Este sábado, por streaming en vivo

"80 cosos", la dramaturgia de lo mínimo

Es la versión online de 80 de un minuto, pieza de Rubén Sabbadini que fue estrenada en la última edición del FIBA y realizó una sola función en el Teatro Beckett, poco antes de la cuarentena. La primera parte de esta adaptación, que propone un lenguaje estético fragmentario cruzado tangencialmente por un conflicto político, puede verse en vivo a través de Zoom.

“Yo soy variada”, dice la madre del protagonista desde la cama del hospital público donde espera la muerte. Ese es el disparador de 80 cosos (Primera parte), versión online de 80 de un minuto, pieza escrita y dirigida por Rubén Sabbadini que fue estrenada en la última edición del FIBA y realizó una sola función en el Teatro Beckett, poco antes de que se declarara el aislamiento social, preventivo y obligatorio. La primera parte de esta adaptación puede verse en vivo a través de Zoom este sábado a las 22, y las entradas se adquieren por Alternativa Teatral (http://www.alternativateatral.com/obra72860-80-cosos).

La madre del protagonista explica que su cabeza viaja vertiginosamente de un lado a otro, que en un momento está pensando en una cosa y al siguiente ese pensamiento ya se ha desplazado hacia otra parte. Todo está en constante movimiento, en perpetuo caos. “Es como dicen ustedes, un flash”, señala. La fragmentación y la yuxtaposición son premisas que ya aparecían en el texto original y pudieron ser traducidas al código imperante en pandemia.

“En su composición dramatúrgica la obra está fragmentada. Hay micro-escenas que componen una historia, entonces fue posible hacerla en este formato. En medio del confinamiento y la incertidumbre de no saber cuándo íbamos a poder volver al teatro, teníamos ganas de hacer algo. Eso fue lo que nos impulsó a experimentar”, cuenta Sabbadini, quien además acaba de ganar el Concurso Nuestro Teatro impulsado por el Teatro Nacional Cervantes. A partir de esa exploración surgió un lenguaje nuevo, algo que no es teatro ni cine pero que combina sus recursos y se ajusta al universo digital: “Primero tuvimos que encontrar una corporalidad, cada uno en su casa y a través de una pantalla. Lo siguiente fue descubrir los tonos de la voz, para que no fuese una actuación cinematográfica sino que pudiera conservar algo de lo teatral. Una vez que encontramos eso, empezamos a investigar el terreno visual”.

Laura Cardoso (directora de arte) y Darío Coronda (ilustraciones) fueron convocados por el dramaturgo para crear el tono visual de la propuesta: “Fue un trabajo en equipo. Empezamos a probar distintas texturas, formas, y después pasamos a los aspectos técnicos porque el Zoom tiene un delay de un segundo, entonces tuvimos que entender cómo funcionaba eso para poder incorporarlo a la pieza”. Sabbadini cuenta que a partir de la exploración de la herramienta surgió este lenguaje que no responde a los códigos tradicionales y que define como “dramaturgia de lo mínimo”: entrar y salir de pantalla, conformar escenas individuales o corales, yuxtaponer distintos cuadros. “Es una dramaturgia contemporánea, una experiencia sensitiva del micro-fragmento más que una historia. Creo que pudimos exprimir las posibilidades que da Zoom a favor de la actuación”, apunta.

Otro de los desafíos fue pensar la extensión del streaming en el marco de una cultura que tiende al consumo seriado y a formatos cada vez más breves: “El espectador de esta época está en su casa, tiene el celular a mano, la computadora encendida y mil distracciones. Hoy no disponemos del mismo nivel de atención que en una sala de teatro porque competimos con múltiples focos de atención en una misma casa”, señala el director. La propuesta, entonces, derivó en “teatro en capítulos”, con una primera parte de 35 minutos y una segunda parte que aún no tiene fecha de estreno pero está en proceso.

Cardoso, Coronda y Sabbadini son fanáticos de la historieta, y este no es un detalle menor. Por momentos, los recuadros del Zoom se convierten en pequeñas viñetas donde cada personaje despliega su relato: “Se fue configurando una especie de híbrido entre las ilustraciones de Darío y las actuaciones de los intérpretes, que son puro cuerpo y pura voz. El del cómic es un lenguaje con el que estamos muy familiarizados”.

Una pareja en un hospital público, un centauro, una mujer en el Bosque Peralta Ramos que, según dice, escucha con verdad. Una cucaracha de un metro, un candidato político, una mujer que se afea y se monta de fantasma para pasar desapercibida ante la mirada de los hombres. Un joven delivery de Rappi que carga una bomba en su mochila, la empleada del zoológico municipal que descubre la imagen de un Cristo crucificado en el culo de un mandril. Estos son algunos de los flashes que desfilan en la mente de la madre moribunda.

La obra plantea dos cuestiones interesantes: una en torno al dilema del teatro pandémico. Con respecto a ese debate, Sabbadini afirma: “El teatro ocurre en vivo, pero siempre hubo mediaciones: los griegos hacían teatro mediado por máscaras, a principios del siglo XX se jugaba con la cuarta pared. Por supuesto es muy diferente tener al público cerca, sentir la respiración, las risas. Pero la obra está ocurriendo en vivo y ese es el pacto teatral: algo que está pasando ahora, en otro lugar, pero que no es un video reproduciendo una función anterior. Eso es lo que caracteriza al streaming en vivo”.

La otra cuestión emerge ante la irrupción de un personaje que quiere saber dónde están los huesos de sus antepasados, un cuestionamiento hacia la hegemonía blanca, occidental y capitalista en Argentina, con el foco puesto en los conflictos de las comunidades originarias: “Esta es una línea política sutil para cuestionar el estado de cosas. Nosotros hacemos arte y no vamos a solucionar los grandes problemas, pero para mí la función del teatro es poner esto sobre la palestra. Por ejemplo, para hacer los barrios privados de Nordelta tuvieron que construir sobre los cementerios de los originarios y terminaron destruyendo los humedales naturales de Zona Norte. La economía de mercado avanza y en el camino se lleva puesto un montón de gente y recursos naturales. Me parece que esto define un poco la forma de la obra: un gran plano fragmentado, cruzado tangencialmente por un conflicto político”.

En 80 cosos se experimenta con un lenguaje que no pertenece estrictamente a lo teatral ni a lo cinematográfico, pero que se nutre de ambas disciplinas. Las actuaciones de María Zubiri, Martín Urruty, Mariela Castro Balboa, Emiliano Pandelo, Aníbal Gulluni y Carla Morales Ríos (desde Salta) son uno de los elementos decisivos, porque logran generar algo vivo a pesar de las mediaciones tecnológicas. La premisa de la fragmentación les permite poner en juego diversos materiales (el cuerpo, la voz, ilustraciones, códigos propios del cómic o el formato videoclip) e incluso capitalizar las limitaciones técnicas de una herramienta como Zoom.

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