Cine latinoamericano en la Competencia Internacional del festival porteño
Fútbol, sexo y relámpagos en concurso
Si en la costarricense Atrás hay relámpagos se impone la descripción de una deriva urbana a partir del hallazgo más inesperado, en la chilena Reinos y en la argentina Hoy partido a las 3 la aparición del deseo se pone de relieve en los espacios más impensados.
Atrás hay relámpagos, de Julio Hernández Cordón, un retrato social y generacional.Atrás hay relámpagos, de Julio Hernández Cordón, un retrato social y generacional.Atrás hay relámpagos, de Julio Hernández Cordón, un retrato social y generacional.Atrás hay relámpagos, de Julio Hernández Cordón, un retrato social y generacional.Atrás hay relámpagos, de Julio Hernández Cordón, un retrato social y generacional.
Atrás hay relámpagos, de Julio Hernández Cordón, un retrato social y generacional. 

Por Diego Brodersen

La juventud de sus protagonistas se transformó en uno de los ejes rectores de los tres largometrajes presentados ayer en la Competencia Internacional de este 19° Bafici, uno de ellos dirigido por Julio Hernández Cordón, miembro del jurado oficial y –por esa, entre otras razones– exhibido fuera de la competición. Que las historias, a su vez, recorran una parte del territorio latinoamericano –desde el centro hacia el sur o viceversa– parece no tanto una casualidad como una estructura lógica de programación para la segunda jornada festivalera. Si en la costarricense con aportes mexicanos Atrás hay relámpagos triunfa la descripción de una deriva urbana a partir del hallazgo más inesperado, en la chilena Reinos y la argentina Hoy partido a las 3 la aparición del deseo se pone de relieve en la espera de una práctica deportiva o entre los pasillos y espacios verdes de una institución universitaria. Un día en castellano en la Competencia, más allá de los diferentes acentos y jergas que pueden escucharse en sus respectivas pistas sonoras.

La correntina Clarisa Navas debuta en el largometraje de ficción con Hoy partido a las 3, una película futbolera en la cual el fútbol es centro, pero también margen. El equipo Las Indomables está conformado –como su nombre lo indica– por chicas (todas ellas veinteañeras, aunque alguna esté un poco más cerca de las tres décadas) y un entrenador que parece dedicar una porción importante de su tiempo a la difícil tarea de evitar roces y peleas. El último entrenamiento justo antes de un torneo regional presenta a la mayoría de las jugadoras, a quienes se les sumarán el día siguiente muchas más, de equipos contrincantes y no tanto. Más cerca del barro que de la gloria (literalmente, como se ve luego de un breve chaparrón), el punto de partida es más una excusa que un núcleo narrativo deportivo: a Navas le interesan más las esperas entre competiciones que los pases y tiros al arco, y los diálogos en el vestuario o al costado de la cancha conforman la parte más jugosa del relato, aunque la película también se mete entre el desfile de piernas y pies en movimiento para detallar alguna que otra jugada.

Coqueteando con un registro seudo documental y apoyada en un reparto conformado por futbolistas litoraleñas sin experiencia actoral previa, la realizadora enfoca su atención en las relaciones ya establecidas entre algunas de las chicas y también en aquellas incipientes o abiertas a la posibilidad de un desarrollo. En ese sentido, el compañerismo se solapa con la amistad y también con el deseo: en ese universo femenino, el rol de los hombres (incluso el de algún que otro novio presente como espectador) pasa inmediatamente a un segundo plano. La mirada puede ser por momentos descriptiva, pero resulta claro que la intención del film es construir un microcosmos ficcional a imagen y semejante de otro real. Que el contexto sea un torneo de barrio atado con alambre, con una organización cercana al desastre, no hace más que reforzar el amor de las protagonistas por ese deporte dominado por la testosterona y los negocios millonarios. Y que el evento forme parte de una campaña para la elección del intendente del lugar aporta una pizca de comentario social y político, aunque la insistencia del conductor frente al micrófono hace caer al film, en varios momentos, en el sarcasmo de trazo grueso.

