Agustín David Maril tiene 19 años, es argentino y desde hace tres semanas está detenido en una cárcel de Chile. Lo cazaron en la calle tras participar de una manifestación en Plaza de la Dignidad y lo encerraron, en principio, por 45 días. Lo acusan de disturbio público con la sola versión de Carabineros, que lo detuvo mientras cenaba en la calle lo más tranquilo. El Estado chileno informó, tarde y mal, al Consulado argentino sobre la situación de Agustín, pero desde allí tampoco hicieron mucho. La familia supo de la situación por intermedio de una organización que pelea por los derechos de los detenidos en el marco de la represión en loop que sostiene el presidente Sebastián Piñera desde octubre pasado, que tejió redes hasta dar con elles. No bien se enteraron, se instalaron en la capital chilena, abrazados por integrantes de esa agrupación. Lo pueden ver una vez por semana. Están preocupados.

“Nos enteramos de pura casualidad”, recordó Carlos, el papá de Agustín, que se quedó en Argentina porque no puede dejar el trabajo. En realidad, más que casualidad fue militancia y la insistencia de construir redes solidarias en contexto de persecución y represión como el que atraviesa el país vecino: a la familia Maril la contactaron desde la Coordinadora por la Libertad de los Prisionerxs Políticxs 18 de Octubre. La fecha alude al día de las primeras marchas masivas y las primeras represiones brutales y les dijeron que habían oído que entre chilenos y chilenas presos había un argentino, que habían averiguado su nombre y que había resultado ser el hijo menor de esa familia. Ayudó mucho a esa red otra, construida por les hermanes de Agustín: “Varixs de lxs hermanxs somos viajeros y conocemos gente en varios lugares”, contó a este diario Ángel, el hermano que recibió el aviso.

Los hechos

Agustín nació en Burzaco, al sur del conurbano bonaerense. Estaba viajando de mochilero, haciendo malabares en cada lugar donde paraba. La recorrida, como otras que había hecho años atrás, había comenzado a principios de 2019 en la Costa Atlántica, donde pasó casi toda la temporada de verano. Luego fue a Rosario y después a Córdoba, San Luis y Mendoza. Por Mendoza cruzó hacia Chile; se instaló en Santiago. Ya era julio y ahí se quedó.

”Hizo amigos y se encariño con el lugar”, contó Mara, una de sus tres hermanes mayores. Pero entonces Chile empezó a bullir y “al momento que comenzaron las protestas se le hizo imposible no empatizar con todo lo que estaba pasando y comenzó a marchar”, señaló.

El 23 de enero pasado había participado de una movilización en Plaza de la Dignidad. El ambiente, como siempre desde que chilenos y chilenas comenzaron a exigirle a la dirigencia política un cambio rotundo, estaba denso. Desconcentró y se fue a comer algo. Estaba en eso, a una cuadra del Memorial Mauricio Fredes, que está ahí nomás de la plaza, cuando “tres camionetas con diez pacos en cada una de ellas se bajaron y lo detuvieron junto con tres compañeros que quisieron ayudarlo”, le contó a su familia. También aclaró que “a los demás chicos le pegaron mucho, a una casi le revientan los testículos y los soltaron, pero a él lo detuvieron”.

Le adjudicaron la supuesta comisión del delito de “desorden público” provocado por el “arrojo de bombas incendiarias”. Lo encerraron en el penal Santiago 1, cuyo módulo 14 está especialmente asignado a personas cazadas por Carabineros desde octubre pasado, cuando las calles comenzaron a poblarse de gente. El estado chileno le asignó un defensor oficial que lo representó en la audiencia judicial que tuvo lugar días después. Allí, le confirmaron a Agustín la acusación y le aplicaron una medida cautelar de prisión preventiva por 45 días.

La situación es “difícil”, reconoce Mara, que junto a sus hermanes y se instaló en Chile no bien supieron de la situación. El defensor oficial que le asignaron al chico aún no fue a visitarlo a la cárcel, pero elles sí se entrevistaron con él. “Nos dijo que iba a ir a verlo el lunes 10 o martes 11, lo llamamos el martes y dijo que iba a ir miércoles 12, volvimos a comunicarnos el miércoles y nos dijo que iba a ir a principio de la semana que viene lunes 17 o martes 18”, describió la chica. La situación les preocupa, pero antes de tomar cualquier decisión quieren que el abogado hable con Agustín. “No sabemos qué puede pasar, todo es muy incierto, a todxs lxs detenidxs le alargan la medida cautelar, así que la única certeza que tenemos es que va a llevar tiempo”, sostuvo.

