El miedo a la muerte, el terror metafísico y la sensación de estar viviendo algo extraordinario no son monopolio exclusivo del coronavirus. Orhan Pamuk, premio Nobel de Literatura, hace cuatro años que está escribiendo Nights of Plague (Noches de plaga), una novela histórica situada en 1901, durante un brote de peste bubónica que mató a millones de personas en Asia. “El miedo hace que obedezcas las normas de aislamiento o de lavarse las manos. Estoy contento de tener miedo. El problema es que a veces no puedes controlarlo, a veces es demasiado”, confiesa Pamuk desde su casa en el barrio Cihangir en Estambul, su ciudad natal. “No entro en pánico. Mi mente está bajo control… Pienso firmemente que debemos tener miedo, pero no debe hacernos irracionales, no debemos dejar que el miedo nos domine. Pero lo necesitamos, necesitamos el miedo. Hay gente a la que no le importa. Creo que todas las cuarentenas funcionan si la gente tiene miedo. Es necesaria la cooperación de la gente, que coopere con las normas de la cuarentena, sean cuales sean. Si la gente tiene miedo, si cree que las normas de la cuarentena las establece alguien justo y racional, la cuarentena funciona”, plantea el escritor turco en una entrevista con El país de España.

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En las primeras páginas de Diario del año de la peste, “la obra literaria más esclarecedora que se ha escrito jamás sobre el contagio y el comportamiento humano”, según Pamuk, Daniel Defoe cuenta que, en 1664, “las autoridades locales de algunos barrios de Londres, para intentar que el número de fallecimientos por la peste pareciera menor del que era, se dedicaron a inscribir otras enfermedades inventadas como causas oficiales de defunción”. El autor de Estambul. Ciudad y recuerdos, Me llamo Rojo, Nieve y El museo de la inocencia, entre otros títulos, recuerda que en Los novios (1827), “quizá la novela más realista que existe sobre un brote de peste”, el escritor italiano Alessandro Manzoni describe y apoya la ira de la población ante la reacción a la peste de 1630 en Milán. “A pesar de las pruebas visibles, el gobernador de Milán hace caso omiso de la amenaza y ni siquiera está dispuesto a anular las celebraciones por el cumpleaños de un príncipe local. Manzoni demuestra que la enfermedad se extendió a toda velocidad porque las restricciones fueron insuficientes, su aplicación fue laxa y sus conciudadanos no las respetaron”, revela el escritor turco.

El Premio Nobel de Literatura propone una solución política que considera una utopía. “Es necesario un gobierno mundial capaz de decir: Cerremos el mundo durante dos semanas. Y así terminaría todo contagio… Estamos perdiendo el tiempo, porque cada país ha cerrado cuando lo ha estimado oportuno, mientras el virus ya estaba en su suelo, o en su aire… Habrá nuevos virus, habrá mutaciones, y esto no puede controlarse si no hay un gobierno fuerte encargándose de ello. Al final, todo es consecuencia de los viajes de avión. Y eso debería controlarse, no hay otra manera –advierte Pamuk-. Y volverá a pasar, por eso debemos organizarnos. A veces soy optimista, y pienso que la humanidad tiene inteligencia para resolver estos problemas, pero otras veces pienso que la humanidad tiene inteligencia pero las organizaciones y las grandes unidades son menos inteligentes que la humanidad, y en cierta manera estamos muriendo porque no hay un Gobierno mundial que pueda manejar esta situación”.