Negociaciones y política que no son virtuales

El Zoom de Alberto Fernández: las charlas con gobernadores, Kristalina y otros presidentes

La nueva etapa, diálogos con gobernadores. Contagios y muertes que se expanden. Comienzan tratativas con el FMI, charla con Georgieva. Como evitar quorum en el BID. El resultado del canje y las nuevas medidas. La agenda internacional y económica imaginada para los meses venideros.

El Zoom sustituye a los encuentros cercanos. La política, la educación, trabajos, lazos familiares y amicales… Es por ahí, ahora dicen.

Cuesta imaginar momentos estelares de la historia en ese formato. Yalta, Potsdam, el abrazo entre Juan Domingo Perón y Ricardo Balbín, la posta de Yatasto, el tenso diálogo entre Raúl Alfonsín y Aldo Rico… Algún pícaro habría grabado la entrevista de Guayaquil entre José de San Martín y Simón Bolívar: un “misterio” menos, una filtración más.

La realidad argentina trajina por Zoom, una reseña de los últimos días ayuda a clavar la mirada. A veces las imágenes se borronean, las voces se empastan, los rostros se congelan o toman distintos tonos de verde… Es lo que hay.

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Avances, retrocesos, contramarchas: El nuevo anuncio del presidente Alberto Fernández aconteció en un grave momento de la pandemia. Los contagios y las muertes aumentan. Vuelven a teñir de rojo casi todo el mapa nacional. Sube la proporción fuera del AMBA sin que mengüen los indicadores nefastos en esa región. Se amesetaron alto, arguyen. Provincias y municipalidades aperturistas retroceden a contragusto tras haber descuidado antes: entre ellas Mendoza, Jujuy, Mar del Plata gobernadas por radicales o gente de PRO. AF reprendió días atrás al gobernador jujeño, Gerardo Morales, por mantener abiertos los casinos mientras retrocedía a fase uno. Se encolerizó contra el mendocino Rodolfo Suárez: “Los otros días no me hiciste caso y me criticaste por Twitter diciendo que hay que abrir todo. Preguntale a Macron o a Pedro Suárez qué pasa ahora en Francia o España, cómo les fue probando eso”.

El Presidente modificó el formato de la presentación mediática cuya repetición fatiga: la lógica de la comunicación es implacable. Habló solo, sin acompañamiento de gobernadores, una costumbre ejemplar que se suspende. Se sostuvo una virtud iniciática, federal: la ronda de consultas y pactos previos, mayormente por Zoom.

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El jefe del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, hace guiños a su clientela electoral. Amaga con autorizar el regreso de las empleadas de casas particulares, pero se cuida de habilitar que se movilicen mediante transporte público. Casi todas viven en el Conurbano: AF se lo explica y veta la medida. Faculta reaperturas de 2 mil restaurantes al aire libre contra 8 mil que pedía el gefe de gobierno.

AF cede admitiendo reuniones de hasta diez personas, en espacio público, con todas las precauciones. Al aire libre los riesgos son menores, nunca nulos, razona el Presidente. Larreta desaconseja que las reuniones se concreten en terrazas. Se palpitan desobediencias, hay un clima de distensión o hasta de jolgorio… habrá que ver sus derivaciones.
Reconocer los límites de la legitimidad de las medidas de cuidado es sensato, complicado implementar la respuesta de coyuntura.

La necesidad de salir es colectiva. No hay modo serio de medir la cantidad de personas que incurren en imprudencias insolidarias. En ese aspecto, como en otras variables políticas, minorías intensas tienen gran capacidad de daño. Se apela a la responsabilidad individual ante una sociedad fragmentada.

El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, rehúsa aplicar el permiso para reuniones privadas de diez personas. Observa las cifras todo el tiempo, adopta una decisión posiblemente antipática. Prioriza, conociendo las características del territorio conurbano, el cuidado de la salud a la legitimación medida minuto a minuto. Lo plebiscitaron hace menos de un año, se maneja con responsabilidad. La medida de AK da un ejemplo de cuidado, rehuyendo la sumisión a las encuestas. Un aplauso, ahí.

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FMI: Comenzó formalmente la renegociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La precedió un encuentro remoto entre Alberto Fernández y la titular del Fondo, Kristalina Georgieva. Flanqueaban a AF el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el enviado argentino ante el FMI Sergio Chodos. Se sumaron dos intérpretes; uno a cada lado de la “mesa” cada quien traduciendo a su jefe.

Una hora de conversación amable, hasta cordial cuentan desde la Casa Rosada y el Ministerio de Economía. Si se restara el tiempo de los intérpretes quedaría un neto de ¿media hora? Los gestos y el clima son el mensaje.

Por suerte o por muñeca, comentan negociadores argentos Fernández, Guzmán y Georgieva tuvieron ocasión de conocerse y dialogar cuerpo a cuerpo antes. Anche en El Vaticano, en una movida promovida por el Papa Francisco que concitó ironías bobas de gurúes de la City.

