Cómo afectó la pandemia a las trabajadoras de casas particulares

Las más perjudicadas

TRABAJO PRECARIZADO II Desde que se decretó la cuarentena, las lógicas del sistema económico volvieron a implosionar en las casas y en los barrios populares, donde cuatro de cada diez mujeres son trabajadoras de casas particulares y seis de cada diez vieron agravarse su situación. De marzo a la fecha ya fueron despedidas unas 20.000 empleadas del sector, pese al decreto que lo prohíbe.
Imagen: Irupé Tentorio

Saca la basura, limpia la casa, pone el lavarropas, prepara algo para comer, lava los platos, baldea, plancha la ropa y, si hay niñxs, lxs cuida hasta que otrx adultx llegue a la casa. Recién después, puede irse a la suya o a otro trabajo. Cuatro de cada diez mujeres ocupan puestos relacionados a tareas del hogar y de cuidados y, pandemia de por medio, muchas se encontraron de golpe a la intemperie. Los pesos que antes entraban por hora o a fin de mes, también quedaron aislados: seis de cada diez vieron complicarse su situación a partir de la cuarentena.

Estalló el coronavirus y las lógicas del sistema volvieron a desajustar los eslabones de la cadena económica. Y una vez más, las más vulneradas son las mujeres, travestis y trans. Este contexto puso al cuidado en el centro y estar registrada o no estarlo es una diferencia porque implica un resguardo y evita abusos por parte de lxs empleadorxs: “Todo este sector es crucial en el motor económico post pandemia, por eso es fundamental, revalorizar, reformalizar y ampliar el trabajo en el sector de los cuidados”, observa Lucía Cirmi Obón, directora nacional de Políticas de Cuidado.

Sonia tiene 24 años y vive en las afueras de la ciudad de Posadas, Misiones. Dice que desde siempre trabajó como empleada doméstica: “Tengo cuatro hijes que viven conmigo y antes que llegara el coronavirus a la provincia, trabajaba como empleada doméstica. Traía mis pesitos a mi casa y con ese dinero pagaba los gastos. Un día llegué tarde a la casa donde trabajaba porque no tenía con quien dejar a mis hijes y la patrona me dijo que no quería que fuera más. A los pocos días mi marido, que es changarín, también perdió su trabajo. Entonces la convivencia se puso difícil. Una vez discutimos feo y me pegó demasiado. Me tuve que ir. No sabía adónde y acudí a lo de mi hermana. Fui nuevamente a buscar a mi patrona, pero no tuve una buena respuesta, me dijo que no podía presentarme en las condiciones en que estaba. Después de unos días volví y nuevamente me dijo que no, que no fuera más”. El testimonio de Sonia es uno de tantos de personas que trabajan en tareas domésticas, viven en barrios vulnerables de zonas limítrofes y no tienen documentos, por lo que el derecho a cobrar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) no aparece como posibilidad. Sonia cuenta que lo que la salva es la ayuda de otras mujeres.

El Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad de la Nación viene analizando estas situaciones. “Hay familias a las que verdaderamente se les pudo haber complicado sostener el salario de las trabajadoras de casas particulares, pero no es la situación de todas las familias. Las familias que tienen ingresos que no se vieron afectados por la pandemia, no deberían dejar de pagar”, señala Cirmi Obón.

Desde la Unión Personal Auxiliar de Casas Particulares (UPACP) -uno de los gremios de las trabajadoras domésticas, representado por Carlos Brassesco y Carmen Britez- comparten que este contexto de pandemia ha trastocado la actividad de las trabajadoras de casas particulares de manera sustancial. “En primer término, porque desde el dictado del DNU 297/2020, quedaron en una situación de aislamiento y sin poder ir a trabajar, salvo las cuidadoras -o sea, el personal de cuarta categoría que fue considerado esencial, quienes sí pudieron continuar trabajando normalmente-. Dentro de ese contexto, las más perjudicadas son las trabajadoras no registradas que se encuentran en la informalidad, porque al no tener un soporte legal que las ampare, sufrieron una serie de abusos y fraudes laborales, como que dejaran de pagarles el sueldo, decirles que no vayan más a trabajar u obligarlas a ir a trabajar igual, reducirles los sueldos, decirles que estaban ‘suspendidas’ o que tenían que tomarse vacaciones.”

