Una vez un español me pidió que le explicara qué significa el peronismo. Estábamos atravesando el canal Beagle en la clásica excursión que hace todo aquel que viaja a Ushuaia por primera vez. Le contesté que, si quería solemnidad, iba a necesitar unos 70 años para responderle. Se rió fuerte en la popa del barco, desde donde mirábamos como iba quedándose atrás Les Éclaireurs, el falso “faro del fin del mundo” (el verdadero, aquel que inspiró la novela epónima de Julio Verne, está en la Isla de los Estados, unos 300 kilómetros al este).

El viento fueguino era apenas una brisita y el sol alentaba el buen ánimo en la cubierta, así que preferí entonces resumirlo todo en una anécdota de la que hoy se cumple otro aniversario. Ocurrió el 31 de marzo de 1973, un día después de que la Junta Electoral confirmara la victoria de Héctor Cámpora. El candidato del Frente Justicialista de Liberación se había impuesto el domingo 11 por el 49,56 por ciento de los votos, apenas unos décimos debajo del 50,01 necesario para evitar el balotaje previsto para el 15 de abril (la única vez que se dispuso ese mecanismo antes de la reforma constitucional del ’94). Pero Ricardo Balbín, que había cosechado apenas el 21,29 y no tenía chances técnicas de remontar semejante desventaja, se tomó 19 días para anunciar su retiro, definiendo así la disputa presidencial.

Aquel sábado 31 de marzo del ‘73 se produjeron en el estadio de Argentinos Juniors dos hitos simultáneos. Por un lado, el único festejo oficial del primer éxito electoral del peronismo tras 18 años de proscripción. Pero, al mismo tiempo, el acercamiento fundacional entre la política democrática y el rock argentino. Lo denominaron Festival del Triunfo Peronista y en la cartelera figuraban jóvenes que hoy consideramos próceres de esa expresión cultural como Charly García (con Sui Generis), Luis Alberto Spinetta (junto a Pescado Rabioso), Pappo, Pajarito Zaguri y tres malescritros: León “Giecco”, “Lito” Nebbia y un tal Gabriel, a secas, que en realidad no era un muchacho, sino Gabriela Parodi, la primera mujer que grabó un disco en ese escena.

El productor Jorge Álvarez, organizador del evento, recordó en varias entrevistas que el propio Perón lo había llamado por teléfono desde Madrid para solicitarle la organización de ese evento. Imaginar al General enunciando la palabra “rock” con su voz aguardentosa puede parecer surrealista, pero lo cierto es que ya en 1962 había contratado para que tocara en Guardia de Hierro a Los Pekenikes, banda pionera del rock en España y con la que colaboró regalándole la guitarra Fender Stratocaster que definiría su tradicional e influyente sonido. Evidentemente el peronismo estaba al tanto de esa expresión que en Argentina comenzaría a ganar adeptos tras el éxito comercial del disco “La balsa” publicado por Los Gatos en 1967.

La anécdota que quise narrarle al curioso turista español mientras el barquito nos traía de vuelta al puerto de Ushuaia tiene que ver con Billy Bond, entonces líder de La Pesada del Rock and Roll, banda que debía abrir el evento. Entre el público había una extraña mezcla entre militantes políticos, seguidores de los artistas, banderas que decían “Liberación o dependencia” y olor a patchouli. Abajo todo parecía fluir en buena sintonía. Pero los problemas estaban arriba. “Antes de subir al escenario, un tipo me dijo que gritara ‘Viva Evita’ cuando fuera al palco. Bueno, está bien. Al minuto llegó otro que me dice que ni se me ocurra hablar de Evita, que mencionara a Isabelita. Y otro me pide que nombre a Cámpora. ¡Ese día me confiaron tanto, que termine yéndome a Brasil al poco tiempo!”, recordó quien, efectivamente, a las pocas semanas se fue a Buzios, ciudad en la que reside actualmente.

El relato de Billy Bond, en apariencia divertido y superficial, sublimó en verdad las internas que el peronismo estaba padeciendo y que luego se acelerarían durante esos tres años posteriores. Los relatos más divulgados habla de las peleas entre la derecha y la izquierda, los sindicatos y los Montoneros, la Triple A y sus perseguidos, el propio Perón y los “imberbes” echados de Plaza de Mayo trece meses después, pero aquel festival realizado en el día uno del triunfo de Cámpora exhibía las fracturas hasta en los detalles más sencillos y ridículos.

“Yo no quería ir a tocar allí, pero como fueron todos los grupos de rock, también fui, aunque no me gustaba la onda. Recuerdo que estaba Solano Lima y se decía cualquier pavada. Detrás del escenario había un muchacho que estuvo en (la masacre de) Trelew. Quiso hablar y nadie lo dejó, la gente lo cargaba. Fue todo de última”, fustigó Charly García, quien ni siquiera subió a tocar. Es que después del discurso del vicepresidente electo y del show de La Banda del Oeste sobrevino un diluvio que obligó a suspender todo para siempre.

Quedó instalada, sin embargo, una duda devenida en mito: el afiche publicitario del festival anunciaba al final de la nómina a Juan Domingo. ¿Iba a aparecer el propio Perón hablando una vez que terminaran de tocar todas las bandas? En realidad se trataba de un grupo de efímera existencia que había grabado un simple con dos canciones tituladas “Preguntale a Juan” y “Respuesta a tu carta”. El verdadero Juan Domingo estaba en Madrid con Cámpora y tenía ese sábado 31 de marzo de 1973 cita acaso más histórica pero menos recordada: su único encuentro en doce años de exilio con Francisco Franco.