El coronavirus desnuda la desigualdad estructural del modelo chileno  

La vuelta de la olla común, símbolo de la pobreza en tiempos de Pinochet 

En la periferia de Santiago, este tipo de asistencia se multiplicó en las últimas semanas, a medida que más familias se quedaron sin ingresos tras el cierre de muchos comercios y obras en construcción.
Imagen: EFE

La crisis económica derivada del coronavirus le devolvió a Chile imágenes que no se veían desde los tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990): miles de personas que viven en barrios populares comen cada día gracias a las "ollas comunes", símbolos del hambre y la pobreza que acechan de nuevo al país. En la periferia de Santiago, este tipo de asistencia se multiplicó en las últimas semanas, a medida que más familias se quedaron sin ingresos tras el cierre de muchos comercios, obras de construcción y la ampliación de la cuarentena obligatoria.

"Siempre van saliendo más familias, sobre todo ahora que nos extendieron la cuarentena. Hay cada vez más gente que se está quedando sin trabajo", relató Susana Castillo, dirigenta vecinal de la villa Marta Brunetcon un ojo puesto en tres grandes cacerolas hirviendo. Este es uno de los 14 puntos que entrega comida a unos 5 mil vecinos. Puente Alto es la segunda localidad de Chile con mayor número de casos de coronavirus (1658), solo por detrás del centro de Santiago (1873), según datos del ministerio de Salud del 10 de mayo.

A la hora de comer, una camioneta reparte las raciones a domicilio, adaptando el formato tradicional de la olla común, que solía agrupar a los vecinos que buscaban desesperadamente un alimento, a lo que permite el confinamiento. Guacolda Bueno, madre de cinco chicos y residente de la villa Marta Brunet, lamentó el duro momento que atraviesa su familia: "La olla al menos me asegura que voy a tener almuerzo". 

Un poco más al sur de la villa Marta Brunet, Álvaro Muñoz dijo que el pasado octubre perdió su trabajo de chofer por las protestas que sacudieron al país y que desde entonces no consiguió nada. "Ojalá pase la cuarentena para poder salir a buscar algo, porque así uno no puede estar", se lamentó. 

En otras partes de la comuna de Puente Alto, los vecinos se organizaron para que la comida no dejara de entrar en casas donde "ni el Estado ha llegado". "Por el terremoto de 2010 hicimos ollas durante una o dos semanas, pero ahora necesitamos mucha más organización. Y esto irá para largo", pronosticó Alina Sandoval, coordinadora de la Asamblea de Organizaciones Sociales y Políticas de Provincia Cordillera.

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