A propósito del título de Defensa y Justicia en la Copa Sudamericana

Fútbol, divino milagro: aquellas grandes gestas de los "de abajo"

La del Halcón es una prueba más de que en este deporte todo es posible. Un pequeño repaso por algunos de los hitos subalternos que quedaron en la memoria, y no tanto.
El alemán Maier vuela a su izquierda mientras Panenka acaricia la pelota. No sabía lo que le esperaba.El alemán Maier vuela a su izquierda mientras Panenka acaricia la pelota. No sabía lo que le esperaba.El alemán Maier vuela a su izquierda mientras Panenka acaricia la pelota. No sabía lo que le esperaba.El alemán Maier vuela a su izquierda mientras Panenka acaricia la pelota. No sabía lo que le esperaba.El alemán Maier vuela a su izquierda mientras Panenka acaricia la pelota. No sabía lo que le esperaba.
El alemán Maier vuela a su izquierda mientras Panenka acaricia la pelota. No sabía lo que le esperaba. 
Imagen: AFP

Todavía no se ha inventado un deporte más igualitario que el fútbol, donde un gol, un instante, se transforma en gloria y tragedia eterna para unos y otros. A pesar del cada vez mayor dominio de los gigantes, con mucho de competencia desleal y poco espíritu de clubes, el fútbol siempre deja lugar para los batacazos... Para que David venza a Goliat casi de manera asidua. La gesta de Defensa y Justicia en la Copa Sudamericana se suma a la larga lista de los triunfos de los de abajo, la clase trabajadora del fútbol.

Es realmente insólita la cantidad de sorpresas que tiene este deporte, no importa el continente, ni el país, ni la época. En consecuencia, para confeccionar esta mínima lista, las posibilidades rebalsaban. Entonces, una pequeña explicación del por qué de los ejemplos a citarse en las siguientes líneas, una especia de requisitos a cumplir. Primero, ser un club o nación completamente ajeno a los parámetros del "candidato", hasta ser casi virgen en el terreno en el que compite. Por caso, lo de Boca ante Real Madrid en el 2000 es un batacazo, pero bueno, es Boca, un gigante frente a otro gigante, no nos engañemos, no califica. Segundo, el valor de la épica es fundamental: un gol en el epílogo o la talla del contrincante, cuentan. Por último, para no ser repetitivos, se intentará no repetir torneos ni países. Y lo más importante de todo, que hayan sido campeones. En adelante, algunos de los más grandes milagros de la historia del fútbol.

La locura más bella

A pesar de contar con sólo 15 ediciones (contra 46 de la Copa América), a la Eurocopa le sobran epopeyas. La coronación de la Unión Soviética de Lev "La Araña Negra" Yashin en Francia 1960; la de la Dinamarca de Schmeichel y Brian Laudrup -invitada al certamen tras la deserción de Yugoslavia- ante la Alemania campeona del mundo en Suecia 1992; y la cada vez más inverosímil gesta de la Grecia dirigida por Otto Rehhagel ante la local Portugal de Cristiano Ronaldo y Figo en 2004 están entre las sorpresa. Sin embargo, una destaca por su colorida definición: la victoria de Checoslovaquia en Yugoslavia 1976 ante la Alemania de Beckenbauer y Sepp Maier. ¿Qué la hizo tan especial? Es que luego de igualar 2 a 2, la cosa se tuvo que definir en los penales, y el quinto y último disparo cayó en los pies (y sobre todo en la locura) de Antonin Panenka. El arquero checoslovaco Ivo Viktor lo había amenazado con no dirigirle nunca más la palabra si se animaba a hacer lo que venía realizando en los entrenamientos. Pero no hubo caso. Panenka la picó, engañó a Maier y bautizó para siempre con su apellido tal genialidad.

Matagigantes

Nunca salió campeón en su país y, sin embargo, es el club que posee los únicos dos títulos continentales de su nación. No le fue nada fácil llegar a la Sudamericana 2003 a Cienciano de Perú. Es más, su suerte dependió de una quita de puntos a otros dos equipos para subir en la tabla general y quedarse con el único pasaje que otorgaba la liga incaica al certamen. Su nombre quedó grabado en la memoria argentina ya que no sólo venció al River de Manuel Pellegrini, Mascherano, Lucho González, Gallardo y Marcelo Salas en la final (3 a 3 en Núñez y 1 a 0 en Cusco con un jugador menos); sino que al año siguiente se cargó al Boca de Brindisi, Tevez, Palermo y Abbondanzieri en la Recopa, al imponerse en los penales luego de empatar 1 a 1 en Estados Unidos. No le sobraban apellidos al elenco cusqueño, que tuvo a su máxima figura en el veterano delantero limeño Germán Carty (35 años por entonces), goleador de aquella Sudamericana. Pero sí estaba empachado de batacazos: como si River y Boca no fueran suficientes, también batieron al Santos de Robinho, Diego y Elano en cuartos de final. Hoy en día, retornó a la Primera División en 2020 luego de pasar cuatro temporadas en el ascenso tras una devastadora crisis interna.

