Hacia una universidad feminista: experiencias en (de) construcción

Verónica Cruz: Prosecretaria de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) e integrante de la Red Universitaria de Género (RUGE).Verónica Cruz: Prosecretaria de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) e integrante de la Red Universitaria de Género (RUGE).Verónica Cruz: Prosecretaria de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) e integrante de la Red Universitaria de Género (RUGE).Verónica Cruz: Prosecretaria de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) e integrante de la Red Universitaria de Género (RUGE).Verónica Cruz: Prosecretaria de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) e integrante de la Red Universitaria de Género (RUGE).
Verónica Cruz: Prosecretaria de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) e integrante de la Red Universitaria de Género (RUGE). 

La discriminación y la desigualdad persisten de manera soterrada y naturalizada en nuestra sociedad; y en ellas se inscribe la violencia sexista perpetrada contra mujeres y niñas, y contra identidades sexuales disidentes.

Frente a esta realidad, quienes trabajamos y estudiamos en las universidades públicas no permanecemos indiferentes. No obstante, transformar tal estado de cosas exige reconocer que los patrones socioculturales propios del modo de producción capitalista y patriarcal se reproducen en nuestras tramas relacionales permeando trayectorias socio-educativas y laborales; y por tanto requieren ser problematizados desde los aportes de los feminismos y la perspectiva de género interseccional.

Este camino de (de) construcción colectiva está siendo recorrido por las universidades que conformamos la Red Universitaria de Género del Consejo Interuniversitario Nacional, y que venimos desarrollando un conjunto de estrategias dirigidas a visibilizar y erradicar las violencias por razones de género, y a construir escenarios más igualitarios.

En la Universidad Nacional de La Plata, institución centenaria cuya identidad se encuentra imbricada con las múltiples demandas que el escenario contemporáneo le exige, desplegamos un conjunto de políticas que afianzan su configuración pública, democrática, autónoma e inclusiva. Y en ese devenir vamos instituyéndola como feminista.

Realizamos un trabajo pedagógico e institucional desde un pensamiento situado, que tiende a desnaturalizar la dominación patriarcal y el carácter androcéntrico de la ciencia para generar desplazamientos que transversalicen lo histórico-cultural, las subjetividades, la construcción social del cuerpo sexual, entre otras dimensiones implicadas en la vida universitaria. Recuperamos desarrollos que, desde hace dos décadas, vienen sosteniendo investigadoras de reconocida trayectoria, cuyos estudios en género han impulsado carreras de pos grado específicas, así como propuestas de formación en grado y de extensión, mostrando ausencias y problemáticas urgentes a incorporar en la agenda gubernamental y educativa.

En ese marco, esta Universidad aprobó en 2015 el Programa Institucional y el Protocolo Contra la Discriminación y la Violencia de Género. Un año más tarde, creó la Dirección de Género, Diversidad y Derechos Humanos, con competencia específica en el desarrollo del mencionado Programa; y en 2018, creó la Dirección de Políticas Feministas, ambas dependientes de la Prosecretaría de Derechos Humanos. Estas políticas surgen en un escenario de profunda conmoción e interpelación, producto de la pérdida de dos estudiantes en 2016 y 2017, a causa de femicidios que potenciaron el trabajo institucional en esta temática.

Como equipo interdisciplinario trabajamos en el ámbito universitario y en el socio-comunitario en distintas áreas, buscando a) interpelar discursos y prácticas que producen y reproducen la normatividad social, desde experiencias relacionales fragilizadas por itinerarios de desigualación, que deben ser revertidas; b) remover instituidos, para alcanzar la equidad de género en el trabajo y en la formación universitaria, reconociendo cómo opera la segregación; c) instituir núcleos de sentido que desnaturalicen y deconstruyan la significación hegemónica en torno de las masculinidades, como condición para avanzar en la prevención y erradicación de las violencias; y d) crear marcos éticos y políticos de reconocimiento, protección y cuidado, desmontando los mecanismos de dominación propios del orden heteronormativo sexista.

Entendemos que estas acciones –entre otras– inauguran un campo de posibilidades que resignifica el lugar y la responsabilidad que nuestra Universidad tiene respecto de contribuir a forjar sociedades más justas e igualitarias, reconociendo que la condición racial, genérica y sexuada opera como dimensión constitutiva y demarcatoria en estos procesos.

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