“El salteño está acostumbrado a salir a cenar”

El feriado trajo una leve mejoría para la gastronomía

Bares y restaurantes trabajaron en un 30% de su capacidad. Los empresarios gastronómicos aseguraron que si no se amplía el horario de atención será muy difícil hacer frente a todos los costos.  
Los restaurantes del centro y Balcarce, los más afectados Los restaurantes del centro y Balcarce, los más afectados Los restaurantes del centro y Balcarce, los más afectados Los restaurantes del centro y Balcarce, los más afectados Los restaurantes del centro y Balcarce, los más afectados 
Los restaurantes del centro y Balcarce, los más afectados  

El feriado del 25 de mayo, que invitaba a compartir locro, sumado a las condiciones climáticas, le dieron un pequeño respiro y esperanzas al sector gastronómico, que reclama la extensión del horario de salidas, hoy limitado hasta las 20, para recobrar fuerzas.

Tuvieron que pasar más de 60 días para que los bares, restaurantes y cafeterías de la ciudad volvieran a tomar un mínimo color pre pandemia. Ayudados por el fin de semana largo y un domingo y lunes calurosos, algunos se animaron a salir unas horas con sus familias o algunos amigos a recordar de qué se trataba eso de tomar o comer algo en lugares públicos.

Sin embargo, nada es hasta aquí lo que fue antes del 20 de marzo, y el público varió mucho de acuerdo a las zonas de consumo y los horarios de asistencia. Lo que eran bares atestados por la noche, con gente esperando en la puerta para compartir unas cervezas, hoy es sólo un recuerdo.

Ver un local con algunas mesas ocupadas emocionaba y generaba cierta sensación de vuelta a la normalidad. Y así lo ratificaron algunos de sus dueños. Fidel Pugionni dijo a Salta/12 que en la zona del Paseo de los Poetas, “algo se movió con respecto al fin de semana anterior (fecha en que se exceptuó la gastronomía)”, y agregó “de a poco va saliendo y se va animando la gente”.

Pero el dueño de Cosa e Mandinga aclaró que a pesar de la leve mejoría, la concurrencia no superó el 30% del local, e insistió con lo que repiten todos los dueños de locales de comida y bebidas: poder extender el horario para abrir hasta más tarde.

“Hay que tener en cuenta que culturalmente la gente de Salta es de salir a cenar, sumado al miedo del virus, se hace difícil sostener un restaurante con atención hasta las 20”, indicó. Por lo que sostuvo que “sí o sí” necesitan la noche, “que la actividad vuelva por lo menos hasta las 23, para que el comerciante que sale a las 20 o 21 pueda venir a cenar”.

El gastronómico aseveró que si eso no sucede, no podrán hacer frente a los alquileres y servicios, “vengo recaudando justo para pagar los sueldos, pero con este movimiento y sólo el delivery no alcanza para más”.

Otro sector de la ciudad en donde se pudo ver movimiento y reactivación fue en el residencial barrio Tres Cerritos, allí mucha gente se acercó por la tarde a bares y confiterías a compartir unas cervezas o una merienda.

Tanto en las cercanías del shopping Alto NOA, como en los clásicos restaurantes, o las cervecerías de la avenida Reyes Católicos, los locales lucían un buen aspecto a pesar del distanciamiento y los requisitos que solicita el protocolo para evitar aglomeraciones.

Quizá la clave en este caso tenga que ver con el lugar donde están emplazados, en medio de un barrio que habitan personas de buen pasar económico, clases medias y altas.

Las zonas más afectadas

Otro panorama se vivió en aquellos lugares más acostumbrados a la visita de turistas o caracterizados por los jóvenes y la nocturnidad.

El Paseo Balcarce, lugar habitual de las recorridas turísticas, por sus peñas, o el enjambre de jóvenes yendo de un pub a otro, vivió una alicaída concurrencia a pesar de haber habilitado su feria artesanal de los domingos.

Recién a las 19 se comenzó a sentir más movimiento, pero no alcanzaban a pedir una cerveza o un café que ya les teníamos que pedir que se retiren porque había que cerrar”, contestó uno de los mozos de un café que solía tener espectáculos musicales por la noche como su principal atractivo.

Lo mismo sucedió en el Paseo Güemes, muchos de sus locales más reconocidos, que solían convocar a muchísima gente antes de la pandemia, permanecieron cerrados el medio día del lunes, y los pocos que abrieron sus puertas, no reunían entre sus comensales más de cuatro o cinco mesas.

En el centro, lugar de consumo por excelencia del turismo que visita la ciudad, la imagen era la misma, muy poco movimiento.

El dueño del restaurante vegano Chirimoya, Juan Bergesi, confesó a este medio que está despachando un 10% de lo que vendía debido a la falta de turismo y que en el centro no habita mucha gente. “Antes atendía unas 20 mesas y ahora son dos o tres como mucho”, manifestó. Aunque reconoció que gracias al 25 de mayo, mucha gente pidió locro para llevar. 

Su negocio se encuentra rodeado de hostales y hospedajes, antes atestados de turismo extranjero.  

En suma, la nueva normalidad de consumo gastronómico hasta aquí indica que se regirá por el poder adquisitivo y las cercanías debido al horario de cierre estipulado.  

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