Allanamientos y detenidos en 6 provincias 

Dos detenidos en Salta de una megaorganización delictiva 

Son un hombre y una mujer. Operaban bajo la fachada de una comunidad religiosa denominada Filadelfia. 
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El allanamiento en Salta  

Fuerzas de seguridad nacionales detuvieron ayer en la ciudad de Salta a un hombre y una mujer en el marco de una investigación nacional que desbarató a una organización dedicada a la trata de personas y otros delitos y que operaba en las provincias de Salta, Tucumán, Buenos Aires, Neuquén, Mendoza y Entre Ríos bajo la fachada de una comunidad religiosa denominada Filadelfia. En total en 23 operativos en el país hubo siete detenidos y se rescató a 69 personas. 

Según informó el Ministerio de Seguridad de la Nación, las tareas de investigación estuvieron a cargo de personal de la Policía Federal con ayuda de Gendarmería Nacional, con intervención del Poder Judicial Federal y la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex) del Ministerio Público Fiscal federal, y logró desarticular una organización criminal que era liderada por una mujer conocida como “La Tía Eva” y que bajo la pantalla de una comunidad religiosa denominada Filadelfia, se dedicaba a la trata de personas, lavado de dinero, delitos contra la integridad sexual de menores de edad y adultos, y contra la identidad y la vida

En la madrugada de ayer se realizó un amplio operativo en cuyo marco hubo 23 allanamientos en sedes del Templo Filadelfia en las provincias y en otras propiedades vinculadas al grupo. 

Según detalló Seguridad, entre los delitos registrados, se estableció que sustraían niños a sus padres biológicos para inscribirlos como hijos de mujeres de la organización criminal. Además, la "comunidad" hostigó hasta inducir al suicidio a un joven que se había reconocido homosexual. 

El origen de la investigación fue un operativo realizado en mayo de 2019 por la Policía de la Provincia de Buenos Aires, que permitió comprobar que la organización criminal operaba con un minucioso sistema de captación de personas para, posteriormente, explotarlas laboralmente y someterlas a la servidumbre. En la pesquisa que siguió, con intervención del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional Número 3 de Morón, a cargo de Juan Pablo Barral, y del fiscal Santiago Marquevich, se descubrió que la organización cometía además otros crímenes.  

Según informó la cartera de Seguridad, bajo la fachada de comunidad religiosa, el grupo criminal comenzó a operar en el país entre 1972 y 1973 liderado por “la Tía Eva”, Eva Petrona Pereyra, detenida en mayo de 2019, y dos cómplices a quienes se acusa por el momento de dos abusos sexuales (en el marco de acciones “religiosas” con el objetivo de “evitar el pecado”) en perjuicio de al menos un menor de edad, pero esta práctica se habría reiterado a lo largo de los años. El “templo” principal estaba en el Gran Buenos Aires y tenía “anexos” en varias provincias, entre ellas Salta, y se presume que tendría también sedes en Brasil y Paraguay. La organización captaba personas en distintas partes del país, principalmente niñas y niños en situación de pobreza y vulnerabilidad a quienes luego impedían todo contacto con sus familias, los obligaban a vivir en condiciones de miseria, "con una alimentación degradante" y explotaban en una panificadora de la organización. 

El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación informó por su parte que a través del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata asistió a 67 víctimas de trata, seguidores de la iglesia Templo Filadelfia, entre ellos varios niñas, niños y adolescentes. El equipo interdisciplinario del Programa estuvo presente en los 23 operativos realizados en las ciudades de Salta, Neuquén, Guaymallén, San Miguel de Tucumán, Paraná, Bahía Blanca, Mar del Plata y en la localidad de San Justo

“Nos encontramos con que las víctimas no se reconocían como tal. Y esto tiene que ver con el plan sistemático de los líderes del culto para eliminar la subjetividad de los integrantes de esta iglesia en la que también existían torturas como modo de disciplinamiento, y donde la voluntad de las víctimas quedaba anulada. Todo esto motivó la ausencia de reconocimiento y autopercepción de ellas como verdaderas afectadas en esta situación”, explicó Zaida Gatti, titular del Programa Nacional de Rescate.

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