Entró como el rey de los gitanos, sentado en un trono y llevado al ring del MGM Grand Garden Arena de Las Vegas por cuatro princesas cimbreantes. Salió como el nuevo rey del boxeo, el campeón de los pesados del Consejo Mundial. El inglés Tyson Fury pulverizó al hasta entonces invicto estadounidense Deontay Wilder. Le ganó por nocaut técnico al minuto y 39 segundos del 7º asalto. Y abrió un nuevo ciclo en el boxeo. Inglaterra es a partir de la madrugada del domingo, la nueva capital del peso completo. Porque también es inglés Anthony Joshua, el dueño de las tres versiones restantes (Asociación, Organización y Federación) del título de la máxima categoría.

¿Unificarán pronto Joshua y Fury todos esos títulos? La especulación empezó a crecer casi al mismo tiempo que el árbitro Kenny Bayless levantaba la mano de Fury y lo consagraba vencedor. Bob Arum, el nonagenario capo de la Top Rank, que tiene firmado por cinco peleas al nuevo campeón por una paga de 100 millones de dólares, impulsará pronto esa pelea. Aunque no resultará sencillo armarla. A Joshua, lo maneja Eddie Hearn, el poderoso promotor y manager, factótum de la cadena DAZN, que gana terreno en todo el mundo a partir de sus transmisiones por Internet. Fury, en cambio, es hombre de Frank Warren, un tradicional empresario que se ha hecho fuerte en Europa y que detesta a Hearn. Hearn y Warren nunca han hecho negocios juntos. Arum cree que puede llegar a juntarlos. Hay mucho dinero en juego que no se puede desperdiciar por una simple antipatía entre dos personas, por más poderosas que sean.

Pero es preciso esperar antes de empezar las tratativas: Joshua habrá de defender sus coronas presumiblemente ante el búlgaro Kubrat Pulev, el primer clasificado de la Federación. Si ello sucede, la Organización, que pretende que el ucranio Oleksandr Usyk sea su rival, despojará a Joshua de su título y quedará abierta una vacante que acaso, Fury pretenda cubrir para sumar un nuevo cinturón al que acaba de conseguir. El gran negocio es el choque entre Joshua y Fury, tal vez ante 90 mil espectadores en el estadio de Wembley o bien en Arabia Saudita o alguna otra superpotencia petrolera de Medio Oriente. Fury y Pulev harían mucha menos plata e interesarían bastante menos, aun peleando por tres de los cuatro títulos.

La espectacular entrada de Fury al cuadrilátero del MGM de Las Vegas. (AFP)

Por contrato, Wilder tiene derecho a una revancha. Pero nadie cree que vaya a ejecutarla. Recibió una tunda inmisericorde y se cree que la hemorragia que sufrió dentro del oído izquierdo fue producto de una fractura de tímpano que le llevara no menos de 6 meses poder superar. Fury lo superó con armas sencillas (un jab de izquierda profundo y poderoso y una derecha cruzada reiterada y consistente), lo derribó en el 3º y el 5ª round y le hizo sentir en todo momento los 19 kilos más que portaba (123,600 contra los 104,600 que acusó el estadounidense).

Wilder sufrió el rigor de la pelea y, a partir de su primera caída, ya no pudo contener a Fury. (AFP) 

 

Sólo en los tres primeros asaltos, Wilder pudo conectar su derecha anestesiante. Luego de su primera caída, quedó vacío y en las tres últimas vueltas, su actitud corporal, su mirada perdida y sus piernas gelatinosas fueron el vivo presagio de su derrota. Fury no dejó pasar la oportunidad. Y el hombre que alguna vez intentó suicidarse estrellando su Ferrari contra un puente en Manchester le dio un giro a su historia. “El rey de los gitanos volvió a la cima del mundo” gritó desde el ring de Las Vegas. Nadie puede discutírselo.

Fury desbordó a Wilder y le hizo sentir los 19 kilos de ventaja. (AFP)