Cuando en 2019, la pionera del rock Wanda Jackson, anunció su retiro de los escenarios de manera definitiva, le comunicó a su público que ya era hora de que la dejaran descansar un poco: se había convertido en una estrella de rock cuando tenía apenas 15 años en su Oklahoma natal, se había pasado más de 65 en la ruta, sin dejar jamás de tocar y de girar –fuese con Elvis Presley, con Jack White o con el coro de su iglesia–, y además de todo eso, acababa de enviudar después de 56 años de matrimonio y de sufrir un infarto del que se salvó por pura suerte o gracia divina.

En ese momento, a sus fans les pareció una decisión comprensible. El problema es que ahora, a los 83, apenas dos después de aquel anuncio, parece que Wanda Jackson se arrepintió del descanso. Acaba de comunicar el retiro del retiro, sin gira, claro, pero con un novísimo disco (es su disco número 32). Se trata del más que apropiadamente titulado Encore, o sea un “bis”: un álbum que grabó codo a codo con Joan Jett –la líder de las mítica banda punk The Runaways y, por supuesto, heredera y mega fan de Jackson– que la produjo, la editó con su sello propio y además le prestó a su banda completa para la grabación.

Cantante country y de gospel, antes de ser bautizada como la reina del rockabilly, Wanda Jackson ha sobrevivido a la mayoría de los ídolos del rock de su generación sin nunca perder la jovialidad. Se ha pasado buena parte de su carrera curioseando y trabajando con artistas a quienes les dobla en edad, desde The Cramps a Elvis Costello, todos enamorados de su rock & roll estridente y enérgico, y de esa voz cruda y brutal que la hizo famosa a fines de los años ’50. Bueno, casi famosa, porque, dice Wanda, que la buena opinión que se tiene actualmente sobre ella no era tan así en ese momento. “Parece que al fin encontraron la buena música. ¡Revolvieron en la basura y encontraron un sándwich!”, se ríe. El sándwich, claro, sería ella: una octogenaria que parece haber sido redescubierta por las nuevas generaciones quienes finalmente le reconocen su papel en la artesanía del sonido y la actitud del primer rock & roll. “No puedo creer que estos jóvenes sepan tanto de mi carrera, siempre me desconcierta”, dice Jackson.

Ahora, el poderoso Encore es un trabajo conjunto con Joan Jett, una de sus tantas herederas, que la emociona porque dice “es un disco muy personal y está sacado directamente de las páginas del libro de mi vida”, pero además porque explota su faceta como compositora, mucho menos conocida que la de cantante, con esa voz suya tan peculiar que grabó a fuego en algunas canciones fundacionales del género. Por ejemplo, el hit “Let 's Have a Party” que, dijeron algunos críticos, hacía parecer a la versión del Elvis Presley demasiado educadita y hasta un poco desabrida. “Mi principal objetivo al producir a Wanda era crear música que fuera una continuación lineal del rock original y puro que ella ayudó a inventar”, declaró Joan Jett. “Al mismo tiempo, quería que la música fuera lo suficientemente moderna como para reflejar las décadas de crecimiento de esa música. El rock‘n’roll puro está en tu alma. Es intangible. Wanda tiene eso en ella. Es algo que no podés fingir. En eso, Wanda y yo estamos de acuerdo. Creo humildemente que hemos cumplido esa misión”, dijo la productora sobre el flamante disco en el que cantan juntas varias canciones, pero en el que además participan nombres de la música country como Angaleena Presley y Will Hoge.

CHICA LINDA DE VOZ SUCIA

Wanda Jackson dice que la onda entre ella y Joan Jett fue instantánea, y que ya en su primera reunión ella misma le dijo a Jett que quería grabar su propia versión de “You Drive Me Wild”, un tema editado originalmente en el debut homónimo de las Runaways en 1976. “¡Esa es la primera canción que escribí!”, le respondió Jett, entusiasmada, sobre la versión que efectivamente está incluida en este nuevo disco. Al principio, la dupla había pensado crear un álbum a la manera de un “Wanda Jackson y amigos”, pero cuando encontraron la inspiración para crear algo totalmente nuevo, con canciones originales, tenía sentido dejar que la octogenaria brillase sola. Después de todo, colaborando con Jack White y Justin Townes Earle, Jackson ya había reunido pandillas y grabado decenas de covers hacía solo un par de años. “Creo que si vamos a hacer esto como un álbum totalmente original, hagámoslo para vos. ¿Sabes? Sólo para vos”, opinó Jett. Y así fue.

Antes de ser conocida como “la chica linda de voz sucia”, Wanda Jackson había entrado en el Top Ten del ranking norteamericano con apenas quince años y una dulcísima canción country. De hecho, ahí empezó todo para ella: en las baladas y las canciones de amor, después de que Hank Thompson, estrella de entonces, que se había maravillado con su voz al escucharla en un show transmitido por una radio local de Oklahoma, la invitó a su banda y se la presentó a su sello, el todopoderoso Capitol Records, segurísimo de que le iban a ofrecer un contrato. “Es bastante buena, pero las chicas no venden discos, así que pasamos”, les respondieron ellos (aunque, claro, apenas un poco más tarde decidieran retractarse y contratarla).