AF confía bastante en Kristalina, mucho para quien es abogado de profesión y funcionario con largo recorrido. Pidió reciprocidad. “Confíe en mí”, le transmitió a la pantalla. “Como le dije cuando nos conocimos, en nuestra historia reciente los únicos años de superávits gemelos sucedieron cuando Kirchner era presidente y yo jefe de Gabinete”. Lo cortés no quitó lo valiente: repitió el planteo que formula desde que asumió, refrendado por Guzmán: “déjennos hacer nuestro plan, atender primero a los más vulnerables”. Un modo directo de proponer que el FMI no reincida con sus célebres condicionalidades.

¿Por qué confiar en la mandamás de un organismo con historia nefasta? Por las condiciones históricas en que llegó Georgieva. Porque “ella nos ayudó en el canje” con gestos públicos y movimientos privados.

En custodia del interés del propio FMI, vale agregar. Preservar el patrimonio del deudor rezuma sabiduría si uno es el segundo acreedor en las pulseadas y el primero en poder.

Una de las claves del exitoso canje con los acreedores privados es el tiempo que pasará antes de hacer grandes desembolsos. En la lectura de quien firma esta nota, quizás el aspecto determinante. Años de respiro financiero. En criollo, para ir preparando a los intérpretes: con el FMI se buscará lo mismo. Años sin desembolsos.

Intervalo para no morir, para resucitar, para recuperar la economía, promover el consumo, redistribuir, crecer, pagar. En el ínterin, recaudar más. No solo mediante nuevos tributos, también con mayor eficiencia y dedicación de los organismos de recaudación.

La gabela a las grandes fortunas por única vez combina lo útil con lo agradable. El ojímetro de los diputados del Frente de Todos pondera recaudar “alrededor” de 300 mil millones de pesos. La experiencia revela que esas cifras son tentativas y usualmente voluntaristas. De cualquier modo, el sesgo es progresivo y la imputación para gastos determinados con alta valoración social una posible llave para sumar votos en Diputados. Con sesiones remotas, claro, que Juntos por el Cambio buscará sabotear.

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La agenda deseada: El Gobierno imagina un trámite largo hasta llegar al acuerdo con el FMI porque le conviene. No taaaan largo, eh, previenen funcionarios curtidos. Que pase el verano traduce este cronista, que llegue después de la vacuna contra el coronavirus. Que lo precedan el anuncio del resultado del canje, el Presupuesto 2021, las nuevas medidas económicas.

El proyecto de Presupuesto se enviará al Congreso a mediados de septiembre.

Durante ese mes, AF piensa ir deslizando lineamientos generales de la economía que viene, en sus clásicos raids por radio y tevé. Tras dichos anticipos, onda fin de mes, se anunciarán las sesenta medidas para reactivar y promover el desarrollo federal.

El oficialismo precisa que durante la temporada primavera-verano el repunte de la economía, lento y heterogéneo por ahora, impacte en la vida de laburantes, empresarios, provincias. Con los anuncios no se vive ni se come ni se educa ni se construye legitimidad perdurable.

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Cronograma mirando al Norte: En el cronograma imaginario con el FMI existe una fecha de tregua: la elección en que deberían votar todos los habitantes del planeta y participa solo una fracción de los estadounidenses. Minoría sesgada usualmente hacia los más ricos, los más educados, los más blancos. El 5 de noviembre serán los comicios si Dios y el presidente Donald Trump quieren. El 20 de enero de 2021 se instala en la Casa Blanca el nuevo mandatario… o el dueño de la pelota se queda cuatro años más.

¿Cuánto gravitaría un cambio de administración? Lecturas divergentes conviven dentro del oficialismo. AF ranquea entre los más optimistas, quienes creen que una victoria del tibio demócrata Joe Biden traería aire fresco, un poquito.

El relevo lentificaría la política exterior gringa, en particular respecto de Argentina, su prioridad número 200 chucea alguien que conoce Washington al dedillo. Los funcionarios entrantes necesitan aprobación parlamentaria, capacitarse en el manejo de la botonera, organizar la fucking agenda.

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El BID esperando a Biden: Trastocar reglas de juego, la especialidad de Trump… Rige también para el cambio de autoridades en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) cuya conducción siempre se reservó a los países latinoamericanos. Trump promueve a Mauricio Claver-Carone. Un cuadro de la extrema derecha republicana, para ser políticamente correcto. Un gusano de aquellos, si se opta por la franca osadía. Trump viola pactos para manejar una caja sensible en la mega crisis, para construir poder frente a China, para disciplinar al patio trasero. También para favorecer a un prócer del lobby cubano, gravitante en el intrincado sistema electoral de Florida.

