En lo que va del año el real cayó 12% frente al dólar. La moneda norteamericana llega al fin de febrero valiendo 4,50 reales, marca histórica. En lo que va de febrero fueron quemados alrededor de 15 mil millones de dólares de las reservas en divisas. El efecto fue ínfimo: el dólar sigue avanzando en escalada sobre la moneda brasileña. Y luego de cinco jornadas seguidas la Bolsa de Valores de San Pablo llega al fin de febrero con un bajón de 11,6%.

En parte, dura consecuencia del impacto sobre la economía mundial de la epidemia del coronavirus.

Pero hay otro virus igualmente violento que provoca la corrosión del mismo mercado financiero que todavía lo respalda: el ultraderechista Jair Bolsonaro y la totalidad de sus actitudes. Sus seguidas muestras de agresividad y desequilibrio, la gravísima crisis abierta junto al Congreso y el mal desempeño de la economía en 2019 funcionaron como un violento freno en las expectativas.

A estas alturas, aseguran analistas económicos independientes (que no actúan en el mercado financiero), la coyuntura política cada vez más tensa y confusa asusta y aleja a los inversionistas, principalmente extranjeros. La inestabilidad alimentada por actitudes que demuestran puro desequilibrio emocional del presidente, agravada por iniciativas desatrosas de la inmensa mayoría de ministros, dejan claro que el actual gobierno está muy lejos de poder entregar lo que prometió.

Desde un primer momento del gobierno de Bolsonaro los inversores, tanto nacionales como extranjeros, dejaron claro que su foco no estaba en el presidente sino en Paulo Guedes, el exfuncionario de Augusto Pinochet que ocupa el puesto de súper-ministro de Economía.

Ocurre que Guedes no logró alcanzar ninguna de las metas estruendosamente anunciadas: el crecimiento de la economía en 2019 quedará girando alrededor de 1%, muy lejos de los 2,5% anunciados. El déficit fiscal quedará a distancias astronómicas del cero prometido. Y si antes del sacudón global provocado en la economía por el coronavirus las perspectivas de recuperación más significativas en 2020 ya eran más bien escasas, ahora desaparecieron.

En lo que va del año volaron del mercado brasileño de acciones 34.900 millones de reales, algo así como 7 .750 millones de dólares.

Los efectos del coronavirus en la economía global recién empezaron a sentirse alrededor del 20 de enero. Y en el primer mes de 2020, escaparon de Brasil 19. 150 millones de reales (4.250 millones de dólares). O sea, las perspectivas y previsiones económicas fueron brutalmente contaminadas por el ‘bolsonavírus’, a raíz de iniciativas especialmente agresivas del gobierno brasileño, antes del coronavirus.

En febrero aumentó significativamente la tensión en el ambiente político brasileño. Resultado: pese a ser un mes más corto, y pese a que la bolsa no funcionó por dos jornadas, gracias al Carnaval, 15.750 millones de reales (unos 3. 500 millones de dólares) se hicieron humo.

Las reformas prometidas por Paulo Guedes que servirían de acelerador para la economía dependen de aprobación del Congreso. Con Jair Bolsonaro uniéndose a los seguidores más torpes que lo respaldan con devoción de fanáticos para criticar duramente tanto al Congreso como a la Corte Suprema, el panorama no hace más que presentar un horizonte cada vez más turbio.

 

Si a eso se suma el número creciente --son millones-- que retornan a la pobreza extrema y a la miseria, la extinción de programas sociales y el descalabro en el sistema previsional, lo que aparece es un cuadro perfecto no para atraer, sino para espantar inversiones.