Con un género teatral bien conocido, años de amistad y trayectoria consolidada, nada puede salir mal. Gabriel “Puma” Goity y Jorge Suárez lo saben, lo disfrutan y lo demuestran cuando aparecen en escena para protagonizar Lo escucho, la nueva comedia que los vuelve a reunir sobre las tablas.

Escrita por Bénabar y Héctor Cabello Reyes, la obra sube al escenario del Teatro Metropolitan (Corrientes 1343), con versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino, dirección de Carlos Olivieri y un elenco que se completa con Julieta Vallina, Daniela Pal y Ricardo Cerone. La historia comienza cuando un particular psicólogo y psiquiatra (Suárez) recibe a un nuevo paciente (Goity), quien no es otro que el ex marido de una de sus antiguas pacientes que lo responsabiliza por su separación. Dispuesto a todo con tal de recomponer la relación (lo cual incluye un artefacto explosivo como método extorsivo), el hombre alterará la rutina del consultorio.

“Es una obra rara”, describe Goity. “Me gustó el hecho de que tiene muchas contradicciones. Tiene momentos absurdos y de comicidad y a su vez también personajes y situaciones que son más naturalistas. Sin Jorge no creo que hubiera hecho esta comedia. Con él dame lo que sea, que lo vamos a hacer (risas)”.

Cuando la gente se va de la función se va feliz de haber participado de un encuentro donde la intención fue pasarla bien todos juntos”, agrega Súarez acerca del espíritu de la propuesta que es una de las más concurridas de la temporada. “Esta es una buena comedia para este momento en el que la gente necesita sentarse en un lugar donde vea que la están cuidando, para ver una historia que es una suerte de vodevil y que parece sencilla, pero que es muy difícil de hacer”.

Y, como analiza el actor, es precisamente a esa dificultad propia del género que se añade un desafío mayor dado por el contexto. “Cuando uno hace comedia, hay quienes creen que es un género más fácil y liviano, pero por el contrario es algo muy difícil de hacer. Sobre todo en estos momentos, donde tenemos al público de alguna manera esposado, con barbijos y separadísimos”, apunta al respecto.

Ambos cumplirán este año cuatro décadas de amistad desde que en 1981 coincidieron en el mismo conservatorio donde iniciaron sus clases de actuación. Y Lo escucho es el tercer proyecto teatral que comparten, luego de El método Grönholm (2005) y Gorda (2008), siempre con la dirección de Daniel Veronese.

“Somos hermanos de la vida. Nos encanta trabajar juntos y es una alegría inmensa estar otra vez en el escenario”, confiesa Goity, mientras su compañero sostiene: “Queremos que la gente sepa que puede venir al teatro y que va a estar súper cuidada. Y juntos sentimos que estamos poniendo lo mejor.”.

-¿Qué aporta ese vínculo personal que ambos tienen al momento de volver a compartir escena?

Gabriel Goity: -La disciplina del teatro implica una cotidianidad, entonces estar con Jorge me da mucha tranquilidad, porque es verdaderamente tierra conocida. Uno de los pocos momentos que yo tengo de paz absoluta es cuando estoy arriba de un escenario. Es la tregua con la vida. Entonces si encima eso es junto a él, no puedo pedir más.

Jorge Suárez: -Con otro actor esta obra me costaría un poco más, pero con Gabriel, además de ser amigos de toda la vida, nos conocemos mucho arriba del escenario. Sabemos cuando el otro está cansado o inquieto por algún motivo. Yo me divierto mucho con él, porque es un cómico extraordinario. Y además nos acompaña un elenco de lujo.

-¿Hacer reír en tiempos de pandemia es más difícil o por el contrario el público necesita más que nunca divertirse?

G.G.: -A mí el humor me resulta muy difícil siempre. Justamente porque estás obligado a que la gente se ría. Ahí no hay tu tía. Por eso hacer reír es un desafío, y lo mismo pasa con la comedia musical. En cambio, con el drama puede pasar que alguien no lo entienda o no se enganche. Ahí hay más excusas. Los directores siempre me dicen: “Goity, que tu personaje sea querible”, y ese pedido no me resulta fácil porque tengo una tendencia a oscurecer los personajes. Además, hacer humor en la Argentina es más complicado todavía porque es como ser director técnico. Todos sabemos de fútbol, y también de humor. El argentino es humorista. Y a pesar de las circunstancias en las que vivimos, todos queremos ser graciosos. Luego, también está ahora el tema de los protocolos y no es lo mejor que la gente esté separada en la platea porque la risa se contagia y con esa distancia eso se dificulta, aunque te obliga como actor a estar mucho más concentrado.

-En algunas ocasiones, la comedia sigue siendo un género subestimado. ¿Por qué creen que ocurre eso?

G.G.: -La subestimación corre por cuenta de gente muy chiquitita. Quien entiende de teatro y de actuación jamás podría subestimar este género. En mi caso, las comedias que siempre hice son más costosas que los dramas, porque son difíciles de hacer. Pasa que en nuestra profesión hay mucho impostor, y cualquiera opina.

