El Megáfono

Guerreras de la primera línea

Desde el inicio de la pandemia, cientos de mujeres realizaron la tarea de alimentar a otrxs, acompañar las postas sanitarias, de sostener ollas y comedores. En esta tercera entrega, la historia de Ema Cristina Penoni, La Pelu, vecina de Villa Fiorito, cartonera y luchadora, sigue siendo narrada desde su resistencia.
Al frente de la selfie, Ema Penoni en la planta recicladora junto a sus compañeras del MTE.  Al frente de la selfie, Ema Penoni en la planta recicladora junto a sus compañeras del MTE.  Al frente de la selfie, Ema Penoni en la planta recicladora junto a sus compañeras del MTE.  Al frente de la selfie, Ema Penoni en la planta recicladora junto a sus compañeras del MTE.  Al frente de la selfie, Ema Penoni en la planta recicladora junto a sus compañeras del MTE.  
Al frente de la selfie, Ema Penoni en la planta recicladora junto a sus compañeras del MTE.   

Ema Cristina Penoni fue la principal impulsora de los cambios en el sistema de la recolección de la Ciudad de Buenos Aires, que otorgó derechos y mejoró el trabajo de los cartoneros y cartoneras. Sus compañeres del Movimiento de Trabajadores Exlcuidos destacan su empuje inigualable. Metalera, madre de cinco, La Pelu ayudó a decenas de jóvenes a dejar las drogas e impulsó la creación de un comedor en su barrio en plena pandemia. El 12 de agosto falleció por coronavirus.

En el barrio de Fiorito todos conocen a Pelu. En la casa donde vivió muchos años se reúnen sus hijos, el padre, la última pareja de Pelu, y cada tanto entran vecinos y vecinas para narrar sus recuerdos y expresar su cariño y admiración.

El primero en romper el hielo es Pupi, padre de sus hijos, que cuenta cómo quedó ciego y lo echaron del trabajo. Fue entones que Cristina se sumó a un comedor y comenzó a cartonear para sobrevivir. Con un changuito de supermercado, caminaba cincuenta cuadras hasta Lanús juntando cartón, muchas veces acompañada de sus hijos más grandes, mientras Pupi cuidaba al más chico. Poco después, empezaron a cartonear juntos. "Nos conocimos a los 22 años. Yo aprendí todo con ella y en los momentos más duros, ella siempre se ponía al frente y encontraba una solución", asegura.

Cristina era una de las responsables de la cooperativa "El amanecer de los cartoneros”, con más de 3.500 integrantes. Como delegada, luchó contra viento y marea para lograr cambiar el sistema de recolección. Después de viajar colgados en camiones en condiciones de absoluta precariedad, conquistaron obra social, seguro de accidentes, ropa de trabajo, y guarderías. "Fue una lucha de siete años pero logramos cambiar el sistema. Pasamos de no tener carro para trabajar a conquistar nuestros derechos. Y ella se lo puso al hombro. Hoy estamos donde estamos gracias a ella", cuenta Jonathan Perez, última pareja de Pelu. La Ley 992 permitió que les cartoneres fueran incorporades al servicio público de higiene urbana y luego se aprobó la Ley Basura Cero.

Muchos de los cartoneros jóvenes empezaron a trabajar en la recolección para salir de la droga. Su hijo Thiago recuerda que su madre siempre tuvo como prioridad acompañarlos en ese proceso: "Los iba a buscar hasta la comisaría, los acompañaba para que dejaran de consumir y trabajaran. Para más de cuarenta pibes del barrio, es como una madre. Era estricta con el trabajo, nunca bajaba los brazos. Si algo me enseñó es a no rendirme nunca", afirma. En plena pandemia, los comedores no daban abasto y Pelu ayudó a abrir un espacio en el barrio, frente a la Plaza 1 de octubre. Con donaciones y a pura fuerza de voluntad se sostiene aún hoy la entrega de la cena para más de 150 familias.

Su familia y compañeres coinciden en que Pelu nunca paraba aún cuando tuviera presión, diabetes o estuviera enferma. Había un problema en una de las rutas, ella iba a resolverlo. No dejaban hacer el comedor en un barrio por amenazas de grupos narcos, ella los enfrentaba. Detuvieron un cartonero en La Plata durante la pandemia y ella fue la primera en llegar al lugar para exigir su liberación. A fines de julio tuvo neumonía y cuando fue al hospital la dejaron internada. Después de que le diagnosticaron coronavirus, la entubaron y quince días después falleció de un paro respiratorio.

Su hija Antonella habla poco, pero dice las palabras justas: "Pelu deja una huella para el barrio y para la cooperativa. Logró cambiar el sistema y hacer que cartonear sea una tarea organizada y colectiva con derechos garantizados".

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