El 24 de julio de 1936 murió en Buenos Aires Exequiel Soria. La revista Caras y Caretas informó sobre la desaparición del reconocido catamarqueño. Se leía en esa nota que “era un provinciano que desmentía toda una leyenda de incuria y dejadez. Activo, iniciador, generoso, aquel muchacho de talento convirtióse en el portaestandarte de un grupo de élite en el que actuaban hombres como Florencio Sánchez, Payró, García Velloso, Giménez Pastor, Laferrére… Hízose tan indispensable que le fue dada la dirección artística de la compañía Podestá, en el Apolo… Los escritores y artistas de la escena nacional le deben mucha parte de las conquistas realizadas”.

Ese provinciano que, según Caras y Caretas, había triunfado en Buenos Aires, nació en 1870 en el seno de una familia cuyo apellido paterno se remontaba a la fundación misma de la ciudad de San Fernando de Catamarca, ya que Juan de Soria Medrano integró el primer cabildo de la ciudad en 1683. Por siglos la descendencia de aquel permaneció en Catamarca y a ella perteneció Moisés Soria, quien en 1862 se casó con Adelaida Sánchez. De ese matrimonio nació nuestro Exequiel, quien el día de su bautismo en la Iglesia Matriz de Catamarca, cuyo edificio se levantaba donde hoy se encuentra la Catedral, recibió los nombres de Pedro Exequiel.

En su juventud, Soria publicó en “El estudiante”, hoja que editaban sus condiscípulos del Colegio Nacional de Catamarca, dirigidos por Ramón S. Castillo, el futuro presidente; también en la revista “Fra Diávolo”, donde escribían, también, su hermano Manuel, Adán Quiroga, Guillermo Correa, jóvenes intelectuales que luego descollarían en la literatura, la investigación histórica, la arqueología, la política. Se conoce que en el patio familiar de los Soria se había alzado un tinglado donde el joven Exequiel representaba con parientes y amigos las comedias compuestas por Manuel, su hermano mayor, “para solaz de la familia y acaso también del vecindario”. “¿Dónde estarán ahora esas comedias?, piensa Exequiel de pronto. Manuel ya está a punto de ser profesor del Colegio Nacional y se ha hecho historiador y periodista. Sus intentos teatrales no han pasado de ser equivocadas formas de una diversa vocación literaria”.

Pero los “intentos teatrales” de Exequiel toman curso distinto. Pronto adquiere cierta fama debido a sus publicaciones y en el Club Social los amigos de su padre le dicen que tiene un hijo muy inteligente y que debe mandarlo a Buenos Aires para que se haga un poeta nacional. Y Moisés aconsejó a su hijo: “Mirá, muchacho: andate a Buenos Aires y estudiá, recibite. Una vez con el título te vienes para aquí y ya verás que te hacen diputado, gobernador o senador nacional. Pero no pierdas tiempo en esas aficiones" (aludía a los versos). Solamente como dato de color digamos que Moisés Soria, el padre de Exequiel, era sobrino carnal del doctor Ángel Mariano Aurelio Navarro, Bibliotecario del Emperador del Brasil Pedro II.

Siguiendo los mandatos familiares, a los 17 años Exequiel se radica en Buenos Aires. Allí, con su antiguo compañero Ramón S. Castillo, compartió estudios de Derecho y una pieza en la pensión de la calle Santiago del Estero 180. Ponferrada dice que a poco de iniciar Exequiel la carrera de estudiar Derecho “se torció”. Cuando ambos se sentaban en la soleada plaza Lorea a estudiar, Castillo se zambullía en sus lecturas mientras que Exequiel, mirando al teatro Goldoni (hoy Liceo), “se preocupaba más por las glorias que da el teatro que por la fama que bridan las leyes”. Y las glorias llegaron. Reconocido dramaturgo, crítico y director de teatro, fue autor de piezas breves para elencos españoles. Es considerado por Juan Oscar Ponferrada como "un gran propulsor del teatro argentino", empeño en el que contó con la ductilidad y la capacidad de trabajo de la familia Podestá. Algunas de sus obras más importantes son “Justicia criolla”, “Política casera”, “El deber”, “Diógenes”, “El sargento Martín”, “Cristian”.

Una de las salas del Cine Teatro Catamarca lleva el nombre de Exequiel Soria, en reconocimiento a su talento y destacado aporte a la cultura provincial y nacional. En ese sentido, son significativos los testimonios de Edmundo Guibourg, que considera a Soria como “organizador de lo que conocemos por teatro argentino presente y estabilizado” y el de Enrique García Velloso, que lo llama “precursor de la civilización del actual teatro argentino”.

En un viaje realizado por Europa, Exequiel contrajo matrimonio en 1912, en Londres, Inglaterra, con su prima segunda Mary Perkins, santafecina, hija del canadiense William Perkins y de la catamarqueña Parmenia Navarro Ocampo. Ella fue una de las informantes más valiosas para Juan Oscar Ponferrada cuando escribió sobre la vida y obra de Exequiel.

No deja de ser importante, al momento de pensar en Exequiel Soria, ampliar la mirada sobre su familia para entender el contexto en el que creció. Aparte de aquel tío abuelo Bibliotecario del Emperador, otros nombres prestigiosos resuenan entre los miembros de su familia en el mundo cultural catamarqueño y nacional. El de su hermano Manuel, destacado historiador. Entre sus primos hermanos podemos mencionar a Cornelio Sánchez Oviedo, uno de los fundadores de la Junta de Estudios Históricos de Catamarca, y a Julio Sánchez Gardel, cuyo nombre lleva hoy la Sala Mayor del Cine Teatro Catamarca. Es el autor de “Los Mirasoles” y refiere Ponferrada que en la segunda década del pasado siglo XX “el éxito y la fama de Julio Sánchez Gardel iban rumbo al pináculo, mientras los de su primo Exequiel Soria parecían entrados en la declinación”. Y trae a colación una cuarteta que el escritor Pedro Pico compuso en un banquete que se ofreció en honor a Julio Sánchez Gardel. Esa cuarteta es la siguiente:

AQUESTA ES LA EJECUTORIA

DE JULIO SÁNCHEZ GARDEL:

ANTES FUE PRIMO DE SORIA

Y AHORA SORIA ES PRIMO DE ÉL. 

*Historiador