J.S.: -Yo trabajé en todos los géneros. Trabajé diez años sin parar en el Teatro San Martín, que también está en la calle Corrientes, y cuando los espectadores ven un drama salen de la función plenos y felices, y hablan y debaten sobre lo que vieron. Y hay gente que piensa que eso no pasa con la comedia, pero no es así. El público valora muchísimo la comedia porque hacer reír es algo sagrado.

-Se han hecho muchas obras que giran en torno a un contexto de terapia, al igual que Lo escucho. ¿Qué vuelve a ese mundo un terreno fértil para el teatro?

J.S.: -La Argentina es el segundo o tercer país con más psicoanalizados del mundo, y me parece justo en relación a nuestra realidad, porque tenemos una sociedad que merece terapia. Pero me parece que no estamos avanzando nada y que tenemos que extender el tratamiento a dos o tres veces por semana, porque si no no vamos a llegar a ningún lado. Yo siento que hay mucha gente que sufre. Y tenemos que empezar a hacer una autocrítica de muchas cosas que nos pasan.

G.G.: -Sí. La media burguesía, sobre todo porteña, va a terapia, y no estaríamos teniendo muy buenos resultados (risas). Así que ¿cómo no vamos a abrevar en este tipo de cuestiones en la literatura o el teatro? Así como las obras escritas hace quinientos años atrás transcurren en castillos, y las de la década del setenta se desarrollan en un bar, ahora el escenario es el consultorio del terapeuta. Porque el teatro se vincula a las circunstancias que el ser humano vive.

-Luego de tanta trayectoria sobre los escenarios, ¿cómo viven la experiencia de hacer teatro en este contexto tan particular?

G.G.: -La primera función me costó. Salir al escenario, y encontrarme con mi amigo frente a una platea de gente con barbijos que de manera muy valiente va al teatro para apoyarnos fue muy emotivo. Ahí pensás: “Qué bueno que es seguir eligiendo esta profesión”. Cuando en el año 81 entré al conservatorio, una tía me decía: “Mirá cuando llegues”, y yo le respondía: “Ya llegué. Hago lo que me gusta”.

J.S.: -Cuando estábamos haciendo Gorda, vivimos lo que fue la gripe A, y de la totalidad de 400 butacas había 10 o 12 personas con barbijo, así que la experiencia que estamos viviendo ahora es muy fuerte, muy rara y a la vez emocionante. Porque en este momento sabemos que estamos cumpliendo un rol que tiene que ver con algo más que ser actores, porque lo que hacemos además de actuar es levantar la bandera del teatro. Hoy muchos espacios, y sobre todo los de teatro independiente, sufren una crisis casi terminal. Y justamente en este contexto no tenemos que olvidar que los trabajadores de la cultura somos esenciales.

*Lo escucho se presenta en el Metropolitan Sura (Corrientes 1343), miércoles a viernes 20.30, sábados a las 20 y 22 y domingos a las 21. Funciones por streaming, los sábados a las 22.

El arte en pandemia

Lo escucho tenía prevista su fecha de estreno original para el 24 de marzo de 2020, pero pocos días antes se decretó el comienzo del aislamiento social, preventivo y obligatorio, y el proyecto, como tantos, quedó en el camino.

“Siempre tuve la sensación de que finalmente la íbamos a estrenar”, dice Jorge Suárez, quien en aquel momento fue de a poco olvidando el texto y transitando la incertidumbre de una profesión paralizada durante larguísimos meses. “Fue muy raro todo. Fue duro. Y me dio mucha tristeza ver a tantos compañeros y compañeras pasando un momento doloroso en lo económico, pero también en lo emocional, porque a los actores el oficio nos constituye y es parte de nuestra naturaleza”, sostiene.

“Yo ya soy un muchacho que se aísla sin necesidad de una pandemia. Bromeando con amigos, siempre les digo: `Si algún día pasa algo que me den domiciliaria´”, comenta riendo Gabriel Goity mientras aclara que él tuvo el “privilegio” de poder aislarse, a contramano de lo que ocurrió con muchos de sus colegas. “Desde lo individual no lo pasé mal, y traté de sacar lo mejor de esta situación terrible, pero obviamente no me gusta lo que estamos viviendo”.

No obstante, la cuarentena trajo algunos proyectos. “De a poco fuimos poniéndonos fuertes, sabiendo que teníamos que hacer una trinchera para defendernos”, señala al respecto Suárez. En su caso, apareció la posibilidad de sumarse a la selección de obras cortas que el Teatro Cervantes filmó en la sala María Guerrero, como producto del concurso Nuestro Teatro. Allí, participó de Puzzle, escrita por Sergio Omar Lopardo y dirigida por Santiago Doria, junto con Osmar Núñez. Y por su lado, Goity se incorporó a Vuelve, el ciclo de radioteatros que emite la AM 750, donde grabó Derecho de pernada, de Luis Ziembrowski (https://750.am/especiales/radioteatros-750/derecho-de-pernada.php), con Gabo Correa y Maia Francia.

 

Y ahora, que el teatro volvió parcialmente y con solo un 30 por ciento de aforo, apuestan una vez más al oficio que comenzaron a estudiar juntos. “Nos quedamos en casa durante mucho tiempo, porque las circunstancias lo ameritaban, y ahora hay que salir y aprender a convivir con esta situación pero con responsabilidad”, advierte Goity. “Tenemos que ser absolutamente cuidadanos”.