Más allá de sus éxitos tempranos, Wanda Jackson se hizo un lugarcito pionero y único en la primera ola del rock & roll. Dejó el country, experimentó y giró con Jerry Lee Lewis, Buddy Holly y Elvis Presley, con el que fueron colaboradores, compusieron juntos y hasta salieron un tiempo. Wanda cuenta que fue Elvis quien le dijo, cuando la escuchó cantando baladas: “¡Deberías probar el rock and roll! ¡Es fácil!”. Pero Jackson se distinguió de sus pares de la época con letras e historias divertidas y agresivas, que hacían juego con su poderosa voz rasgada. Acaso demasiado disruptivas para el momento, en las que cantaba sobre salir con chicos en motocicleta y dejar tirados “los platos en el fregadero”, e incluso sobre esperar con una sartén de hierro en la mano a un hombre que la maltrataba. Todo eso enfundada en vestidos con volados por los que muchas veces la obligaban a bajarse del escenario, como también lo hacían en varias ciudades por su banda formada por algunos integrantes afroamericanos, algo totalmente inaceptable en aquella época. “Wanda es una pionera única y original”, dijo Jett. “Sé lo difícil que fue para mí negociar las aguas como mujer en el mundo del rock, así que siempre me sentí asombrada, imaginando los obstáculos que Wanda debió haber encontrado al hacer su música al comienzo de todo. Su sonido era crudo e increíblemente conmovedor. Incluso los chicos, en ese momento, encontraban muchas resistencias a esa corriente musical. Y, sin embargo, Wanda aguantó y tuvo una carrera que duró décadas e influenció a muchos que vinieron después de ella”. Jackson aclara, sin embargo, que el sello Capitol no sabía qué hacer con ella. “Porque un poco a regañadientes me habían fichado como una artista country, pero yo empecé a hacer cosas distintas al country. Así que intentaban encasillarme, pero no podían atarme. Los discjockeys apenas ponían mis canciones de rockabilly porque no era country, claro, estaba saliendo del cascarón, no me iban a ayudar. Pero aguanté y seguí haciéndolo de todos modos”.

Wanda Jackson con Joan Jett, productora de Encore

DIOS Y EL ROCKABILLY

Aunque parezca desconcertante por su actitud, su ropa vanguardista, sus peinados elevados, su nervio y su desgarbo, Wanda Jackson es una persona muy religiosa. A pesar de sus numerosos hits en los sesentas, en el rockabilly y también en el country, al que regresó con gran éxito –e incluso después de convertirse en una improbable mega estrella alabada en Japón– en los años 70, se desvaneció totalmente de la vida pública y se dedicó a cantar gospel en iglesias con su marido y manager, recientemente fallecido, Wendell Goodman. Así estuvo por más de 25 años, pero en las últimas décadas, sin embargo, Wanda Jackson ha disfrutado de un entusiasta resurgimiento tardío que la ha convertido en una de las personas octogenarias más ocupadas del rock. A principio de siglo hubo una gran campaña impuslada por algunos músicos para incluirla en el Salón de la Fama del Rock, donde entró en 2009 (también al del Rockabilly y al del Gospel) pero más allá de homenajes y halagos, los 2000 para Jackson fueron tiempo para componer, cantar y girar. “La gente pensó que había muerto. Pero después de hablar con nuestro ministro de la Iglesia, decidimos que el rockabilly era la forma en que Dios quería utilizarme”, dice Wanda. “También pensé que me iba a sentir tonta después de los sesenta años cantando temas sobre una adolescente. Pero la audiencia estaba tan entusiasmada por escuchar esas canciones que no tuve ningún problema con eso durante mucho tiempo”.

En 2011, la chica linda de voz rasgada lanzó The Party Ain't Over, un disco producido por Jack White, otro de sus fans más jovenes, donde la dupla eligió con pinzas algunas canciones populares y grabó extravagantes covers de Amy Winehouse y Bob Dylan, que convirtiern a Jackson en la mujer más longeva en entrar en el ranking de Billboard, y la devolvieron en gloria y majestad a la vida pública donde se la vio girando por los escenarios de famosos lates como el de Conan O’Brian o el de David Letterman, acompañada de Jack White y la pandilla. “¡Me encanta ese tipo! Me encanta Jack White, podría ser mi hijo, pero bueno, yo no sabía qué iba a pasar trabajando con él”, dijo Jackson. “Aprendí a lanzarme y probar cosas diferentes, esa fue la parte más divertida de todas, creo. La parte más emocionante y más desafiante es no saber qué van a sacar estos jovenes de mí. A veces tengo miedo de no poder estar a la altura de lo que ellos quieren, pero aparentemente lo he hecho, y algo más ”.

Para ser una pionera del rock’n’roll, la vida de Wanda Jackson es bastante discreta. Sigue viviendo en la misma casa en Oklahoma donde ella y su familia llevan décadas. Hasta ahora, viene invicta de los coletazos del Covid-19 y todas las mañanas, dice, escucha discos de Ray Charles o The Chicks. Wanda Jackson cree, ahora sí, que Encore podría ser su último disco, pero tampoco está segura: ya se ha retirado sin éxito un par de veces. “Como tantas cosas en mi carrera, nunca se sabe. Si soy capaz de hacer algo, todavía quiero hacerlo. Voy a conciertos de otras personas de nuestra zona y siempre me presentan y me saludan. Tal vez pueda hacer un dúo con alguien, o hacer una aparición en algún lucar, no lo se”, dice Jackson. “Las personas mayores tienden a quedarse atascadas, como en una mecedora. Necesitás gente más joven como Jack y Joan para sacarte de tu cómodo lugar. Y me encanta. Me encanta rodearme de jóvenes por eso: por sus ideas, y porque me levantan de la silla. ¡Es como pegarse un rebencazo en tu propia espalda!”.