Se amplió la brecha entre ricos y pobres y entre el Norte y el Sur de Buenos Aires
Más desigualdad en territorio porteño
Las estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires dan cuenta de una caída del poder adquisitivo de 8,7 puntos en 2016. Pero para el 20 por ciento más pobre la baja fue del 10,2 por ciento y para el 20 más rico, de solo 1,8.
La inflación acumuló una escalada del 41 por ciento en 2016 en la Capital Federal.La inflación acumuló una escalada del 41 por ciento en 2016 en la Capital Federal.La inflación acumuló una escalada del 41 por ciento en 2016 en la Capital Federal.La inflación acumuló una escalada del 41 por ciento en 2016 en la Capital Federal.
La inflación acumuló una escalada del 41 por ciento en 2016 en la Capital Federal. 
(Imagen: Daniel Jayo)

Durante el primer año de gestión de Horacio Rodríguez Larreta como jefe de Gobierno porteño, las diferencias entre los ingresos reales de los hogares porteños más pobres y los más ricos, así como la brecha entre el norte y del sur del distrito, se amplificaron. La aritmética es sencilla y contundente: la combinación de aumentos de precios, caída en el poder adquisitivo del salario e incremento en el desempleo arroja como resultado un deterioro en la distribución del ingreso. La Ciudad de Buenos Aires ofrece la más reciente expresión de esa dinámica regresiva que también se observó a nivel nacional. Los últimos datos publicados por la Dirección de Estadísticas porteña muestran que el poder adquisitivo de los salarios cayó en promedio 8,7 por ciento. Pero el golpe fue más fuerte entre los hogares más vulnerables. El 20 por ciento más pobre de la ciudad experimentó una caída del 10,2 por ciento en sus ingresos mientras que la baja para el 20 por ciento más rico fue de 1,8 por ciento. Asimismo, si en 2015 el ingreso per cápita familiar de un hogar del sur de la ciudad representaba un 53 por ciento del de un hogar del norte, en 2016 esa relación pasó al 49 por ciento. 

“Los porteños no sufrieron el impacto del ajuste de forma homogénea. Los hogares más ricos pudieron hacer frente a la inflación mientras que los más pobres sufrieron una fuerte caída de su poder adquisitivo, que llevó a un aumento de la pobreza e indigencia”, explicaron a PáginaI12 los economistas Federico Pastrana y Juan Goldman. Si se consideran los deciles de ingreso (tramos de 10 por ciento) las diferencias son más fuertes aún: el 10 por ciento más pobre vio caer sus ingresos reales 11,5 por ciento mientras que el 10 por ciento más rico tan solo un 1,2 por ciento.

“Bajo el escenario de ajuste, hubo una falta de políticas compensatorias tanto a nivel distrital como nacional, lo que colaboró a la profundización de las brechas sociales históricamente existentes en la Ciudad”, advirtieron los investigadores que asesoran en la legislatura al bloque del Frente para la Victoria. Los últimos datos disponibles del Indec evidencian que el alcance del deterioro distributivo excede a la Ciudad de Buenos Aires. Mientras que en el segundo trimestre de 2015 la relación entre el ingreso familiar promedio de los hogares del primer decil (el de más bajos ingresos) y el décimo decil era de 16 veces, el guarismo llegó a ser de casi 20 veces en el tercer trimestre de 2016. Como explica la investigadora del Cifra-CTA, Mariana González, una de las principales razones que explican la mayor desigualdad fue el ensanchamiento de la brecha entre los que más y menos ganan. Los datos de la Ciudad muestran un deterioro más limitado: la distancia entre esos dos extremos pasó de 15 a 16 veces. 

El nivel de ingreso per cápita promedio de la Ciudad de Buenos Aires es superior al del resto del país. Como los porteños están en mejores condiciones se suele asumir que el impacto de un ajuste es más tolerable. Sin embargo, sostienen Pastrana y Goldman, esa comparación no da cuenta del nivel de desigualdad al interior de la CABA. “El comportamiento desigual tuvo un correlato territorial: las desigualdades entre el sur y el norte de la ciudad aumentaron, tanto en términos de desempleo como en distribución del ingreso”, sostienen los economistas. Los datos de las autoridades estadísticas distritales y el análisis realizado por los economistas son reveladores. La inflación acumuló una escalada del 41 por ciento en 2016 impulsada por los aumentos en las tarifas, servicios, transporte, educación, prepagas y alimentos. 

Por su parte, la desocupación ascendió hasta 8,0 por ciento en el último trimestre de 2016, un incremento de 1,2 puntos porcentuales frente al mismo período del año anterior. De esa forma, la cantidad de “vecinos” que no consiguen trabajo subió de 115.667 a 136.562, lo que significa un total de 20.895 individuos más sin trabajo a lo largo del año. Como sucedió a nivel nacional, el aumento se explica porque más gente salió a buscar trabajo sin éxito: la caída en los ingresos de los hogares asociado a la aceleración de la inflación forzaría a que más individuos salgan a buscar empleo pero no lo consiguen. Un dato adicional que revelan las estadísticas laborales porteñas es que el deterioro de la escena laboral estuvo concentrado entre los individuos que viven en el sur. En esa zona, el desempleo registró un salto interanual de 10,1 a 12,9 por ciento entre octubre y diciembre.

“Los trabajadores y los hogares de la Ciudad de Buenos Aires sufrieron en su bolsillo las consecuencias del ajuste impulsado por el Gobierno Nacional. Los ingresos de los trabajadores cayeron como consecuencia del aumento generalizado de los precios, tanto por la devaluación y los acotados aumentos salariales como por el incremento en las tarifas de servicios públicos, no sólo de los servicios básicos sino también de la educación y la salud privada. Al mismo tiempo, la contracción de la economía llevó a un aumento de la tasa de desempleo, disminuyendo los ingresos de los hogares”, concluyen Pastrana y Goldman.