En la previa de la apertura de sesiones

Bettina vs Concejo: una pelea inesperada y precoz

Nadie sabe a qué atribuir el enojo que la intendenta tiene con el cuerpo de concejales. En una semana Romero dará su mensaje en el arranque del año legislativo y se verá la cara con los ediles.
Romero, frente a los concejales en los actos por la Batalla de SaltaRomero, frente a los concejales en los actos por la Batalla de SaltaRomero, frente a los concejales en los actos por la Batalla de SaltaRomero, frente a los concejales en los actos por la Batalla de SaltaRomero, frente a los concejales en los actos por la Batalla de Salta
Romero, frente a los concejales en los actos por la Batalla de Salta 

El encono de la intendenta, cuyos motivos por ahora nadie sabe explicar, con el Concejo Deliberante sigue sin resolverse

La evidencia pública tiene varios antecedentes, algunos inéditos y una no menos grave y delicada contraparte interna: hacia adentro del equipo de gobierno las rispideces con la jefa municipal van cobrando un vigor que, al parecer, fue más allá de la lógica de la divergencia en torno a temas puntuales de gestión.

La foto feliz de fin de año con los concejales quedó lejos. Pasaron solo dos meses y días de gestión, pero el deterioro del vínculo con el legislativo comunal, tiene la envergadura propia de años de desencuentros.

El conflicto por la continuidad de las prestaciones de la Cooperadora Asistencial y la permanencia de las fuentes de trabajo desató una serie de reproches mutuos impensados. El pico más alto de la confrontación fue público y sorprendente. La intendenta dijo que los concejales no trabajaban y del lado de los ediles retrucó con vehemencia el menos esperado. El concejal Ángel Causarano, que llevó la bandera de la candidatura de Bettina Romero, le dijo de todo.

El vicepresidente primero del Concejo Deliberante no fue ampuloso, más bien sencillo, calmo, pero demasiado elocuente para tan poco tiempo de gestión. Tanto, que nadie del Ejecutivo Municipal hizo un atisbo por responder.

La queja esencial fue la falta de diálogo, aspecto en el que comparó a la intendenta con el estilo más abierto y sencillo del gobernador, de quien dijo “siempre que lo llamo me atiende”. Tampoco nadie se hizo eco de sus pedidos, pero hoy se sabe que si las cosas siguen así, al menos 15 de los 21 concejales están dispuestos a marcar la cancha y conformar un bloque nutrido de oposición.

Lo de Causarano estuvo precedido por otros reclamos públicos similares, hechos por las concejalas Romina Arroyo y Cande Correa. Un poco más folclórica, esta última, en una carta abierta por redes sociales, dijo que la vio (a la intendenta) demasiado “histérica y sacada” al tiempo que se preguntó “cuál es la verdadera Bettinita... ¿la dama de hierro o la Heidi de la campaña electoral?". 

Ningún concejal fue invitado a la firma del acuerdo entre Ciudad y Provincia para resolver la cuestión de la Cooperadora Asistencial. La única explicación que recibieron los ediles sobre el alcance de ese documento se las dio el ministro de Gobierno de la provincia, Ricardo Villada, cuando ese gesto hubiera correspondido, sino a la intendenta a un funcionario político de alto rango municipal.

Hay que admitir que la instantánea puede parecer forzada y la intendenta pudo haber hecho un giro de saludo a las tropas, pero la foto que acompaña estas líneas, con la jefa comunal mirado a otro lado, no deja de ser la expresión más vívida de ese enojo manifiesto por los concejales, algunos de los cuales la están mirando.

El domingo 1 de marzo Romero debe abrir el período ordinario de sesiones en el Concejo Deliberante y la pregunta es ¿cómo se va a resolver, por decirlo con suavidad, esa falta de cordialidad política evidente entre la intendenta Bettina Romero y los concejales? ¿Hablará ante los concejales enojados con gesto adusto? ¿A la intendenta le interesa resolver? Si no es así, tal vez los concejales no quieran aprobar algunos proyectos, o habrá en estos días un sana sana.

El destrato a los concejales tiene su arista interna, con ribetes variados, sesgos inverosímiles y, como corresponde a los mitos que se arman en torno a los que tienen o manejan poder, una apreciable cantidad de exageraciones, algunas tal vez sean ciertas.

Por estos días circuló con bastante asidero la versión de que en este tiempo se produjo la renuncia de al menos dos de los más conspicuos miembros del gabinete comunal.

Una opinión cautelosa advirtió que llegar al mensaje inaugural del período ordinario de sesiones del Concejo Deliberante con dos renuncias en el equipo de gobierno, tendría ya ribetes de escándalo. La permanencia de ambos en el elenco municipal se sostuvo en el límite; fue la propia jefa comunal la que puso un paño frío.

Así es que han comenzado a ganar más que fuerza de pasillo, versiones, comentarios y dichos en torno al carácter enérgico y a veces desbordado de la intendenta.

La impronta de esa forma imperativa, habría alcanzado el esquema familiar más íntimo, siempre en el plano político, claro. Tal parece que el quiebre llegó a un punto muy alto; más de un funcionario comenta ya que “ni al padre le da pelota”.

Fue en los días previos a la entrega de la tarjeta alimentaria, que el gobernador Gustavo Sáenz recibió a emisarios de alto nivel del “romerismo” más acendrado.

Los encumbrados recaderos, con línea directa al ex gobernador y actual senador nacional Juan Carlos Romero, fueron expresamente a dejarle en claro al gobernador, que no tienen nada que ver, no participan, ni apoyan, ni están de acuerdo con el estilo confrontativo de la intendenta.

La ciudad todavía no empezó a andar, la gestión municipal se está reconfigurando en un contexto de dificultad económica severa cuyo horizonte no es bueno; aun así hay expectativas positivas en torno a las promesas de campaña y un largo camino de gestión, pero la comunidad no necesita conflictos artificiales, sino acciones.

Debemos recordarlo cómo ejemplo de honestidad y grandeza, y aplicarlo trabajando con consenso y sin mezquindades”. (Bettina Romero, sobre el general Manuel Belgrano, Salta, 20-2-2020).

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