Es una adaptación del film de Bong Joon Ho

“Snowpiercer”, a toda máquina por Netflix

La serie es una distopia del orden social sobre un tren viaja alrededor del mundo tras un apocalipsis climatológico.
Jennifer ConellyJennifer ConellyJennifer ConellyJennifer ConellyJennifer Conelly
Jennifer Conelly 

Snowpiercer, que estrena hoy lunes por Netflix, contiene casi tantos mensajes, interpretaciones y estéticas como los 1001 vagones del tren que se desliza en ese gélido y cercano futuro. Para empezar, los diez episodios de esta ficción adecúan y expanden el relato distópico que Bong Joon-ho entregara hacia 2013 en el cine. Una película nihilista pero desopilante, donde la hiperviolencia y el sarcasmo amplificaban su crítica social. La que para muchos fue la Metrópolis de este siglo, o una Titanic horizontal, fue descrita por el propio coreano como una Espartaco ferroviaria. Esa máquina en movimiento perpetuo que implosionaba por la lucha de clases y servía de laboratorio de la civilización. Los que viajan en primera clase iban aferrados a sus privilegios. Y en la cola estaba su contracara: la escoria, las ratas y colados, los que querían llegar hasta “el motor sagrado” y reinventar este orden de supervivencia.

El prólogo de la serie guarda un homenaje a la novela gráfica y disparador para el largometraje (Le Transperceneige de Jacques Lob y Jean-Marc Rochette) y ofrece una versión animada del día D. Esa jornada en que la máquina partió con el objetivo de detenerse parar jamás. La idea de aplacar el calentamiento global frizando la atmósfera no podía ser una buena idea, por lo que el mundo se enfrenta una nueva era glacial. “Sólo el visionario Mr. Wilford previó el futuro y preparó el tren como un gran arca”, se cuenta a los espectadores. Tres mil personas lograron subirse al Rompehielos, concebido para la minoría más pudiente de la Tierra, y que a último instante fue abordado por una horda de desesperados. Uno de ellos es el exdetective de homicidios Andre Layton (Daveed Diggs, a quien le toca suplir el rol de Chris Evans en la película), que se convertirá en uno de los líderes de los que no tienen nada. En el extremo opuesto del vehículo está Melanie Cavill (Jennifer Conelly), una de las supervisoras más serviciales de Industrias Wilford.

Siete años han pasado desde entonces, el tren mantiene su trayectoria sin escalas mientras afuera la temperatura ronda los 120 grados bajo cero. Además del clima y la marcha, la búsqueda del balance también es inexorable. “Todo aquí sobrevive a merced de su equilibro”, explica la enigmática Melanie. Y en ese contexto conviven opulencia y canibalismo, cabaret y harapos, cárceles incubadoras y acuarios para relajarse. Este sistema de castas tiene algunas normas (control de natalidad, sumisión, el sorteo para pasar a tercera clase) y sanciones severas (la más dolorosa y gráfica es la que implica perder el brazo por congelamiento). Justo cuando una nueva rebelión estaba por desatarse, Andre será arrastrado para investigar un crimen. “En el tren del Señor Wilford todo está conectado”, explica la mujer, y un asesinato podría hacer colapsar todo el ecosistema. Punto de inflexión para que Snowpiercer incurra por lo detectivesco y el whodunnit además de sus ácidas metáforas sobre los contrastes de esta civilización.

El producto viene a sumarse a toda la corte del género (The Walking Dead, The Strain, The Rain, The Handmaid’s Tale, por mencionar algunos ejemplos) con su propia versión de un apocalipsis cercano. Y aunque el director de Parasite aquí fiche como productor ejecutivo, se nota que le dio libertad al showrunner Graeme Manson (Orphan Black). El resultado general es menos retorcido y más adusto que el de la película, aquí no hay una pizca de ese humor perverso de Bong y la imaginería visual impacta pero sin ese toque desmesurado del coreano. Eso sí, cada vagón invita a un goce estético y de tanto en tanto a coreografiadas escenas de acción. Lo mismo para las actuaciones: si bien Connelly imanta con su criatura, el resto del elenco no está en la misma frecuencia. Pese a ello, Snowpiercer no descarrila y ya tiene confirmada una segunda temporada. ¿Bienvenidos al tren? 


Programados

* Infinity Hill, la productora comandada por Axel Kuschvatzky, adelantó las imágenes de Staged. La serie está protagonizada por David Tennant y Michael Sheen (la misma dupla de Good Omens) y tendrá su estreno a comienzos de junio por la BBC. Desde el formato y lo temático, la propuesta está marcada por la cuarentena. Sigue a un grupo teatral que forzada a interrumpir sus ensayos pero intenta mantenerse activa bajo las nuevas reglas de distanciamiento social. ¿Alguien dijo zoomedia?

* DirecTV estrenará mañana martes la miniserie White House Farm (a las 21). La entrega está basada en un caso real que sacudió a la opinión pública británica a mediados de los ’80. Mezcla de policial y drama íntimo que se desata cuando encuentran los cadáveres de cinco miembros de una familia en una granja de Essex.

*¿Necesitado de superhéroes con poderes inusuales, emo punk y paraguas? Netflix estrenará la segunda temporada de The Umbrella Academy el próximo 31 de julio. Continuación entonces para la serie basada en el cómic de Gerard Way sobre una pandilla de freaks desangelados pero de habilidades extrañas.

El personaje

Nick Sax de Happy! (Christopher Meloni). Asesino a sueldo, borracho y ultraviolento que atraviesa su peor hora. Pero secuestran a una niña y el exdetective tendrá la chance de resolver el caso. Su compañero en este entuerto será bastante singular: un unicornio azul, volador y dientudo que es el amigo imaginario de la chica desaparecida. Silvio Rodríguez no tiene nada que ver con esto.

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