El Papa apuntó a las multinacionales y a los gobiernos que dan espacio a los intereses colonizadores

Francisco critica a explotadores del Amazonas

El pontífice no reconoció el derecho al diaconado de las mujeres como tampoco el casamiento de los curas. 
Imagen: AFP

Desde Roma

En su Exhortación Apostólica “Querida Amazonia”, difundida el miércoles por la Santa Sede, el papa Francisco dio algunas directrices claras para afrontar la situación amazónica que se había abordado en el sínodo de obispos realizado en el Vaticano en octubre pasado, pero evitó aceptar algunas de sus propuestas, las que más polémicas habían desatado, como el sacerdocio para indígenas casados y el diaconado (primer nivel de la ordenación sacerdotal) para las mujeres.

En los 111 puntos tocados en los cuatro capítulos de la Exhortación Apostólica, el Papa, como de hecho lo haría un sociólogo, abordó no sólo temas religiosos, sino aspectos económicos, políticos y ecológicos para permitir un mejor marco teórico de comprensión de los problemas que acongojan a la Amazonia, un territorio que incumbe a nueve países de América Latina.

“Nuestro sueño es el de una Amazonia que integre y promueva a todos sus habitantes para que puedan consolidar el buen vivir”, escribió Francisco, que además criticó ferozmente los “intereses colonizadores” que se expanden legal e ilegalmente, sobre todo en la explotación de madera y minería, que han ido “acorralando y expulsando” a los pueblos indígenas, los que a su vez se ven obligados a migrar hacia las ciudades donde son “esclavizados” a todo nivel. “La disparidad de poder es enorme -continuó Francisco-. Los débiles no tienen recursos para defenderse, mientras el ganador sigue llevándose todo, los pueblos pobres permanecen siempre pobres, y los ricos se hacen cada vez más ricos».

Las críticas del Papa no fueron sólo contraan las empresas multinacionales que explotan el Amazonas, sino también contra los gobiernos que autorizan esa explotación. “Cuando algunas empresas sedientas de rédito fácil se apropian de los territorios y llegan a privatizar hasta el agua potable, o cuando las autoridades dan vía libre a las madereras, a proyectos mineros o petroleros y a otras actividades que arrasan las selvas y contaminan el ambiente, se transforman indebidamente las relaciones económicas y se convierten en un instrumento que mata”, escribió Francisco, recordando la penalización de las protestas, la eliminación de algunos indígenas que se oponían a los proyectos, la creación intencional de incendios forestales, la corrupción de políticos además de las graves violaciones de los derechos humanos, de nuevas esclavitudes que afectan especialmente a las mujeres, de la peste del narcotráfico y de la trata de personas que se aprovecha de quienes fueron expulsados de su contexto cultural.

Llamó asimismo a construir “redes de solidaridad”, “una globalización que no deje nadie al margen”, mediante una agricultura y ganadería sostenible, energías que no contaminen y fuentes de trabajo que no impliquen la destrucción del ambiente.

El papa Francisco, como lo había hecho ya anteriormente, en la Exhortación Apostólica reconoció que “no siempre” los misioneros de la Iglesia que trabajaron en esa área estuvieron del lado de los oprimidos. “Me avergüenzo y una vez más pido humildemente perdón”, no sólo por las ofensas a la Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. También criticó la “corrupción” existente en América Latina, sin excluir que la Iglesia a veces puede haber estado implicada, “guardando el silencio a cambio de ayudas económicas”.

No habrá una ecología sana y sustentable, capaz de transformar algo, “si no cambian las personas, si no se las estimula a optar por otro estilo de vida, menos voraz, más sereno, más respetuoso, menos ansioso, más fraterno”, indicó Francisco. También habló de la necesidad de “inculturación” es decir de la armonización del cristianismo con las culturas de los pueblos amazónicos, que dada la situación de pobreza de tantos habitantes de la Amazonia, “tendrá que tener un perfume marcadamente social y caracterizarse por una firme defensa de los derechos humanos”.

