Camaradentros; cuarenteñeros; e-amigos/as/es; postergadieteros; solitariólogos; milenials al borde un ataque de Netflix, centenials que miran la vereda como si fuera “una de terror”; parejas al borde un ataque de ex; soles y solas felices con sus fantasmas; aprendices de cocina y limpieza por default o por desesperafault; humanos al borde de contraer matrimonio con sus mascotas; extrañadoris de cualquier cosa: todos ustedes están en la fila de mis afectos; por favor, cada une a un metro y medio del anterior, y con barbije.

Estamos viviendo tiempos duros. Pretéritos, presentes y, seguramente, futuros. También vivimos la incertidumbre cotidiana, además de la filosófica. Un Hamlet 2020 diría estupefacto: "Estar o no estar infectado, esa es la cuestión”.

La Argentina hospeda, además, a ciudadanos propios que, con una extraña orientación en el tiempo y en el espacio, creen estar en una Venezuela alucinada, o en 1976, y que, en nombre de la libertad de expresión, agreden a quienes la ejercen y, en nombre de la democracia, no aceptan los resultados de la democracia.

También contamos, en un país que de verdad no se priva de nada, con quien cree tener “impunidad biológica”, y con un expresidente que creyó que la cuarentena, como tantas otras leyes, tampoco era para que él la cumpliera, y fue a visitar a los paraguayos quienes -más atónitos que felices- le tomaron la temperatura y vieron que tenía 36 grados: 10, acá, y 26, en Panamá.

Menciono ese viaje, porque, según él mismo, fue por motivos futbolísticos. Y acá hay que concederle cierta habilidad en percibir cierta temperatura nacional. Quiero decir: prestigiosos antropozoicos y reconocidas sociatras y expertos decoradores estudiosos de nuestro ser irracional están mostrando que hay millones y millonas de argentines que se bancan más de tres meses solos, o mal acompañados, sin sexo, sin asado, sin amigos, y sin un mango..., pero ¡NO sin fútbol!

Son los que...

* ... están formando la barrera en sus propias casas.

*...ven a su pareja avanzando con la bandeja y salen a marcarla, o gritan “y ya lo ve, y ya lo ve, hay milanesas con puré".

· ...si les dicen que en estos meses han engordado, responden: “Oh, chocolaaate..., es un sentimiento, no puedo parar”.

· ... cada vez que un infectólogo aparece en la tele, en vez de preguntar: “¿Qué dijo sobre la cuarentena?”, preguntan: “che, ¿de qué cuadro es?”.

· ...son apasionados hinchas de Boca, River o San Lorenzo, a duras penas sostenidos emocionalmente por algún partido de Suiza, Burkina Faso o Laos. Recorren desaforados la grilla, las redes, las plataformas, a ver si en algún canal pasan la final del fútbol mozambiqueño.

Necesitan fútbol acá, ya. Imaginarse un partido en tiempos de pandemia es muy difícil, pero podemos imaginar el protocolo:

*Los 22 jugadores deben usar barbijo (el barbijo de cada equipo, con los colores de la camiseta), y las empresas fabricantes de lavandinas o alcohol en gel podrían publicitar en ellos.

*Antes de empezar el partido, los 22 jugadores, los DT y el árbitro armarán un grupo de wasap.

*Si un jugador le saca el barbijo a otro es penal. Además corresponde tarjeta roja y que el árbitro le eche un chorro de lavandina al infractor y alcohol en gel al agredido.

*Deben cambiarse los botines e incluso las camisetas cada vez que entran al área penal del equipo contrario. Lavarse las manos y tomarse la temperatura cada vez que alguno toca la pelota antes tocada por un compañero o por un rival. El arquero debe usar diferentes guantes descartables para cada atajada.

*Darle un codazo a un rival ya no es un foul, es un saludo.

*Si, en medio de una jugada, el que lleva la pelota es detenido por un defensor contrario que le cuenta el último capítulo de la serie de Netflix, no se cobra foul sino spoil.

*Dado el aislamiento social obligatorio no se puede sacarle la pelota a un rival, hay que mandarle un wasap que diga: "te la saqué", y que el rival le clave el "visto".

*Puede haber policías en la mitad del campo controlando que sólo lo atraviesen los jugadores con permiso para hacerlo.

*Para evitar contagios, cada equipo juega en su cancha, y al rival lo ve por Zoom.

*Para ser más cuidadosos aún, cada jugador juega desde su casa y están todos comunicados por Internet (aunque es difícil imaginar a Messi gambeteando a su celular).

*El famoso cantito de la tribuna “¡y ya lo ve, y ya lo ve, es para (otro equipo) que lo mira por tevé!” ya no será una burla, sino un elogio a la buena conducta cívica del equipo.

* Cuando un jugador se acerca al arco contrario, nadie podrá gritarle al arquero: “ ¡Salí, salí!”; más bien, el DT debería gritar: “¡Quedate en casa, que de un gol en contra se vuelve, pero el virus es muy peligroso!”

*Vale gol de barbijo, y de máscara protectora.

*El esquema sería más defensivo: los jugadores solamente saldrían de su área cuando necesitasen comprar algo esencial en algún negocio de cercanías.

*Los delanteros van a hacer muchos menos goles, por lo que podrían reclamar un subsidio. El Estado podría adjudicarles algunos goles a los más necesitados.

Esperemos que este coronamundo termine pronto, así todo vuelve a la normalidad: los jugadores, ganando fortunas; los dirigentes, ganando fortunas; y los demás, no, pero todes contentes.

Mientras esperamos la vuelta (o no) del fútbol, les sugiero acompañar esta nota viendo el video de la cumbia Demasiada cloroquina, de RS Positivo (Rudy-Sanz), haciendo clic en este link , donde, además, podrán suscribirse, o recorrer el canal de los autores y enterarse de sus producciones

Hasta la que viene.