Del Bebé Yoda a las influencias de Kurosawa y Eastwood

Disney estrena la segunda temporada de "The Mandalorian"

Es una serie de la saga de La Guerra de las Galaxias pero se las arregló para resultar muy diferente a casi todo lo que puede verse en streaming hoy. The Mandalorian, creada por Jon Favreau --que ya mismo desembarca en América Latina en la plataforma digital de Disney con su segunda temporada-- tiene influencias del cine de Kurosawa, del western, de Eastwood y, dentro de lo posible, se resistió a ser sobreexplotada comercialmente con merchandising y demás. La serie sigue las aventuras galácticas del misterioso cazador de recompensas del título, interpretado por el chileno Pedro Pascal, mientras protege a “el niño”, bautizado por los espectadores como Bebé Yoda. 

Es incomprobable, realmente, pero la historia de rodaje de The Mandalorian, que ya se ha convertido en mitología de la serie, cuenta ésto: durante un día de filmación de este nuevo y omnipotente caballo de batalla de Disney, uno de sus creadores, Jon Favreau, quiso retirar de escena la encantadora marioneta del pequeño Bebé Yoda. A esta altura, quien no haya visto la serie, y ni siquiera sepa de qué se trata todo esto, seguro que igualmente habrá encontrado en internet millones de imágenes del gran personaje del 2019: un precioso ejemplar de la misma especie del poderoso Yoda que conocimos en la saga Star Wars, ahora, en versión bebé. La idea de Favreau era tener el metraje libre, en caso de que, como suele suceder, y como él esperaba que sucediese, hiciera falta reemplazar al adorable muñeco de Bebé Yoda por una versión digital, más fácil y más barata, en la bendita postproducción. El director alemán Werner Herzog, que estaba ese día en el set — ya que, aunque antes filmó películas como Fitzcarraldo y Aguirre, la ira de Dios, también está lo suficientemente loco como para interpretar a un villano de la nueva serie de Star Wars— le gritó a Jon Favreau: “¡Eres un cobarde!”

Dicen los involucrados que fue gracias a Herzog, su brío y su pasión por la artesanía del cine de antaño, que Baby Yoda sigue entre nosotros. "Fue una de las cosas más raras que me han pasado al dirigir", se divirtió la directora Debora Chow, que estaba a cargo de Herzog y del bebé espacial en ese capítulo. "Yo estaba dirigiendo a Werner Herzog con la marioneta y él estaba encandilado. Creo que se le había olvidado que Baby Yoda no es un ser vivo, porque empezó, más o menos, a dirigirlo como si fuese un actor. Y ahí estábamos todos ¡Mirando a Werner Herzog hablando con el bebé como si fuera de verdad!".

Además de ser espectacular, la anécdota quizás encapsula con elocuencia la inusual libertad y amor al cine con la que se ha filmado la exitosa The Mandalorian, a pesar de enmarcarse en una franquicia poderosa que podría haber sido más limitación que oportunidad para sus autores. La serie, que es la primera serie de Star Wars filmada con actores, aunque antes había tenido otras encarnaciones en animación, hará su arribo a Latinoamérica a través de la plataforma digital de Disney al principio de la semana, ya en su segunda temporada, y es sin duda una fruta muy extraña.

Jon Favreau, que junto a Dave Filoni es el creador y productor ejecutivo de The Mandalorian, y que supo ser uno de los directores del Universo Marvel, o como intérprete del simpático Happy Hogan, guardaespaldas/mejor amigo de Iron Man, cuenta: "Me gusta la imagen de Mandalorian porque realmente me recuerda a los westerns y a las películas samurai que originalmente influenciaron a George Lucas. Es una versión deconstruida de El hombre sin nombre de Clint Eastwood, un personaje genial, misterioso y divertido a través de quién ver el mundo". Con esa mirada, a la vez contemplativa y aventurera, del cine western, con sus perfectos y redondos capítulos independientes y con un arte y una música tan ambiciosos que el cine comercial parece ya no animarse a explotar, The Mandalorian es una historia paralela a la saga que conocemos y, al mismo tiempo, una donde la franquicia parece tener puesta toda su esperanza. La serie sigue las aventuras galácticas de un misterioso cazador de recompensas interpretado por el chileno Pedro Pascal —e inspirado en Boba Fett, personaje de la saga original que se hizo popular a pesar de su corta aparición— mientras protege a “El niño”, bautizado por los espectadores como Bebé Yoda, un ejemplar tan extraño que tiene a la galaxia entera buscándolo para adueñárselo.

Por supuesto que The Mandalorian es parte de la saga de Star Wars con todo su entramado comercial, pero al mismo tiempo, parece ser una serie absolutamente autoral. Por un lado, es una producción que el año pasado venció en reproducciones a fenómenos como Game of Thrones o Stranger Things, pero que fue lo suficientemente osada y contrera como para negarse a vender juguetes en sus inicios, solo para que la presencia de Baby Yoda no llegara a filtrarse. Quisieron que su impacto fuese, antes que nada, dramático, y despues comercial. Lo que ya es bastante decir para ellos porque, como es sabido, Star Wars prácticamente inventó la venta de merchandasing, y un personaje como ese está decididamente destinado a convertirse en objeto de todo tipo.

Muchos han comparado a The Mandalorian con el famoso manga The Lone Wolf & Cub, una historia magistral sobre el viaje de un samurai y su bebé por una tierra turbulenta, y también le han atribuído, con razón, esos aires a John Wayne o al cine de Kurosawa, mucho más meditabundo que pirotécnico. Favreau dice: “Quería conectarme con el cine que veía de niño, cuyos temas eran la soledad y la tristeza, pero donde irrumpía siempre un sentido de comunidad. Es verdad que al formar parte de esta saga estás limitado en cuanto a lo que puedes presentar, pero también tenés a disposición todo este poderoso imaginario de Star Wars que se ha enraizado en todo el mundo”.

Esta historia paralela tiene lugar cinco años después de El Regreso del Jedi, es decir, cinco años después de la muerte del Yoda que ya conocíamos y de que Luke Skywalker se reencontrara con su padre, Darth Vader. Como ellos, la mayoría de los personajes de Star Wars siempre ha tenido una historia que los antecede: pertenecen a una raza, a un lugar en la galaxia. Por eso, Yoda era un misterio y una rareza. Nunca se supo nada de su origen, o si acaso había otros como él. Casi igual con Mandalorian, un personaje enigmático que jamás muestra el rostro y de cuya comunidad se sabe poco, más allá de su facilidad en las artes de la muerte y la supervivencia. Así que, además de agregar ternura, muñecos funko y lluvia de likes, la presencia de ambos era una posible ruta nueva a develar para la saga, un viaje dramático con dos personajes sin pasado que sólo parecían tener porvenir. En esta segunda temporada, la misión de Mandalorian es llevar a Bebé Yoda con los de su clase, un desafío en sí mismo, ya que nadie en la galaxia parece haber visto a nadie como él.  


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