No a los curas casados ni a las mujeres diáconos

Respecto a los dos temas polémicos -criticados por los sectores más conservadores de la Iglesia que acusaron al documento preparatorio del Sínodo como “herético” por ese motivo- habían salido a relucir por la escasez de sacerdotes que hay en esas tierras lo que hace que los católicos puedan tomar la comunión sólo una o dos veces por año. En la Exhortación Apostólica el Papa reconoció que “La pastoral de la Iglesia tiene en la Amazonia una presencia precaria, debida en parte a la inmensa extensión territorial con muchos lugares de difícil acceso, gran diversidad cultural, serios problemas sociales, y la propia opción de algunos pueblos de recluirse. Esto no puede dejarnos indiferentes y exige de la Iglesia una respuesta específica y valiente”. Pero al mismo tiempo subrayó que “el modo de configurar la vida y el ejercicio del ministerio de los sacerdotes no es monolítico, y adquiere diversos matices en distintos lugares de la tierra” pero que “sólo él puede presidir la Eucaristía. Esta es su función específica, principal e indeleble”.

Por esta acuciante necesidad de sacerdotes, el pontífice exhortó a todos los Obispos, en especial a los de América Latina, no sólo a “promover” las vocaciones sacerdotales, sino también a “orientar a los que muestran vocación misionera para que opten por la Amazonia”.

El Papa no descartó que, aunque se necesitan “ muchos más diáconos permanentes”, las religiosas y los laicos “puedan asumir responsabilidades importantes”. “Los desafíos de la Amazonia exigen a la Iglesia un esfuerzo especial por lograr una presencia capilar que sólo es posible con un contundente protagonismo de los laicos” y un “esfuerzo de inculturación”, añadió Francisco.

Refiriéndose al rol de las mujeres, y sobre este punto seguramente va a haber muchas mujeres indígenas y religiosas descontentas, el Papa reconoció la gran labor realizada en la región amazónica por mujeres “fuertes y generosas: bautizadoras, catequistas, rezadoras, misioneras”, pero no reconoció su derecho al diaconado. “Durante siglos las mujeres mantuvieron a la Iglesia en pie en esos lugares con admirable entrega y ardiente fe. Ellas mismas, en el Sínodo, nos conmovieron a todos con su testimonio”, subrayó Francisco. Pero al mismo tiempo advirtió sobre los errores de un “reduccionismo” que “nos llevaría a pensar que se otorgaría a las mujeres un status y una participación mayor en la Iglesia sólo si se les diera acceso a la ordenación sacerdotal. Pero esta mirada en realidad limitaría las perspectivas, nos orientaría a clericalizar a las mujeres, disminuiría el gran valor de lo que ellas ya han dado y provocaría sutilmente un empobrecimiento de su aporte indispensable”. Sin las mujeres la Iglesia “se derrumba” como “se habrían caído a pedazos tantas comunidades de la Amazonia si no hubieran estado allí las mujeres”, enfatizó el papa. Pero casi al concluir Francisco reconoció que las mujeres “deberían poder acceder a funciones e incluso a servicios eclesiales que no requieren la ordenación sacerdotal”.

Pero el mensaje final de Francisco sobre los temas más polémicos fue no cerrarse completamente porque, advirtió, “suele ocurrir que en un determinado lugar los agentes pastorales vislumbran soluciones muy diversas para los problemas que enfrentan, y por ello proponen formas aparentemente opuestas de organización eclesial. Cuando esto ocurre es probable que la verdadera respuesta a los desafíos de la evangelización esté en la superación de las dos propuestas, encontrando otros caminos mejores, quizás no imaginados”.

Fruto de la Asamblea especial del Sínodo de Obispos de la región Panamazónica (“Amazonas: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”) que se hizo en el Vaticano, la Exhortación Apostólica había sido prometida por el papa el finalizar el encuentro.

El sínodo sobre el Amazonas, sin precedentes en la historia de la Iglesia, entre otras cosas bregó por la “opción preferencial por los pueblos indígenas” (en tácita alusión a la “opción preferencial por los pobres” surgida del Concilio Vaticano II en la década del 1960). E incluyó, entre muchas otras cosas, el reconocimiento de la sabiduría indígena sobre la biodiversidad, la necesidad de definir el “pecado ecológico”, el compromiso de defender los derechos humanos y las críticas a las empresas que explotan la región. 

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