femicidio
Sal sobre la herida
Tras la aparición del cuerpo sin vida de Micaela García, el discurso de la mano dura arreció, como si endurecer penas, anular la figura de la libertad condicional o pedir la cabeza de un único juez fuera una respuesta útil frente a la crueldad de la violencia machista que encuentra a la mayoría de los ejecutores en el círculo íntimo de las víctimas. Desde el feminismo, sin desconocer la necesaria mirada crítica a una Justicia mayormente patriarcal, también se subraya que este auge punitivo no traerá soluciones: porque los violadores no son monstruos ni enfermos, porque los golpeadores suelen ser vistos como buenos vecinos, porque estas conductas están enraizadas en un sistema de dominación vigente, casi intocado, que requiere políticas amplias, interdisciplinarias, con perspectiva de género y que se ocupen también de la prevención.






















