Un pescador que el río quiso

Maradona seguirá existiendo.

Nosotros dejaremos de existir, llegará un día, difícil de entender, pero llegará el día en que ruede por última vez una pelota sobre la tierra. Difícil concebir el fin del fútbol, más fácil es pensar el fin del mundo. Pero llegará sin duda ese día y Maradona seguirá existiendo. Como un rey valiente.

La suerte sigue al coraje, y Maradona será favorecido con la eternidad.

La lengua española, morirá pero algunos de sus tonos a duras penas sobrevivirán entre lenguas vivas del futuro, gracias a los versos de los caminos, las estampas revolucionarias y también en las gambetas de Maradona perdurará nuestra lengua.

La ciudad de Buenos Aires será tragada por las aguas y el obelisco asomará como la punta de un tempano ansioso, pero la esquina de Segurola y La Habana permanecerá intacta para ver si algún día Toresani lo irá a buscar a Diego Armando Maradona finalmente.

El río Paraná también te quiso, el río Paraná también te llora.

Han pasado ya tres días y no deja de llorarlo, Paraná a su amigo Maradona.

Se conocieron en Esquina, Provincia de Corrientes. “Si algún día Argentina entra en guerra, Corrientes la va ayudar”. Correntino y de Esquina era el papá de Diego Armando.

Allá se disfrutaron con tranquilidad en la calidez y la picardía de las islas en pesca del dorado, bajo el aura del chamamé.

Al día siguiente del día en que murió el pibe de oro, fui con dos compañeras hasta la orilla del río. Íbamos a dar los primeros pasos de una huerta que queremos activar para contrarrestar tanto eco-cidio, tanto dolor, tanto desierto que dejan las quemas en el Humedal. Pero este jueves santo, con las primeras luces nos dimos cuenta que habiendo semejante marejada no estaba como para cruzar cargados.

Fuimos igual a la única bajada pública de la ciudad, fuimos con ánimos de ver si la cosa calmaba. Nos quedamos mateando en la orilla, el río parecía un Mar. Un Mar a donde nosotres nos quedamos toda la mañana, en esa bajada pública donde la gente de la isla se las tiene que arreglar entre los escombros como puede para trepar y entrar a la ciudad, en busca de provisiones, asistencia médica o incluso cuando vienen a traer el cuerpo de un familiar muerto. Todo esto me cuenta Don Valentín, con sus sesenta años de isla en la mirada. Él espera también que amaine para volver a su casa allá en la Boca del Saco. Me cuenta que su padre tenía quintas junto a su rancho y traía la canoa a tope de repollos para vender en el Mercado de Rosario. Mientras miramos la imparable marejada, cuenta Valentín con los ojos tristes que cuando su padre murió el Río Paraná también estaba como hoy, parecía que corría para el otro lado por el viento sur.

Valentín baja la voz. En un susurro apenas audible me dice: "Cuando el río corre pa’l otro lado, es porque partió un pescador que el río quiso".

Los dos nos miramos a los ojos, nos quedamos en silencio, un momento después decimos juntos:

–Maradona.

Maradona, el Paraná también te llora. Con esta marejada retrocede y recuerda. Recuerda por ejemplo que te llevó sobre su lomo pardo junto a tu padre y los dorados que te dejó sacar; recuerda también tu sonrisa al sostenerlos y eran la copa que te dio tu amigo, el río Paraná.

Cómo se va a olvidar Paraná, de verte arribar todo campeón del mundo, todo sencillo y contento,. Cómo va a dejar ir ese recuerdo cuando te remontaste, barrilete cósmico, hasta Corrientes para festejar con su gente en la tranquilidad de una tarde junto a tu viejo, con el chamamé sonando en la radio. Están en la gran cosa, que es la vida, en la pesca del dorado, del dorado que es como vos, el Rey.

Maradona, también te está llorando el Paraná.

La marejada no afloja y eso que ya pasaron tres días.

Esperemos que amaine para la semana que viene, porque nos organizamos para llevar los primeros plantines de la huerta. Vamos a plantar un árbol en tu memoria, Diego querido. Para que el fuego sea semilla de revolución. Para que tu muerte no sea la muerte de nuestros sueños, sino que seas la llama eterna, brillando con tu sonrisa de pibe, el pibe dorado que alguna vez dijo:

–Yo creo que al que se le acaban los sueños, muere; muere porque no tiene razón de vivir, yo sueño muchísimas cosas.

Acá estamos, a la luz de tu eternidad, hasta los huevos.

Armando con nuestros sueños realidades. 

Que en paz descanses Diego Armando Maradona.

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