Al Consulado argentino notificaron recién una semana después, pero con datos fraguados. “Dijeron que lo detuvieron el 27 de enero, mentira”, advierte Federico Pagliero, abogado integrante de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos que intenta establecer mecanismos de ayuda a David en territorio argentino.

La primera visita

Pagliero fue la primera persona que visitó a Agustín. El chico, cuando supo que alguien preguntaba por él, no podía creerlo. “Muy sorprendido me dijo que en Santiago no tiene a nadie y que cuando el guardia lo llamó no lo podía creer. Me pidió permiso para abrazarnos. Nos abrazamos. Compartimos dos horas de charlas y tomamos gaseosa y galletitas. Estaba muy preocupado por su situación ya que en ningún momento nadie del Consulado se acercó a verlo”, relató el abogado.

Legó al módulo 14 del penal Santiago 1 luego de que un grupo de familiares de presos políticos con los que estaba reunido en representación de APDH comentara el caso del “argentino preso”. Tras varios controles llegó al pabellón, un “salón largo” en donde ganaba el bullicio y estaba “repleto de familiares de presos políticos, que compartían algo para comer, charlaban” con aquellos que iban a ver, todos, en su mayoría, chicos de entre 18 y 25 años. Como Federico no conocía a David, comenzó a buscarlo. “¿Alguien conoce al argentino?”, probó. Un gendarme lo fue a buscar. Lo vio bien, pero triste. La semana siguiente fue la familia. “Nos dijo que no le pegaron. No nos cuenta mucho de cómo lo tratan, sabemos que se bañan con agua helada y que la comida que le dan es incomible y escasa, en el horario de la tarde cuando hay visita se tienen que ir antes para comer o se pierden la comida, cuando vamos a visitarlo se queda con nosotrxs y se arriesga a no comer. Y que a él no se lo hicieron, pero a compañeros sí, hay castigos, los meten en un congelador o les pegan con luma en la espalda”, relató Mara.

Pagliero acudió urgente al Consulado tras su visita. Presentó un relato formal sobre el caso y solicitó intervención: “Todavía no tenemos novedades”. Acudieron al penal una sola vez, le llevaron artículos de higiene. No respondieron al pedido de la familia, de que los ayuden con el alojamiento mientras aguardan cómo avanza la situación judicial de Agustín. “Nosotrxs nos vamos a quedar el tiempo que sea necesario, por ahora tenemos alojamiento y estamos esperando a que el consulado nos confirme si puede ayudarnos. Aquí nos ayuda la gente de chile pero el consulado hace poco y nada”, resaltó Mara.

A merced de la defensa oficial local, Agustín por el momento no tiene más alternativa que esperar a una nueva audiencia, que vendrá al finalizar los 45 días de encierro ordenados por la medida cautelar. “La situación es difícil como la mayoría de los casos de los presos políticos tras la represión. La versión de Carabineros basta para encarcelarlos, enjuiciarlos y condenarlos. El papel judicial está jugando un rol macabro”, remarcó Pagliero, quien insistió que esto se da “en un contexto de terrorismo de Estado: con más de 35 asesinatos, centenares de personas que perdieron la visión por los ataques de las fuerzas de seguridad y más de 2400 presos políticos” desde que comenzaron las protestas en Chile.

“Tenemos miedo porque las cosas están muy jodidas allá, por lo que cuentan. Siguen reprimiendo gente, siguen encarcelando y lastimando”, apuntó Carlos, el papá. Ángel aseguró que el encierro “debe ser duro” para su hermano, que “por cómo siente la vida debe sufrir no moverse con libertad”. Y está preocupado: “Siendo realista, con el contexto y basándonos en los casos que estamos conociendo, las medidas cautelares se están extendiendo, se están aprobando leyes que siguen criminalizando la protesta el panorama no es muy alentador”.