Los años que Esteban fue al colegio Ángel Boisdron, de FAaSTA, en Tucumán, “fue la peor etapa de mi vida. Fue un calvario, algo horroroso. Ningún adolescente tiene que pasar por eso”, dice el joven, que ahora tiene 25 años. Su relato fue publicado por el portal eltucumano.com en un extenso artículo del periodista Exequiel Svetliza, junto con otros testimonios estremecedores de exestudiantes que fueron al Boisdron y al otro colegio de Fasta en Tucumán, el Reina de la Paz, luego de la investigación de Página/12 sobre el tema.

“Había un profesor que, si tenías la camisa por fuera del pantalón, te la metía y aprovechaba para tocarte. Es increíble pero a todo eso los alumnos lo tenían muy naturalizado. Decían: ahí viene el violín, todos sabían que él hacía eso. Una vez un compañero le metió una piña en la cara”, contó una exalumna.

Esteban reveló que quedó con estrés postraumático luego de su paso por esa escuela. “Siempre me sentaba a rezar para que mis compañeros y profesores no me hagan bullying”, contó. En sus años de secundaria, muchos de los docentes del Boisdron, lejos de frenar el hostigamiento que recibía de parte de otros estudiantes, lo avalaban. “Esas situaciones de acoso de mis compañeros eran respaldadas por los profesores. El Boisdron tiene la gimnasia como algo muy destacado y a mí me costaba mucho. En una clase me distraje viendo como las chicas jugaban al voley y el profesor me dijo: vos sos de las mujeres. Me hicieron dar tres vueltas a todo el colegio. Ante situaciones de muchos nervios me vienen ganas de vomitar y eso, en la secundaria, me pasaba siempre”, recordó.

“Cuando empecé la secundaria, como yo tenía una contextura física robusta, mis compañeros me dijeron que creían que yo era el negro que los iba a hacer cagar a todos, pero no, para ellos era el negro, puto y gordo. Me hostigaban, se burlaban de mi voz, me inventaban romances con mis compañeros, me bajan los pantalones, y me tocaban mis partes íntimas. Yo en ese momento dudaba de mi sexualidad y sentía una pequeña atracción hacia los hombres, pero lo iba reprimiendo por lo que me enseñaban ahí, para ellos ser afeminado era algo atroz. Así banqué seis años de mi vida, no me podía defender porque me costaba. Cada vez que iba a hacer algo me gritaban puto”, sigue contando Esteban. Incluso, “me obligaron a sentarme con el que más bullying me hacía. Me dijeron que era un desafío personal para estar más cerca de Dios. Para un alumno que se siente amenazado por profesores y alumnos es muy difícil pedir ayudar porque te hacen creer que vos sos el problema”, agregó. “Fomentaban la homofobia de una forma muy fuerte. Nos decían que los gays eran enfermos, que estaban mal... hoy me doy cuenta de que el colegio sigue impartiendo el mismo discurso de odio y homofobia”. También dijo: “Por mucho tiempo creí que mi caso era el único, pero ahora se destapó la olla y salieron muchas historias y testimonios. Fueron días muy dolorosos porque se me venían muchos recuerdos muy terribles que reía que había olvidado”, contó.

En los testimonios que recogió eltucumano.com como los que difundió Página/12 son recurrentes los castigos físicos a los que eran sometidos los alumnos como correr los días calurosos o mirar de forma directa al sol sin parpadear. Pero lo más grave son las denuncias por prácticas de abuso sexual de parte de algunos docentes. “Era un asco, había profesores que se tocaban el miembro por encima del pantalón mientras daban clases”, contó al portal tucumano Adriana, de 21 años, que hizo la secundaria en el colegio Reina de la Paz.