Los riesgos de la Dama de Hierro
 

Es probable que algunos integrantes del gobierno de Mauricio Macri estén preguntándose si es acertada la política intransigente y provocadora que se adopta frente al reclamo docente y si no es aún más peligroso exponer de tal modo en la primera línea de las decisiones a María Eugenia Vidal, la única dirigente del PRO que, aunque las encuestas muestran una erosión de su figura, mantiene aún una imagen positiva. De todos modos, el macrismo parece sentirse cómodo en este desa- fío, no porque ignore los riesgos de la pulseada, sino porque está desplegando sin tapujos un discurso antisindical que todos sabemos es el suyo, pero que las necesidades políticas obligan a veces a disimular. Si muy pequeñas concesiones a algunos dirigentes sirvieron para obtener grandes resultados en el Parlamento, la encrucijada actual exige gestos mayores que jaquean el proyecto del Poder Económico, por eso los CEO se vuelven halcones.

En busca de debilitar el conflicto y restar adhesión a la lucha de los maestros, el Gobierno combina el palo con la zanahoria. Envía la policía a los colegios para identificar a los docentes que cumplen el paro y ofrece un plus salarial a quienes no lo cumplan. Podrá decirse que han existido políticas más duras en la historia de la represión a las luchas sociales, pero nunca tan imaginativas. Hasta ahora, los gobiernos que reconocían el derecho de huelga no descontaban los días de paro, quienes enfrentaban a los trabajadores sí lo hacían, pero nunca a nadie se le ocurrió dar un premio por decreto a los rompehuelgas, si a veces obtenían una ventaja, esta no se oficializaba por un acto de gobierno. La medida resulta tan absurda que ha sido repudiada por algunos dirigentes aliados al gobierno.

No menos curiosa resultó la interpelación de Vidal a los dirigentes para que dijeran “de qué partido son y a qué elección gremial quieren presentarse”. A partir de allí, varios medios oficialistas le trasladaron la pregunta a Baradel, y en uno de los más vistos programas políticos de la TV, el debate sobre la cuestión docente fue presidido por dos grandes retratos de la gobernadora y el dirigente del Suteba. Vidal, tributaria del gran equívoco político que fue su elección, tiene razones para creer que la demonización del kirchnerismo resuelve todas las cuestiones, pero los maestros de Buenos Aires que no ignoran la identificación política de sus dirigentes sindicales y los kirchneristas y muchos no kirchneristas los votan porque valoran la importancia de contar con un poderoso sindicato que defiende los reclamos de todos.

Hace pocos días, el corresponsal en Buenos Aires de El País de Madrid, escribió que Vidal con su ofensiva antisindical iba camino a convertirse en una nueva Dama de Hierro. En principio, la gobernadora que alardea de su ingenuidad política no se parece mucho a la veterana dirigente conservadora, a quien los argentinos recordaremos siempre por el hundimiento del Belgrano. No sabemos si la gobernadora bonaerense ha comprado el personaje y se siente cómoda con la asociación a Margaret Thatcher o si cumple disciplinadamente el rol que el macrismo le ha asignado. En cualquier caso debe ser consciente de que avanza hacia un lugar sin retorno, que, como su modelo británica, puede ganar la confianza de los más ricos tanto como el odio de amplios sectores populares. Descubierta la falacia del hada buena que nos salvó del narcotráfico y la corrupción, quizás el corresponsal español haya leído bien la futura trayectoria de María Eugenia Vidal.

El macrismo es consciente que juega en esta confrontación el destino de su política económica: si triunfa el reclamo de los maestros el techo de las paritarias –ya inviabilizado por los datos de inflación– será inaceptable para cualquier gremio. La apelación al desgaste de la lucha puede apoyarse en las dificultades que los sectores más populares sufren por la inactividad de las escuelas, pero el gobierno subestima la enorme consideración social que existe por los maestros, el respeto y el afecto que han ganado con la tarea cumplida en los momentos más críticos. Por eso Vidal prefiere sostener que esta es una pelea contra los dirigentes y no contra los docentes, sin embargo, éste no resulta un argumento creíble. 

La presentación del reclamo por la paritaria nacional como una cuestión del interés particular de los sindicatos es difícil de sostener, porque esa paritaria es el espacio en que se concretan los compromisos del gobierno nacional para asegurar los salarios en muchas provincias y el único modo de garantizar el funcionamiento adecuado del sistema educativo en todo el país. La ley que crea esta paritaria, que el Gobierno ha decidido desconocer, constituyó un paso importante para revertir la situación creada cuando Menem les tiró las escuelas y los hospitales a las provincias sin preocuparse por las posibilidades que tenían éstas de sostenerlos. Hoy, también en este punto, estamos volviendo a los 90.

En aquellos años, fue muy significativa la contribución de los docentes con su Carpa Blanca a la derrota del menemismo. Ahora, después de tres días de movilizaciones multitudinarias que han generado una nueva situación política con la decisión de la CGT de poner fecha al paro general, la convocatoria de la Marcha Federal Educativa y los actos anunciados por la CTA y las organizaciones sociales, el reclamo docente debe sentirse fortalecido. El Gobierno, por el contrario, sigue perdiendo consenso, mientras las demandas de los trabajadores son acompañadas cada vez más por sectores empresarios afectados por la recesión y las importaciones. No parece el mejor momento para mantener la cerrada negativa antes el reclamo sindical.

De todos modos, es difícil predecir lo que hará un gobierno cuyo presidente reprocha a la Justicia laboral que falle a favor de los trabajadores y se solaza hablando de la flexibilidad laboral aún en los contextos menos propicios. Esa incontinencia verbal podría hacer pensar que habrán de inmolarse por lo que piensan. Pero esa cruzada por el neoliberalismo no tiene hoy buen pronóstico. Macri puede seguir consolidando el apoyo de la derecha más reaccionaria y Vidal ensayando su papel de Dama de Hierro, pero cada vez sentirán más la irrealidad de esos roles: en la medida que la sociedad siga despertando de esta pesadilla, muchos argentinos más recordarán positivamente los doce años de transformaciones y expansión de derechos y el poder económico tendrá que pensar también otras opciones.