Personalidades de variada pertenencia ideológica se oponen. Todos los ex cancilleres argentinos del período de recuperación democrática. Ex presidentes insospechados de izquierdismo como el brasileño Fernando Henrique Cardoso o el uruguayo Julio Sanguinetti. Publican un documento conjunto también rubricado por ex mandatario español Felipe González.

AF promueve que se suspenda la elección. Claver-Carone cuenta con los votos necesarios si es que hay quorum. La intención argentina es impedir que se llegue al quorum, aduciendo que es mal momento y que no es serio escoger nueva cúpula en sesión remota. El canciller Felipe Solá argumenta y se expone a las críticas macristas comparando con el Parlamento argentino. El macrismo y la prensa dominante avalan la maniobra de Trump. Cipayos de ocasión, en relativa soledad internacional.

Argentina se agrupa con México, Chile (ojo al piojo), Costa Rica (que tiene su candidata). Fernández trata de sondear la voz de Lacalle. Del mandatario uruguayo Luis Lacalle Pou quien ahora vacila.

Los votos para trabar, un cuarto del padrón, se procuran de a uno como en cualquier comicio. Europa tiene un par de representantes, el presidente español Pedro Sánchez podría cooperar de modo decisivo.

Las lecturas divergen. Diplomáticos de carrera o “políticos” con rodaje suponen que el temor a Trump funcionará como motor de esta historia. Lubricado, tal vez, con un vicepresidente del BID para Brasil y una alta autoridad para los países del Caribe cuya dependencia de la Unión peina canas. Dependencia que incide en la política, la economía, la cultura cotidiana, ciertos deportes predilectos, las comidas, el modo de transformar el castellano. Hasta Mario Vargas Llosa reconoce ese influjo nefasto, le dedicó un libro reciente y recomendable, Tiempos recios.

El presidente Fernández, de nuevo, se enrola entre los optimistas de la voluntad. Los Zoom con colegas de otras comarcas recorren este ítem, por cierto insumiendo menos tiempo que los intercambios sobre la situación sanitaria o las medidas anticrisis.

La decisión se dirime o se pospone en septiembre. Sobre el calendario estadounidense a partir de noviembre ya hemos hablado.

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Pinta el mundo… La mala fe, la agresividad, empobrecen debates importantes. Extendidas visiones parroquiales agravan el cuadro. La Argentina no es un tornillo suelto en el mundo: afronta dilemas similares a los de otros países, en especial los vecinos. Para comprender mejor lo asombroso, imprevisto y mutante se podría parafrasear a Tolstoi: pinta al mundo y pintarás tu aldea. Vaya una muestra, que se transmitió por Zoom: una presentación de Michelle Bachelet en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Ex presidenta chilena, funcionaria de la Organización de Naciones Unidas… minga de extremismo o desbordes retóricos. Bachelet advirtió contra un indeseable regreso al pasado reciente, “a cero”, a un mundo de desigualdad, de riqueza concentrada.

Abogó por políticas no neutrales ni homogéneas para todos, pensando en los pobres, los jóvenes, los migrantes, las personas con necesidades básicas insatisfechas. Puntualizó que hay en el mundo mil millones de chicos sin escuela, 400 millones que comen en ellas. En 170 países, acotamos. Parece que no se trata de un dilema gaucho…

Con otro vocabulario, un relato mucho más parecido al de AF que al de sus opositores de derecha que convocan a marchas contagiosas, destructivas. Que cuestionan sin proponer, que se ne fregan hasta de lo que ocurre en los sitios gobernados por correligionarios radicales o macristas.

Alberto Fernández viajó desde Olivos hasta su anterior domicilio, en Puerto Madero, el sábado por la tarde. Para recuperar sus discos de vinilo y trasladarlos a la nueva morada. En el camino pispeó las calles porteñas, superpobladas pese al clima inhóspito. Muchas personas con barbijos mal colocados o sin ellos. “Me preocupa el descuido tanto como el efecto demostración. La gente ve actividad normal, supone que el peligro ya pasó, se relaja”.

Convoca una y otra vez a la responsabilidad individual. En un artículo publicado en Clarín el médico cardiólogo Jorge Tartaglione discurre a su manera, de modo similar: “No hay fármacos ni vacunas contra esta enfermedad y cada día que pasa es más difícil mantener el confinamiento. Cada uno de nosotros debe conocer los riesgos, ser solidario, ayudando con nuestro comportamiento a detener la expansión de este virus. Sentirnos parte de esta cooperación. Si mantengo la distancia, uso el barbijo correctamente y me lavo las manos, debo hacerlo por patriotismo, porque quiero que este virus salga de la Argentina. Mi tarea como médico asistencial y comunicador en este momento es cuidar la salud y también los medios de vida. En esta etapa debemos trabajar en la reducción de riesgos y daños, con prácticas seguras”.

Difícil equilibrio que exige responsabilidad y, está bien dicho, patriotismo.

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