Por eso, es importante saber que en este contexto, las trabajadoras de casas particulares tienen derecho a recibir su salario. Y tienen derecho a recibir ese sueldo más allá de si tienen una cuenta bancaria o no (existen otros formatos para recibirlo), y más allá de haber quedado seleccionadas en el IFE, porque eso no reemplaza las responsabilidades de empleadores y empleadoras. Además, tienen derecho a salir de los lugares donde estaban haciendo tareas cama adentro.

Cristina Martínez tiene 44 años y vive en Mirador de Lago, Córdoba. Es empleada doméstica desde que tiene 14. “Actualmente trabajo ‘cama adentro’, sin retiro, con una jornada laboral de 8 horas, 9 de descanso nocturno y tres de descanso diurno, como lo indica la Lley 26.844. Sin embargo, no en todas las casas se cumple esto ni se respeta. Lo sé porque estamos organizadas y sé que soy una excepción. Gano 22.000 pesos en blanco, tengo una hija discapacitada y actualmente estoy pagando la cuenta de mi vivienda, que es un total de 17.000 pesos por mes. Mi esposo, que hace changas, es quien llega con los demás gastos. Pero lo cierto es que el sueldo fijo es el mío.”

Entre las personas del cuidado, están quienes cuidan a adultxs, adultxs mayores o personas con enfermedades -que continuaron realizando sus trabajos-, y quienes cuidan a niñes y/o adolescentes. La normativa dictada por el Ministerio de Trabajo estableció que si en la casa adonde tenían que ir a cuidar, se quedaban ambxs madres o padres, o uno/a/e de ellxs, la cuidadora no debía ir a trabajar para evitar las proximidades y contagios. “En estos casos, hubo una cantidad de empleadores que hicieron caso omiso a lo normado y querían (quieren) que igual vayan las trabajadoras para hacer tareas generales, lo cual representó una fuente de conflictos”, señala Britez. “Es importante que empleadores y empleadoras, siempre que puedan, traten de garantizar un transporte privado. Usualmente las trabajadoras de casas particulares hacen distancias bastante largas y hay que evitarles el riesgo de contagio”, puntúa Cirmi Obón.

Una encuesta realizada recientemente por la Universidad Nacional de Lanús (UNLA) y el CONICET arrojó datos alarmantes sobre cómo afecta la cuarentena las condiciones laborales y económicas de las empleadas domésticas. Uno de los datos más graves es que apenas el 33 por ciento de las trabajadoras cobró el salario sin ir a trabajar ante la pandemia de coronavirus y otro dato es que fueron despedidas más de veinte mil empleadas domésticas, desde marzo hasta la actualidad, según el Ministerio de Trabajo de la Nación. Esto último, a pesar de estar expresamente prohibido por la normativa nacional (DNU 329 y 487/2020).

“Es cierto que hay una importante cantidad de empleadores que son monotributistas o autónomos y que prácticamente no tuvieron ingresos por no poder salir a trabajar. Esto dificultó notoriamente que puedan hacer frente al pago de los salarios, tanto de las trabajadoras que no podían ir a trabajar, como de las trabajadoras esenciales, que iban y prestaban servicios”, observa Britez. Pero Brassesco concluye: “Hubo trabajadoras sin retiro, conocidas como ‘con cama adentro’ a las que algunxs empleadorxs impidieron volver a sus domicilios particulares los fines de semana. También se presentaron casos en que los empleadorxs no les permitían irse, generando situaciones de mucha tensión, al margen de ser sancionables por vía del Código Penal”.

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