de Tartagal, ciudad cabecera del departamento San Martín. Este es uno de los principales hospitales de Salta que tiene un primer contacto con las familias originarias cuando afrontan situaciones críticas en su salud de alguno de sus miembros.

Leda Kantor, antropóloga y e integrante de la organización de las mujeres originarias, contó a Salta/12 que López fue quien se mostró interesado en buscar alguna solución a la problemática que existió siempre pero quedó expuesta ante la denuncia pública de la muerte de 6 niños (cinco de ellos del pueblo wichí), por causas calificadas como evitables.

Además de la falta de insumos, infraestructura, y recursos humanos, el problema en el sistema sanitario reside en la falta de entendimiento entre las comunidades y quienes están a cargo de su atención. La interacción se da en un contexto en el que están muy presentes las huellas del proceso colonizador. Un proceso unilateral y violento.

Las mujeres de ARETEDE vienen analizando desde hace tiempo distintas problemáticas. Entre ellas la situación a la que se enfrentan en el sistema de salud. El sueño mayor de la organización es un proyecto más ambicioso: la creación de un hospital multicultural. Kantor explicó que la idea es enclavar la institución dentro de una comunidad originaria con su territorio regularizado “desde donde se trabaje de igual a igual con medicina tradicional de los pueblos originarios y de la cultura occidental”.

Una acción menos ambiciosa pero que las mujeres originarias entendieron necesaria es una propuesta integral. En principio se desarrollaría en el Hospital de Tartagal. Pero precisa de algún presupuesto. Para la antropóloga, esa iniciativa sólo podrá funcionar si se la cumple como se la propone.

La propuesta

Los puntos que hacen a la propuesta apuntan a la sensibilización y capacitación del personal del Hospital en cuanto a la historia y cultura de los pueblos originarios. Se busca generar desde lo comunicacional programas de radio con audios en idiomas originarios para atender a la problemática. Este es un trabajo que tiene origen en la radio La Voz Indígena.

Otra acción apunta a “la referenciación simbólica de las identidades haciendo murales que reflejen sus historias y culturas”, en el Hospital. Para Kantor, las referencias también se reforzarían con las banderas de los pueblos originarios y cartelería en distintos idiomas indígenas dentro de la institución.

Se agrega la necesidad de trabajar en la institución sanitaria con facilitadores indígenas que conozcan los idiomas y que puedan acompañar a los pacientes de las comunidades. Para ello deben ser empoderados y reconocidos como un nexo desde donde se pueden dar respuestas.

“Es esencial la presencia de parteras originarias que puedan dar atención y brindar contención”, dijo la integrante de ARETEDE. Esto ante la relevancia que tienen las parteras para las mujeres originarias, que cuentan con saberes ancestrales que para las comunidades son muy importantes y “no se atendieron nunca”. Entre otros puntos mencionó la práctica del enterratorio de las placentas. “Con su presencia creemos que se pueden ir revirtiendo algunas cosas”, dijo la antropóloga.

La grieta cultural

Hace dos años una joven de 18 años se vio obligada a dar a su hijo en adopción. La criatura tenía casi tres años (la chica fue mamá a los 15), y tuvo problemas de salud complejos.

La madre (aún menor de edad en aquel momento), integrante de una comunidad originaria, estaba sola. Hablaba poco el castellano y ante el desarraigo en más de una ocasión quiso irse del Hospital con su hijo. Pese a su evidente sufrimiento, la solución del Hospital fue la misma que se suele dar en general a las madres y padres de las comunidades de la zona: la Policía. Se dispuso una custodia femenina permanente a la chica y finalmente dio a su bebé en adopción.

“Ella no tenía a dónde estar. Entonces la situación se hace insostenible”, evaluó Kantor. Frente a esta realidad otra parte de la propuesta sostiene la necesidad de contar con habitaciones para que las comunidades las usen como albergue porque “hay gente que está días, semanas, meses y a veces años”, por las complejas situaciones de salud que se presentan en sus familias. Para las mujeres es importante que ese lugar sirva de contención y en él se puedan “hacer y producir artesanías, trabajar desde el arte y la música como hay en otros hospitales”. Estos lugares, indicaron las mujeres originarias que elaboraron la propuesta, tienen que convertirse además en un lugar de encuentro de las culturas con el fin de que los trabajadores del Hospital también puedan recibir, conocer y comprender a quienes debe servir.

El objetivo de la propuesta integral apunta a cerrar una “grieta enorme entre el personal del Hospital y la gente originaria”.

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