Si alguien hubiese tenido esta idea hace poco más de un año, el fracaso hubiese sido cantado. Pero hoy día, por cómo viene la mano, no es tan descabellado imaginar a Eau D’Office siendo un fenómeno de ventas. Se trata de una serie de velas aromatizadas, pero no precisamente de las variedades habituales, encantadoras fragancias que –cerilla mediante- dan la nota con sus mixturas de manzana roja con jazmín y clavo; de higos maduros con ciruela y cedro; de cítricos con canela y clavo; de cuero, tabaco y madera de cedro. Oh, no, la especialidad de Eau D’Office, como su nombre indica, es otra: lo suyo es “recrear olores de oficina, esos que jamás imaginaste que podías extrañar”. Tal es la precisa descripción de este flamante producto, creado por la agencia de publicidad estadounidense R/GA; puntualmente por dos de sus directores creativos: Katie Facade y Thibault Gerard. Dupla que trabajó nariz a nariz con expertos perfumistas para desarrollar una línea completísima, tratando de clavar aromas que -lejos de pretenderse inducidores de relax- buscan ser lo más realistas posibles, y fueron inspirados por sus propios cuarteles neoyorkinos.

De momento, han puesto a disposición seis velas distintas, que se van reabasteciendo según la demanda popular y solo se distribuyen (al menos, por ahora) en su país de origen, los Estados Unidos. Entre ellas, está Warm 96 Page Deck Left on the Printer, “con el aroma de la tinta fresca de una hoja recién impresa que quedó olvidada en la impresora”; Afternoon Rush at the Coffee Bar, “blend energizante del latte de las 3.30 pm, con un toque de azúcar morena de la caja vacía de muffins”; Room After a 6-Hour Workshop, “mezcla superelaborada que amontona varias fragancias antitranspirantes y colonias almizcladas en una sala de conferencias demasiado pequeña”.


“Para nosotros, todo gira en torno a evocar recuerdos específicos”, ofrecen los ocurrentes Facade y Gerard, conscientes del poder de una velita, capaz de transportar a otro tiempo, otro lugar: “Por lo general, la gente quiere trasladarse mentalmente a una isla tropical o una cálida noche de verano. Nos pareció gracioso proponerles volver a la oficina, un lugar del que antes quería salir disparada después de otra agotadora jornada laboral, pero que hoy extraña como parte de un anhelo general por volver a la vieja normalidad”. Vale decir que las primeras velas fueron un obsequio de despedida para un par de compañeros que dejaban el laburo, pero tuvieron tan buena acogida que las han puesto a disposición de cualquier almita ¿masoquista?, ¿melancólica…?

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