Una crónica desde el centro hasta los barrios

Coronavirus: las primeras horas de Buenos Aires bajo las nuevas medidas 

Hoteles que trabajan con menos del 10 por ciento de ocupación, farmacias y supermercados con alta demanda de productos de higiene, docentes que deben replantear el ciclo lectivo y calles semivacías: cómo cambió la ciudad con el aislamiento social.
Imagen: Bernardino Avila

“Hoy la estación estuvo muy poco habitada hasta hace un rato”, señalaba en Retiro uno de los empleados ferroviarios, sentado en una banqueta junto a los molinetes de salida  y entrada de los andenes. En el lugar, habitualmente atestado desde las 7 de la mañana, alrededor de las 9 de las formaciones bajaban apenas algunas mujeres y algunos hombres vestidos como para ir a una oficina. En la estación, el movimiento de pasajeros era mínimo. 

En el centro, donde habitualmente la circulación de personas es tan intensa como la de autos, por las veredas angostas había espacio para caminar. A dos cuadras de Plaza de Mayo, aunque los locales de enfrente estaban abiertos, las escalinatas vacías del Nacional Buenos Aires solo servían de escenografía para quienes atravesaban la cuadra hablando por celular. Algunas personas entraban en oficinas; otras caminaban con un café en la mano. “Por ahora, dos empresas ya anunciaron que no venían, y los demás o están por llegar, o no vienen”, detalló el encargado de edificio de oficinas de la calle Reconquista. El paisaje se repetía en distintos barrios: en Palermo, Belgrano, Balvanera, otras oficinas decidieron cerrar sus puertas y que los empleados trabajaran desde sus casas. 


Otros trabajadores no corrieron la misma suerte a la hora de plegarse a las medidas de prevención sin abandonar sus tareas: en la puerta del hotel Meliá, el botones caminaba ida y vuelta por el lobby desde las 7 de la mañana. “No tenemos nada que hacer, el hotel hace días que tiene menos del 10 por ciento de la ocupación”, explicó a este diario. En otro hotel de lujo, a pocas cuadras, expulsaron 90 huéspedes extranjeros –que finalmente viajaron a sus países de origen- porque se negaban a cumplir el protocolo de aislamiento, contó el botones. 

Sobre la calle Bolívar, en la puerta del hotel City, Victoria aguardaba junto a su valija. Es de Inglaterra, acababa de regresar de la Antártida, adonde viajó por hacer turismo junto a un grupo de personas de diferentes países. “Todos nos estamos volviendo hoy mismo, un poco antes de lo planeado”, explicó a este diario. 

Escuelas sin chicxs  

En las escuelas de la Ciudad la situación era confusa. “Somos 40 maestras y, aunque los alumnos no estén, tenemos acá a los hijos e hijas de todas”, contó a Página/12 Julieta, docente de la escuela infantil Nº12, de Villa Soldati. “Como no hay una licencia específica no sabemos qué hacer, y cada escuela se está manejando con decisiones diferentes”, detalló. La docente añadió que algunas compañeras suyas habían pedido el día para no tener que llevar a sus bebés hasta la escuela, pero que eso “les quita el presentismo y se les descuenta del sueldo”. 

En el Polo Educativo Mugica, donde funcionan un jardín, una primaria y una escuela secundaria a la que concurren chicas y chicos de la Villa 3, los docentes se reunieron por la mañana para debatir cómo implementar la continuidad pedagógica de forma virtual. “No sabemos cómo se va a resolver el tema de la continuidad porque en la escuela no hay internet. Como en estos últimos años desmantelaron el plan Conectar Igualdad, los chicos no tienen computadoras para estudiar desde sus casas, además de que la mayoría no tiene internet”, señaló Walter, profesor de la secundaria. "Hay una distancia entre lo que plantea el Gobierno de la Ciudad y la realidad concreta para esta población”, advirtió Walter. 

A algunas cuadras, en San Telmo, la situación era diferente: “ninguna familia presentó quejas hasta ahora y las maestras están planificando, desde sus casas, la actividad pedagógica mediante una plataforma online”, explicó la vicedirectora de la escuela Nº21, ubicada en la calle Perú al 900.

Horarios especiales y falta de productos 

El abastecimiento de productos de higiene y de limpieza, personal y de las casas, también rankeó alto entre las preocupaciones del primer día de las nuevas medidas de distanciamiento. “Las droguerías a las que les compramos siguen sin stock, tuvimos que salir a buscar nuevas, pero todavía no podemos reponer los productos”, relató Silvia, encargada de la farmacia San Emilio, de San Telmo. 

Una mujer mayor, que llegó con su changuito y preguntó por el jabón desinfectante, terminó sumando dos tubos de desinfectante en aerosol a su compra, después de saber que había pocas pastillas de jabón. “Desde la semana pasada no paramos de vender toallas húmedas, jabones, alcohol, ibuprofeno, de todo”, agregó la farmacéutica, poco antes de prometer a una clienta, que se lo pidió desde la puerta, sin entrar, que sí, le reservaría una botella de alcohol en gel a la tarde, cuando llegara el stock.

Mientras otro cliente pedía paracetamol, un joven pidió aplicarse la vacuna antigripal. “Estamos vendiendo esta y la de la neumonía, que son las que recomendaron tener por el virus”, explicó la farmacéutica. 

A la vuelta, sobre avenida Independencia, 10 personas esperaban para entrar al supermercado más grande de la manzana. La fila comenzaba sobre la rampa, frente a la puerta del local, y seguía en la vereda. “Vine a las siete de la mañana pero estaba cerrado, y ahora me dicen que no puedo entrar”, protestaba una de las cuatro mujeres mayores durante la espera. 

En la puerta, un cartel anunciaba que el local tendrá capacidad de 20 personas a la vez, y otros dos presentaban disculpas por los productos que podrían faltar en las góndolas y por la falta de insumos como alcohol líquido y en gel. “El flujo de clientes aumentó desde el viernes, pero desde esta mañana (por el lunes) no paró de llegar gente y lo que piden son productos de limpieza”, explicó Sebastián, encargado de la tienda. 

En Colegiales, el cajero de un supermercado de descuento con tienda sobre la avenida Lacroze recordó que el domingo por la tarde atendieron "a unas 450 personas, el doble de lo que hubiéramos atendido durante todo un día normal de fin de semana”. Ante la caja, unas 30 personas esperaban para pagar, mientras que otros entraban y salían sin conseguir lo que buscaban. En las góndolas, no había stock de fideos ni de arroz, la canasta de papas estaba casi vacía, igual que la góndola de enlatados. Un poco más allá, algunas manos se disputaban los últimos paquetes de papel higiénico. 

Informe: Lorena Bermejo. 

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