En calidad de estreno mundial, también pudo verse ayer Reinos, ópera prima del joven realizador (nació en 1988, en Santiago de Chile) Pelayo Lira, retrato de un vínculo amoroso tan intenso como asimétrico. Alejandro cursa el primer año de sus estudios universitarios, lejos de la familia y con esa cualidad de la post adolescencia tan errática como inolvidable en el futuro; Sofía, en tanto, está terminando su carrera, indecisa ante una tesis que continúa aplazando y la necesidad de sostenerse económicamente con un trabajo como mesera en un bar. El encuentro entre ambos desata inevitablemente la atracción mutua y la película concentra una parte importante de sus armas en el registro del acercamiento entre sus cuerpos: las miradas, primero, un primer beso después, el sexo finalmente, que Lira pone en pantalla de manera franca y creíble, consciente de que en un relato donde el deseo es dominante no es posible un abordaje de talante apocado o estilizado al uso convencional.

Si el encandilamiento del muchacho es absoluto, como un eclipse total que oscurece otras zonas de la vida, lo de Sofía –algo mayor que él y más experimentada– resulta un poco más ambiguo, y será esa falta de entrega a los ojos de Alejandro lo que dará inicio a los primeros tambaleos de la relación. Reinos es un film breve e intenso, cuya mayor virtud quizás sea representar esa edad fronteriza y sus tribulaciones con una empatía que evita que la mirada se refugie en determinada altura o desde alguna orilla condescendiente. De radical importancia resultan las actuaciones centrales de Daniela Castillo y Diego Boggioni: sin una precisa construcción realista de los personajes, la película podría haberse transformado en un derivado del melodrama juvenil televisivo.

Atrás hay relámpagos, que se exhibe fuera de competencia, comienza con un par de amigas, Ana y Sole, gastando una broma bastante pesada en un supermercado de San José: mientras una de ellas grita pidiendo ayuda, la otra simula un ataque de epilepsia bastante creíble, en particular para los clientes allí presentes. Minutos más tarde, un juego en la casa de los abuelos de la segunda terminará poniéndolas en un aprieto bastante particular, cuando el cadáver de un hombre, inmigrante nicaragüense, aparece sin explicación en el baúl de un auto abandonado en el jardín. El director , cuya filmografía incluye títulos que circularon ampliamente por festivales (Gasolina, Las marimbas del infierno) filma por primera vez en Costa Rica luego de dedicar gran parte de sus esfuerzos creativos en México y Guatemala, y aborda este retrato social y generacional con energía y un gran énfasis en la interacción entre las dos protagonistas y su grupo de amigos bikers.

De hecho, esa trama alrededor del misterioso cuerpo –que expone indirectamente la diferencia de clases sociales entre las chicas– es abandonada casi por completo luego de la primera media hora de metraje. A partir de ese momento, Atrás hay relámpagos se detiene en diálogos y actividades en apariencia triviales, encabezada por una escena de enorme belleza durante un pedaleo nocturno con luces robadas de un jardín vecino. La amistad siempre al borde del abismo, el sexo y una germinal consciencia social que nunca termina de florecer marcan el derrotero de algunos pocos días, hasta que, sobre el final, el regreso a la imagen del baúl –aunque de otro auto– hace deslizar al film hacia el terreno de la alegoría, en un cierre un tanto forzado que contrasta con la libertad narrativa que había sabido conseguir. Destaca en la banda de sonido la aparición de un tema de El mató a un policía motorizado, confirmando la llegada a las más diversas latitudes de la banda platense.

* Hoy partido a las 3 se exhibe hoy a las 18.20 en Village Recoleta 7, el lunes 24 a las 13.30 en Artemultiplex Belgrano 3 y el sábado 29 a las 16.30 en el Barrio Saldías.
Reinos se exhibe hoy a las 16 hs. en Village Recoleta 7 y el lunes 24 a las 17.10 en Cine Gaumont.
Atrás hay relámpagos se exhibe mañana a las 20 en Plaza Francia y el viernes 28 a las 0 horas en Village Recoleta 3.

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