El número uno

Si de clubes humildes tocando la gloria se trata, casi que no hay discusión en cuanto a cuál escribió la mayor gesta de todas. El Nottingham Forest de Brian Clough y Peter Taylor es un caso único. En 1975 asumieron en el club, en 1977 lograron el ascenso a Primera División, en 1978 ya eran campeones ingleses, en 1979 conquistaron Europa, y en 1980 eran bicampeones continentales. Decenas de libros se han escrito y más de una película se ha filmado sobre el equipo de la tierra de Robin Hood, que en lo que va de siglo todavía no pudo retornar a la Premier League. Tan polémico e incorrecto como genial, Clough fue todo un personaje, ideal para una era de auge comunicacional con sus batallas discursivas con Don Revie, DT del exitoso Leeds de pierna criminal. Tan loco como para poner a delanteros de defensores centrales, como para irse a las piñas con un par de hinchas en pleno partido, o sumarse a las huelgas mineras de sus conciudadanos y militar la ideología socialista. "No diría que era el mejor entrenador del mundo, pero estaba en el top uno", contestó alguna vez. Y aunque razón no le faltaba, sus finales siempre fueron trágicos: como la lesión que lo obligó a dejar de jugar, el descenso que puso fin a su ciclo de 18 años en Nottingham o la pelea irreconciliable con su gran amigo Taylor y unos últimos años de vida sumergido en el alcohol.

Clough y la Copa europea de 1979. (AFP)

La Nigeria del '96

Muchos recuerdan el batacazo de las Aguilas Nigerianas en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, imponiéndose en la final a la Argentina de Daniel Passarella, al mando de un verdadero "dream team" compuesto por Ortega, Crespo, Zanetti, Simeone, el Piojo López (festejo con inflador incluido), Almeyda y, por ejemplo, Gallardo. Fue un 3 a 2 agónico, con gol del luego fichado por Barcelona Emmanuel Amunike, luego de una insólito achique de la defensa albiceleste en una pelota parada a los 90 minutos de partido. Tamaña gesta dejó en el olvido el choque de semifinales de los africanos, un terrible 4 a 3 en tiempo suplementario ante el Brasil de Ronaldo, Rivaldo, Bebeto y Roberto Carlos. Una generación realmente dorada la de aquella Nigeria de los talentosos Nwankwo Kanu, Jay-Jay Okocha, Victor Ikpeba y del no tan agraciado pero de inolvidable peinado, Taribo West.

Taribo West. (AFP)

Nace una estrella

Cuenta la leyenda que sólo un equipo del "interior" de Brasil logró ser campeón de Primera División, el hoy por hoy un tanto ignoto Guaraní FC de Campinas, que desde hace diez temporadas pena en el ascenso. El año era 1978 y en el elenco verde militaba un delantero de apenas 17 años que no tardaría en echarse fama mundial: Careca, el gran compañero de Maradona en Napoli. Con 13 tantos, fue uno de los goleadores del equipo en aquel torneo de tan sólo 74 equipos, entre los que figuraban el Flamengo de Zico, el Inter de Falcao y el Vasco da Gama de Roberto Dinamita. Denominado oficialmente como Copa Brasil, el certamen resultó un verdadero periplo por diferentes etapas. En total, fueron tres rondas de grupos para llegar a los cuartos de final, semifinal y final. Tras un comienzo austero de 8 triunfos, 7 empates y 4 derrotas en las dos primeras rondas; Guaraní ganó 12 de sus últimos 13 partidos para levantar el título. En la definición, el vencido fue el por entonces ya seis veces campeón Palmeiras, que tenía a Emerson Leao en el arco. El uno fue protagonista en la primera final, ya que le propinó un golpe al bueno de Careca en plena área y desató un escándalo: policía militar y un sinfín de periodistas rodeaban a Leao, que no se quería ir luego de ver la roja. La ida la ganó Guaraní 1 a 0 con gol de Zenon en ese penal. Mismo resultado fue el de la vuelta, aunque el festejo fue de Careca, quien sobre el final casi firma una obra maestra con un taco que no fue gol de milagro.

