La flamante Jurassic World: Campamento Cretácico (estreno de Netflix) abre un nuevo pliego a una de las franquicias más exitosas del cine iniciada hace 27 años. Y también brinda una posible redención para Tim y Lex Murphy, los nietos del creador del parque donde los dinosaurios volvían a la vida. Es que la gran novedad, además de su formato seriado y la animación digital, pasa por su clara orientación al público preadolescente con personajes de esa edad. “En las películas de Jurassic Park, los más pequeños son rescatados por el Dr. Grant o por Owen Grady. ¿Qué pasaría si ahora tuvieran que arreglárselas solos y trabajar juntos para resolver estas situaciones límite?”, plantea Scott Kreamer, su productor ejecutivo entrevistado por Página/12.

La historia sucede en paralelo a Jurassic World, el largometraje que supuso el reinicio del universo en 2015. Su protagonista es Ben, un fanático de los dinosaurios, de alma noble y huérfano de padre. Tras vencer en un videojuego obtiene un ticket a esa isla fantástica donde han revivido a los reyes del mesozoico. Junto a él hay otros cinco adolescentes: el retraído, la influencer, el malcriado, la bonachona y la chica deportiva. De a poco, las máscaras irán cayendo al igual que los peligros sean velociraptors o la malicia bien humana de la compañía Ingen. “Cuando Steven Spielberg nos dio la bendición lo hizo bajo un solo pedido: no hagan una versión aniñada de la historia. La intención fue crear una serie que habitara en ese universo con el mismo nivel de adrenalina y miedos, pero que también fuera divertida y con mucha acción. Creo que es la primera serie animada para chicos en donde la gente puede ser devorada”, señala el realizador que pasó por Pinky & Cerebro y Kung Fu Panda.

Vaya que ha sido productiva la picazón del mosquito que contenía el ADN del dinosaurio en Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993). La serie no se enfoca en la clonación de vertebrados para fascinación y temor en la isla Nublar. El debate sobre hombres que juegan a ser Dioses, las referencias a clásicos como King Kong y el orgullo del entretenimiento clase B a gran escala, también quedan de lado. Se mantiene el contexto, algunas señas visibles de Dreamworks, y hay notorios cambios de timón, sobre la historia lucubrada por Michael Crichton. El productor asegura que en cuanto a la estética el objetivo era el de congeniar a los personajes más bien estilizados con la imagen que nos hacemos de un dinosaurio. “No queríamos generar ese valle inquietante en donde todo luce demasiado real. Quisimos hacer algo con encanto”, asegura.

JW: Campamento Cretácico, entonces, viene a ser The Clone Wars aunque en vez de luchas intergalácticas ofrece un relato iniciático bajo los colmillos del imponente T-Rex. Ocho episodios que funcionan como una bisectriz a las películas con nobleza, candor y posmodernidad. Se pueden reconocer las influencias de Charly y la fábrica de chocolate, Spider-Man: lejos de casa y Jumanji: en la selva. Hay historias adyacentes, nuevos personajes y pibes que son fanáticos de los videojuegos (Netflix creó además el sitio campcretaceous.com como soporte didáctico y de entretenimiento). “Todo surge de poner a los chicos en el centro de la escena. Es su punto de vista. Y a los chicos les gustan los videojuegos. La escena inicial recurre al videojuego inmersivo porque queríamos lograr el efecto de El mago de Oz con Dorothy que pasa de la realidad al otro mundo. El objetivo es que el videojuego luzca bien pero que cuando llegues a la isla sea despampanante. Remarco la gran influencia de Steven Spielberg en esto. Lo reconocés en el tono, en cuanto tema y lo cinemático”, explica Kreamer.

-¿Cómo y cuánto se involucró Steven Spielberg con el proyecto?

-Antes de la pandemia tuvo reuniones con el equipo en Dreamworks. Y se metió de lleno. Querías preguntarle todo. Y él quería saber de los trasfondos de la historia, los personajes, de lo visual y de la producción. Su apoyo fue fundamental. Colin Trevorrow, el director de lo que será la nueva entrega, tuvo mucho que ver. Y Frank Marshall también se involucró. Nadie sabe de Jurassic Park más que estos tres tipos. Son grandes contadores de historias y confiaron en nosotros para que le hagamos justicia a lo que se ha hecho hasta aquí.

-¿Qué es lo que busca Ben en la isla?

-Ben es un chico que ha sufrido una gran pérdida en su vida. Fanático de los videojuegos y los dinosaurios. En la isla va a encontrar una respuesta. Los personajes de esta serie se ven a sí mismos de manera diferente a lo que son en realidad, un poco como el primer día de escuela. Todo va a cambiar con la interacción humana. Son chicos que en un principio no se caen bien necesariamente y los eventos los van a llevar a valerse en grupo.

-La serie está llena de referencias a Jurassic World y a la película original como la imagen del T-Rex peleando contra los velociraptors. ¿Cómo y qué decidieron insertar?

-Fue como armar un rompecabezas. Sabíamos que tenían que funcionar en relación a Jurassic World. Nos pasamos horas pensando con los guionistas y el equipo de producción. En la sala de escritores colocamos mapas con dinosaurios y eventos para ver cómo se podían vincular e interactuar. No queríamos romper la continuidad sino crear intersecciones con la película, sumar con una escena que pudo haber sucedido un poco antes, o un poco después, de lo que viste en el cine. Hay tantas cosas que querrías hacer. Es un clásico. Pero lo más importante era generar un relato con emoción que tuviera consistencia.

-Tras haber hecho la serie, ¿por qué cree que los chicos sienten esa fascinación por los dinosaurios?

-Es una verdadera incógnita. Me pasaba de chico. Será por el tamaño o por el hecho de que sean figuras mitológicas. Con la particularidad de que los dinosaurios tuvieron su tiempo y efectivamente existieron. Les pasa a los varones y a las niñas. No es que simplemente sean grandes monstruos al estilo Godzilla: son grandes animales que despiertan una emoción inexplicable. Y ese efecto es muy palpable.