Pelis retro para ver en casa

Volar sin control

Plataformas virtuales que incluyen joyas del cine para ver con les chiques. 

Lxs chicxs no pueden ir a ningún lado pero en las películas los personajes viajan, traspasan los límites demasiado estrechos de una casa y tienen aventuras: ¿qué otra cosa mejor se puede ofrecer a lxs niñxs, malhumoradxs, agobiadxs por las semanas de encierro, que historias? Si ya vieron todo el catálogo de Netflix, agotaron las películas de Disney, Pixar o Dreamworks y quieren compartir con ellxs un momento que de paso nos transporte a nosotrxs, adultxs igualmente hartxs, a otras épocas, hay otras plataformas de streaming como Qubit o Amazon Prime que incluyen joyas jamás olvidadas. 

Qubit, de paso, ofrece una semana de suscripción gratuita y tiene en su catálogo algunas de esas películas de nuestra infancia que son inoxidables: para lxs niñxs en edad de primaria que extrañan a sus compañerxs, Los Goonies (1985) lxs invita a la aventura de una bandita de amiguxs que descubre en el altillo un antiguo mapa del tesoro pirata y se fuga enbicicleta para ir en su búsqueda (al ritmo de una canción original que Cyndi Lauper compuso para la película). En una caverna sembrada de esqueletos y peligros los Goonies tienen una aventura tipo Indiana Jones, se enamoran, se pelean, superan obstáculos y se encuentran finalmente con un barco pirata que puede ser que todavía nos haga llorar mientras se aleja hacia el horizonte justo antes de los créditos. 

Los Goonies

Los Goonies es una de esas producciones sólidas, bien escritas, con actores secundarios brillantes, y del mismo guionista de Gremlins (1984), probablemente la película perfecta para sublimar esas ganas de romper todo que genera el encierro a través de monstruitos verdes que se multiplican ferozmente y arrasan con un pueblo en el transcurso de una noche. La historia sin fin (1984), también en Qubit, es otra de esas películas que siguen funcionando, en este caso la historia de un chico que, olvidado de todos en un piso alto de su escuela, se encierra a leer una novela sobre un mundo fantástico que está en peligro de ser arrasado por La Nada, una fuerza misteriosa que borra todo a su paso (un argumento, basado en la novela homónima de Micheal Ende, que sintoniza especialmente con algunas de las sensaciones que trajo la pandemia). Pronto Sebastian se sumerge literalmente en la ficción y en el reino de Fantasía, ayudado por el guerrero Atreyu y el dragón volador Falkor, descubre que La Nada aprovecha los momentos de desánimo para tragarse a toda clase de criaturas.

La historia sin fin

Para más viajes a otras épocas y lugares, reales o imaginados, Qubit tiene en su catálogo laversión original de El mago de Oz (1934), donde Dorothy abandona su hogar en Kansas cuando un tornado la transporta a la tierra mágica de Oz, o Donde viven los monstruos (2009), la película de Spike Jonze basada en el libro de Maurice Sendak en el que un niño se porta mal, se enoja cuando su mamá lo reta y abandona su habitación en un barquito hacia una tierra desconcida donde se convertirá en el rey de los monstruos y donde se puede gritar, colgarse de los árboles, ser brutos, libres y salvajes. 

En Amazon Prime lxs espera el De Lorean junto a Marty McFly en el tiempo con Volver al futuro (1984), arreglar algunas cosas, ver a los propios xadres como lxs adolescentes bobos que alguna vez fueron y volver a casa con otra perspectiva, otras ganas. Y también está E.T. (1982), la película sobre un amigo que viene del espacio y en algún momento tendra que irse: prepárense para revivir esa separación, cuando Elliott despide a E.T. al pie de la nave y el extraterrestre le dice, apoyándole un dedo en la frente, “voy a estar justo acá”. La educación sentimental de lxs chicxs se hace con historias y, en momentos donde faltan la escuela, la plaza o lxs amigxs, son la manera perfecta de poder hablar con ellxs sobre, por ejemplo, adónde les gustaría transportarse, apoyadxs en estas películas con bandas de sonido alucinantes y escenas icónicas donde lxs chicxs se elevan, ya sea en bicicletas o montados en el lomo de un dragón, por encima de una realidad que a veces se vuelve demasiado estrecha.


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