Contra la historia

El rival era nada menos que Brasil, ganador de las cuatro Copa América que se habían disputado hasta el momento y vigente subcampeón olímpico. Su récord en el torneo era imponente, con seis partidos jugados, seis triunfos -cuatro de ellos con goleadas de seis goles- y 30 tantos a favor y dos en contra. Claro que aún peor era su récord histórico en el certamen, con 22 victorias en 22 presentaciones, 170 goles a favor y nueve en contra. Pero el fútbol todo lo puede. En la final en Mar del Plata, fue triunfo argentino por 2 a 0 con goles Eva González y Belén Potassa y una notable jornada de Romina Ferro en el arco para sacar pasaje directo a los Juegos de Beijing 2008 y mandar a Brasil al repechaje. Aquella edición de 2006 fue la única Copa América que no ganaron las heptacampeonas brasileñas hasta hoy.

Potassa, heroína en aquel Argentina-Brasil. (Foto: Santiago Abdala)

Orgullo armenio

La liga soviética se jugó de 1936 a 1991, con participación de clubes de las 15 repúblicas que componían la Unión. Claro que el dominio de Rusia y Ucrania era abrumador, dueños de 50 de los 54 títulos de manera combinada. Entre las excepciones, se destaca la del FC Ararat Ereván armenio, campeón de liga y copa en 1973. Armenia era el país más chico de los 15 de la URSS y sólo llegó a festejar una vez a nivel nacional, pero vaya ocasión. De la mano del emblemático entrenador Nikita Simonián, el Ararat se coronó tres puntos arriba del temible Dinamo de Kiev, máximo ganador del certamen con 13 conquistas. Según cuenta Simon Kuper en el libro "Fútbol contra el enemigo", la noche del título fue una fiesta nacional que ni las autoridades comunistas interrumpieron, también emocionadas por la gesta. Ararat tiene un doble significado de acuerdo al autor, es el nombre del equipo y también el de una montaña en Turquía, en territorio que alguna vez perteneció a los armenios.

Rugido 'e tigre

Talleres de Córdoba campeón continental. Sí. Sucedió en 1999, en la ya extinta Copa Conmebol. Se puede decir que el equipo de Ricardo Gareca tuvo suerte y mucha. Primero porque Lanús, Gimnasia y Argentinos se bajaron del certamen y la T clasificó como "invitada". Y segundo, porque contó con cruces ante clubes un tanto menores, como Independiente Petrolero de Bolivia, Paraná de Brasil o Deportes Concepción de Chile. Pero nada estaba regalado para los cordobeses, que recién llevaban una temporada en Primera. En la final, fue derrota 4 a 2 en Brasil ante Sportivo Alagoano y todo parecía estar sentenciando para el equipo que tenía a Mario Cuenca, Rodrigo Astudillo y Darío Gigena. Sin embargo, en Córdoba todo cambió. A los 90 minutos, Julián Maidana puso la cabeza y firmó el 3 a 0 para desatar la locura.

Festejo cordobés. (Prensa Talleres)

Amateur vale doble

En las islas de Nueva Caledonia viven menos de 300 mil personas (en Florencio Varela hay 426 mil, por ejemplo); sin embargo, este territorio de ultramar francés con fútbol amateur se las ingenió para meter a los dos finalistas de la última Champions League de Oceanía y romper con la hegemonía neozelandesa, ganadores de los últimos ocho títulos. La impensada definición -nunca un club neocaledonio había llegado a la final- entre el Hienghene Sport, hasta entonces con sólo un título local, y el AS Magenta, rey de su país con 11 conquistas, se definió en favor de los primeros de manera aún más sorpresiva: con un terrible golazo de mitad de cancha de un jugador recién ingresado. En el Mundial de Clubes que luego ganó Liverpool, el sueño de Hienghene no duró demasiado ya que fue eliminado por el Al Sadd qatarí en primera ronda.

Un tal Once Caldas

La historia reciente de la Copa Libertadores tiene dos consagraciones que no estaban en los papeles de nadie. La de la Liga de Quito de Edgardo Bauza en 2008, primer título internacional en la historia de Ecuador; y la del ignoto Once Caldas, en 2004. La jerarquía del rival de turno hace que la conquista de los colombianos tome mayor relevancia en estas líneas, ya que enfrente estaba nada menos que el Boca de Bianchi, vigente campeón de la Copa y ganador de tres de las últimas cuatro ediciones. Empate 0 a 0 en la Bombonera y 1 a 1 en Manizales, hubo definición en los penales. De un lado, Abbondanzieri, ya afamado atajador de penales, se quedó con dos de los cuatro disparos colombianos. Pero del otro, con rulos largos, vincha y pantalón híper corto, estaba Juan Carlos Henao. Ni Schiavi ni Burdisso (desviados), ni Cascini ni Cangele (atajados) pudieron convertirle a "La Araña", el gran héroe de aquella jornada tan inverosímil como futbolera.


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