Probar es necesario
Imagen: Pablo Piovano

“Lo que usted quiere por encima de todo
es evitar problemas antes que comprender.”

Jock Young

Mundo joven: Deseos de aventuras, lo más lejos posible del hogar  familiar que para ellos es un campo minado de antigüedades y prejuicios. Reproduzco algunos comentarios de adolescentes que han empezado a usar distintas sustancias tóxicas y argumentan largamente: “La familia insiste con las advertencias contra las drogas, lo mismo que los médicos, especialistas y comunicadores sociales, todos igualmente aburridos y negativos. Los padres, que hablan de lo que no saben porque repiten lo que dice la tevé, nunca estudiaron el tema drogas, no lo conocen y no saben tampoco lo que es probar, porque hay que probar; hay que  esperar el mejor boliche y la oferta del compañero o del tipo mayor que sabe muy bien lo que vende, pero empieza ofreciéndotela gratis.  Los que están en otro mundo, no entienden, nosotros llegamos desde un tiempo más adelantado, ¿como vas a vivir sin probar? Probar es necesario. Cuando empiezan con que después no se puede salir... Nadie piensa en salir, solo nos interesa entrar en el estado perfecto de placer y del todo se puede que la Cosa te produce. Y si no probás… te vas a perder conocer qué se siente. La gente cree que hay que vivir sintiendo lo que ya se conoce. Pero esto es sentir lo que no sabemos hasta que probás. De eso no te van a hablar los padres porque sienten como se sentía antes y quieren explicarte que lo nuevo es malo. Además cuando quiero dejar, dejo, la corto.  O no la  corto y sigo, único problema es la plata que precisás, al final se consigue”. Continúan argumentando, convencidos. “Antes te presionaban con el sida, pero a mí no me va a pasar… Todos sabemos cómo queremos probar…”

La cuestión es ésa, “estar todos iguales”, la intolerancia a la diferencia entre pares, ninguno que se prive de probar, la búsqueda desesperada por incorporarse en el montón de “los que saben y se convidan con la sustancia  que comparten”. Aunque sientan miedo antes de probar, como a alguno le sucede, precisan igualarse sin distinciones. Buscan la diferencia con los adultos, sujetos despreciables y solamente existentes como surtidores de dinero para comprar la sustancia que precisan. Detrás de estos discursos, desolación. 

Las diferencias que aparentan en las ropas y en los cortes y teñidos de cabello definen pertenencia, otra manera de igualarse. Con lo cual reproducen la tradicional cultura de los adolescentes desde cuando todos se convirtieron en hippies y roqueros. Una desesperada fuga del mundo adulto, como históricamente les sucedió a los adolescentes. Es lo que parece no comprenderse cuando se intenta prevenir: advertirlos. Sin éxito mientras ellos levanten la causa del probar para saber cómo se siente cuando se siente lo nuevo.

Algunos de los que hablan y cuentan son aquellos que empiezan a asustarse cuando advierten que no pueden salirse de la trampa y que las intervenciones de los técnicos y de los padres que pudieron avanzar durante los primeros tiempos responden a una lógica. Se dan cuenta que  pueden respaldarse en ellos, aunque peleándose y desafiando. Aportan otra versión del “probar”: Nos cuentan, y lo describen en los medios de comunicación: “Yo solo quería probar… Ver cómo era, la primera vez no me gustó mucho, pero quise segur, para ver…” Probar es una forma de ensayar para encontrar una sensación nueva en sí mismo, descubrirse en ese ensayo que espera les traiga una respuesta nueva, que es lo que buscan. Respuestas nuevas encendidas dentro de ellos y de ellas.

Es necesario comprender que la búsqueda es la que  avanza hacia una nueva respuesta que no esperan encontrar “fuera de ellos” en el mundo adulto circundante. Aunque ellos mismos en oportunidades sean adultos de 20 o 24 años. En alguna parte debe haber algo más, la respuesta a una pregunta que no saben cómo formular pero que traduce el desasosiego de sentirse perdidos en un entorno, en un mundo, que no les contesta  lo que esperan, que tampoco saben qué es. Y la droga es una promesa que otros han capitalizado y cuentan cuán bien les va cuando “se dan” con determinadas dosis.

Recomendar, advertir, hablar, aconsejar, informar son los recursos con los que contamos, pero resultan escasos cuando la clave reside en “probar”, ensayar en mí mismo. Tal vez, como bien lo saben los profesionales que acompañan a los que prueban, sea conveniente hacerse cargo de la necesidad de ir en busca de “otra cosa” que el mundo circundante no está dispuesto a ofrecerles. Porque tampoco sabemos si existe. Exceptuando el comprender.